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Fanatismo


Por lo general un partido de futbol se desarrolla en un periodo de 90 minutos, tiempo en que el fanático vive todas las emociones que un ser humano puede experimentar: alegría, enojo, frustración, euforia, etc. Y cuando el equipo gana o pierde esas expresiones se llevan fuera de la cancha y la televisión. He visto amigos que no se quitan la camisola de la “buena suerte”.

También he visto cómo se aborda un error que la máxima estrella cometa, por ejemplo, fallar un penal o equivocarse en un pase crucial. Los 87 minutos que jugó bien se echan a perder por esa “falla”. Ese mismo jugador ovacionado unos días antes termina recibiendo la crítica no solo de los grandes especialistas y comentaristas de la materia, sino de todo aquel que tenga una cuenta social. Cuando la estrella no hace lo que se “espera” de él, nadie se pregunta si está bien, simplemente se le lapida con una fuerza desmesurada. ¿Te suena familiar?

Como que el mundo está de cabeza. ¿No te parece? Últimamente he tenido la sensación de que predomina el espíritu egoísta y malintencionado. Es como si todos construyeran un muro de suspicacias y desconfianzas que los mantienen a salvo.