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Misericordia


Por lo general un partido de futbol se desarrolla en un periodo de 90 minutos, tiempo en que el fanático vive todas las emociones que un ser humano puede experimentar: alegría, enojo, frustración, euforia, etc. Y cuando el equipo gana o pierde esas expresiones se llevan fuera de la cancha y la televisión. He visto amigos que no se quitan la camisola de la “buena suerte”.

También he visto cómo se aborda un error que la máxima estrella cometa, por ejemplo, fallar un penal o equivocarse en un pase crucial. Los 87 minutos que jugó bien se echan a perder por esa “falla”. Ese mismo jugador ovacionado unos días antes termina recibiendo la crítica no solo de los grandes especialistas y comentaristas de la materia, sino de todo aquel que tenga una cuenta social. Cuando la estrella no hace lo que se “espera” de él, nadie se pregunta si está bien, simplemente se le lapida con una fuerza desmesurada. ¿Te suena familiar?

, , , , 10 de septiembre de 2021

Esta semana llegó a nuestra familia la quinta nieta, hija de Anita y Gerson. Stella es una hermosa bebé que pesó 8.5 libras y midió 48.5 centímetros. Y aunque mi hija tomó todas las precauciones y cuidados que el embarazo requiere, la perfección con la que nació esa pequeñita no tiene nada qué ver con lo que ella humanamente aportó. Que tenga sus manitas, pies, ojos, sus oídos y que todos sus órganos funcionen a la perfección solo depende de Dios.

En Casa de Dios hemos decidido cerrar el año con broche de oro. Durante cinco semanas, a través de las historias de personajes como Gedeón, Elías, José, Pablo y Pedro, estamos declarando que vencemos el temor, la incertidumbre, el desánimo y la escasez; estamos tomando aire para fortalecer las relaciones familiares, además de darle nuevo impulso a nuestro liderazgo y compromiso de servir al Señor con fe en que sus promesas se cumplirán.

, , , , 09 de noviembre de 2018

Hoy, viernes, me despido de Israel. Ha concluido mi viaje y la experiencia ha sido impresionante: navegar por las aguas donde Jesús caminó, recorrer las callejuelas de Nazaret y de Jerusalén que sintieron sus pasos, orar donde Él oró, apreciar el mismo cielo que Él observó, sumergirme en el Río Jordán donde fue bautizado, recorrer los sitios donde miles lo escucharon predicar y lo vieron obrar poderosamente, conmovido por el dolor humano.