Conéctate a nuestro servicio en vivo
Conéctate a Intercesión
Conéctate a nuestro Discipulado

El filtro de la fe


Cuando era pequeño aprovechaba las tardes para hacer mis tareas. Recuerdo el sonido de la olla de presión cuando mi mamá ponía a cocer los frijolitos. Al momento de abrirla, siempre me advertía que me mantuviera alejado porque estaba muy caliente y podía explotar. Quienes cocinan saben que una olla de presión alcanza grandes temperaturas y por eso el proceso de cocción de los alimentos es más rápido.

Esta situación de cuarentena que nos tiene en aislamiento social tiene similitud con la olla de presión. Imaginemos el escenario: de la noche a la mañana, la mesa del comedor se ha convertido en escritorio de tareas de los pequeños escolares, en el centro de los alimentos y la oficina de papá y mamá. El trabajo de ambos padres cubre los gastos del hogar, así que deben cuidar sus empleos, repartirse las tareas domésticas y además hacer tiempo para explicar problemas de álgebra y física fundamental a sus hijos.

También hacen tiempo para las redes sociales y estar al tanto de todo. Imagínate,  solo en este tiempo se han generado más de dos mil millones de publicaciones relacionadas al coronavirus y todo ese cúmulo de información nos lleva a pensar que es la peor pandemia que hemos vivido, pero no es cierto. Hemos experimentado la peste negra y la gripe española, las cuales cobraron millones de vidas; sin embargo, nada de esto pudo quitarnos el ímpetu para volver a levantarnos.

Por eso debemos cuidar cómo escuchamos la información que llega a nosotros, las conversaciones y confesiones que salen del corazón de la familia, los amigos o los vecinos, porque en conjunto pueden causar nuestros temores. Es tiempo de usar el filtro de la fe y la esperanza para que la información que llegue a nosotros no nos desestabilice emocionalmente.

Siempre aparecerá alguien fatalista en medio de cualquier crisis, pero para contrarrestar esto debemos tener claras nuestras convicciones. Lo que hoy escuchamos y la forma en que hablamos determinará nuestro futuro. Hay que actuar motivados por la paz que Dios nos ha dado y no por el miedo que provoca la adversidad.

Esa mesa donde conviven todos es el mejor lugar para enseñarles a tus hijos que debemos alinear las convicciones de nuestro corazón a las palabras que salen de nuestra boca; esto nos permitirá hablar con fe. Sí, en medio de esta incertidumbre es importante que tus hijos y cónyuge te escuchen hablar palabras de bendición y esperanza. Recuerda: en tu boca hay poder.

No se trata de negar la aflicción o que obviemos lo que sucede alrededor, ¡para nada! Debemos ser sensatos para resguardar nuestra vida y la de nuestra familia, administrar los recursos y dirigirnos hacia quien puede rescatarnos. Aunque estemos atemorizados, oremos con fe a nuestro Padre.

Una tragedia, sin importar cuánto tiempo dure, puede sacar lo mejor o lo peor de nosotros. No permitas que la presión te haga explotar y deja que te lleve a demostrar tu confianza en las promesas que Dios te ha dado.

¿Te gustó? Compártelo en tus redes