¡La felicidad se contagia!


¿Te enteraste que hay un Informe mundial sobre la felicidad? Se realiza anualmente, desde hace ocho años, es una encuesta que clasifica a 156 países según el grado de felicidad que sus ciudadanos perciben de sí mismos. Contempla el bienestar, los entornos sociales, urbanos y naturales que se combinan para afectar el desarrollo de los seres humanos.

Mi nación, Guatemala, figura en el puesto número 7 de América Latina y 30 del mundo entero. No saben la alegría que me produjo ver que los chapines conservamos la alegría, a pesar de la pandemia.

Observa el orden en que figuran los países latinoamericanos y encuentra el tuyo: I Costa Rica, II México, III Chile, IV Panamá, V Brasil, VI Argentina, VII Guatemala, VIII Uruguay, IX Colombia, X El Salvador, XI Nicaragua, XII Ecuador, XIII Bolivia, XIV Paraguay, XV Perú, XVI Honduras, XVII República Dominicana, XVIII, Venezuela y IXX Haití.

Llaman la atención algunos aspectos que el informe aborda: por ejemplo, tener a alguien con quien contar, un sentido de libertad para tomar decisiones clave en la vida, la generosidad, la confianza y los efectos que tiene la desigualdad sobre la felicidad. El estudio es mucho más extenso y si quieres profundizar en él lo puedes encontrar en la internet.

Mientras leía la noticia pensé ¡gracias a Dios por que en medio de momentos duros hay alguien generoso que comparte, un ser humano que nos acompaña y confía en nosotros! Dios nunca nos deja solos.

Otros factores abordados están relacionados con la diferenciación entre lo urbano y lo rural. “En la mayoría de las regiones del mundo, los niveles más altos de felicidad en las ciudades pueden ser explicados por mejores circunstancias económicas y oportunidades. Aunque en un número de los países más ricos, la población rural es más feliz que su contraparte urbana”, detalla el informe.

Personalmente creo que los recursos económicos no son garantía de la felicidad, sin duda contribuyen a tener una mejor calidad de vida, pero por experiencia sé que la felicidad no llega con las “cosas”, crecí en un entorno limitado, sin mi padre y sin hermanos –fui hijo único–, pero mi mamá me enseñó a ser feliz, agradecido y generoso con lo poco que tenía. Sigo teniendo esos mismos valores. Mis amistades saben que me disfruto un caldito de res (comida típica guatemalteca) de la misma manera que un asado. Soy agradecido de tener comida y eso ya me hace estar feliz.

Veamos la vida de José, nunca se amargó a pesar de la envidia de sus propios hermanos que lo vendieron como esclavo, fue llevado a Egipto y después de haber sido falsamente acusado de adulterio por su dueña, estuvo en prisión. En la cárcel interpretó un sueño al faraón y eso lo llevó al palacio. Salvó al pueblo de una hambruna y teniéndolo todo, decidió perdonar a sus hermanos. Su proceso se resume en un párrafo, pero en realidad duró varios años, sin embargo, resalta su actitud. Nunca dejó de soñar y de creerle a Dios que los sueños que le dio se cumplirían.

Con esto quiero decirte que la actitud que tengas ante la vida lo es todo. No debemos esperar para “tener” para vivir de acuerdo nuestro propósito.

 

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