Trabaja en equipo


¡Llegó la época de los convivios! Esas reuniones con los amigos, con los del grupo de la iglesia, con la familia y con los compañeros de trabajo que nadie se quiere perder. Algunos asisten por la comida, otros por los regalos… Afortunadamente la mayoría llega para compartir.

Yo, en la medida de lo posible, procuro estar en todas esas reuniones. ¡Son alegrísimas! Sonia, mi esposa, también se las disfruta mucho. Ella participa en los juegos y le gusta ganar en todos los concursos posibles.

Aunque me encanta el ponche y los tamales, no voy por eso. Suelo aprovechar estas actividades para darle gracias a las personas que me rodean por todo lo que contribuyen en mi vida. Esta semana compartí con los colaboradores de oficinas de Casa de Dios. Son casi 200 personas distribuidas en varios departamentos como administración, comunicación, televisión, contabilidad, auditoría, recursos humanos, planificación, mantenimiento y el área ministerial. Sin ellos, Casa de Dios no sería lo que hoy es. Sin ellos no podríamos llegar hasta donde el Señor nos ha llevado.

Cada miembro de este equipo facilita que yo pueda ir a predicar o dar conferencias fuera de Guatemala, que podamos atender las peticiones de oración que nos llegan diariamente, que nuestros proveedores sean atendidos adecuadamente, que el programa de televisión se transmita con excelencia y bendiga a la audiencia. Siempre se los he dicho: las victorias que yo alcanzo se deben a que ellos están conmigo.

La mayoría tiene un «bajo perfil», ustedes no los conocen, pero su labor cotidiana permite que alcancemos nuestras metas como congregación y como una organización donde después de Dios lo más importante son las personas, ese es el lema bajo el que trabajamos.

No puedo dejar de mencionar a los voluntarios, por quienes estoy inmensamente agradecido. Ellos se nos unen en los servicios dominicales, congresos y todas las actividades especiales que desarrollamos todo el año. ¡El trabajo que hacen con amor es increíble!

Partiendo de lo que dice 1 Corintios 12:12-27, todos somos miembros del Cuerpo de Cristo. Él nos ordena y asigna como quiere, así todos en la sociedad formamos parte de ese gran equipo que la desarrolla: empresarios, estudiantes, ingenieros, constructores, vendedores, albañiles, servidores públicos, docentes, amas de casa, médicos, bomberos y todos los ciudadanos de un país.

Tú que atiendes a los clientes en una empresa, que trabajas en un call center, que das clases en una escuela, que vendes refrescos en un puesto del mercado o que oras por los enfermos también eres parte del equipo de Dios. Me gusta mucho una frase que dijo uno de los mejores jugadores de béisbol de todos los tiempos, Babe Ruth: “La forma en que un equipo juega en su conjunto determina su éxito. Puede que tenga el mayor grupo de estrellas individuales del mundo, pero si no juegan juntos, el club no valdrá ni diez centavos». Todos debemos ser los mejores jugadores de nuestros equipos: familiares, empresariales, ministeriales y de nuestra nación.

Sé fiel y agradecido con el equipo donde el Señor te ha puesto. ¡Ah! Y no olvides dar gracias a todos en el siguiente convivio.

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