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Guatemala


Guatemala es un país con un alto porcentaje de personas cristianas. Casi la mitad de la población declara creer en Jesucristo. Esta es una muy buena noticia, pues demuestra que las iglesias están haciendo un buen trabajo.

Para que la vida de una persona se transforme se requieren algunos pasos. Leamos Hechos 3:19: “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio”. Las acciones de arrepentimiento y conversión son personales: le toca a cada persona nacida de nuevo llevarlas a cabo en su vida.

¡Qué terrible es la realidad de tantos niños en mi país! Sin meterme a estadísticas, puedo asegurar que hay muchos, pero demasiados niños sobreviviendo con uñas y dientes en las calles; indefensos, pasando hambre, frío, vulnerables a todo. La verdad es que esta realidad sería digna de la desesperanza más profunda si no la viéramos como una urgente oportunidad para demostrar que somos hijos de Dios, dispuestos a dar nuestra vida por cambiarla.

Amaneció el 3 de junio y las horas fueron avanzando como siempre. Parecía un domingo como muchos; en mi caso, consagrado a Dios, al ministerio y mi familia, pero todo cambió durante esa tarde y noche devastadoras para Guatemala.