Au revoir, zbogom, adiós, Rusia


¡Y se acabó la Copa Mundial de Fútbol! No es mi deporte favorito, pero la fiebre se contagia, cómo no. Realmente, para muchos el mundial terminó en la fase de grupos porque desde temprano los resultados dejaban con la boca abierta por lo inesperados. Uruguay y Brasil dieron batalla por Latinoamérica al llegar a cuartos de final, pero prevalecieron los europeos, si a ubicación geográfica nos referimos, porque el equipo del país campeón, Francia, tiene un importante componente de migrantes. ¡Lo que me encanta!

Un amigo que siempre le va a Alemania, luego de secar sus lágrimas y recoger sus pedazos de esperanza por la eliminación en octavos de final, le hizo porras a Francia, por “ser el equipo africano”, me dijo. Y con razón lo aseguró porque tres de las estrellas de la selección francesa tienen raíces en África. Mbappé, Pogba y Kanté fueron las revelaciones mediocampistas que hicieron estremecer los estadios rusos con su potencia y técnica convertidas en arte de juego en equipo.

Los tres son protagonistas de impresionantes historias de superación personal, pero N’golo Kanté, un tanque de resistencia física, de solo 1.68 metros de altura, me conmueve porque su familia emigró a Francia desde la República de Malí, uno de los países más pobres del mundo. A los 7 años de edad, Kanté recorría la Ciudad Luz, París, buscando chatarra y basura reciclable, pero el fútbol era su pasión y no desistió hasta que, con grandes sacrificios, fue posicionándose en la Liga Premier. Sus compañeros los aprecian por su increíble habilidad, pero más aún por su humildad, tenacidad y espíritu de sacrificio. Él es un ejemplo más de que la actitud supera al talento cuando hablamos de alcanzar nuestros sueños.

Sobre la final mundialista hay mucha tela que cortar más allá del revuelo que provocó la aficionada número uno de Croacia, la carismática presidente del país, Kolinda Grabar-Kitarovic. Ella lideró las porras, vivió los partidos con sus compatriotas en los graderíos, no en el palco VIP que se reservaba a los mandatarios y personalidades. Tiene mi respeto porque es una política muy juiciosa en el manejo de las finanzas públicas, ya que se pagó su boleto en clase turista, además de su estadía en Rusia y las entradas a los partidos como cualquier otra fanática futbolera. Por si fuera poco, se descontó el salario de los días que tomó porque no era una visita oficial. Me quito el sombrero ante esa actitud.

Pero de Croacia no solo la jefa de Estado sorprendió, ya que, al llegar a la final, esta selección desarmó buena cantidad de quinielas. ¿Qué mejor para el broche de oro del “mundial de las sorpresas”?  A pesar de la brillante participación del equipo capitaneado por Luka Modric, quien por cierto se llevó el trofeo al mejor jugador del torneo, Croacia quedó como subcampeón.

Modric es otro héroe que supo perseguir su sueño como futbolista. Un niño que creció entre guerras y que en cierta entrevista aseguró: “Gracias a Dios pude llegar hasta aquí. A pesar de no ser corpulento ni de gran estatura, nunca dudé de mí. Tuve un camino difícil, pero lo importante es no ceder sino luchar”.  ¡Dime tú si eso no es vivir por fe!

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