40 días de fe


Soy pastor, sí, y a mucha honra. Creo que no es un secreto, pero lo declaro: mi vocación pastoral me define y doy gracias a Dios por ello.

¿Por qué afirmo lo que es obvio? Porque el fin de semana recién pasado, el penúltimo de julio, mi corazón de pastor no me cabía en el pecho a causa de la felicidad.