Sé un puente de bendición


Cuando acabábamos de trasladarnos a nuestro templo de Fraijanes y acompañaba a algunos amigos a recorrer las instalaciones, muchos me preguntaron si alguna vez había pensado en estudiar arquitectura. La verdad es que alguna vez sí quise estudiar esa carrera porque mi papá fue arquitecto, pero me ganó el deseo de permanecer con mis amigos y por eso terminé estudiando ingeniería en sistemas. Tengo que reconocer que disfruté mucho involucrarme completamente en el proceso de construcción hasta en los más mínimos detalles.

A la mayoría le decía que lo que más admiro de una construcción en general son los puentes, las gradas y las puertas. Llaman mi atención estos tres elementos porque sirven para conectar espacios.

En estos días en que varios países de Centroamérica se vieron afectados por la tormenta tropical ETA —donde grandes espacios de tierra quedaron inundados y algunos puentes se cayeron, limitando no solo el traslado de las personas, sino también la posibilidad de llevar ayuda— noté que se abrieron puertas en el corazón de muchas personas e instituciones para llevar ayuda a las familias damnificadas.

¡Gracias a Dios la generosidad aflora en circunstancias adversas. Hemos visto cómo todos podemos contribuir para ser un vínculo que conecte a otros, especialmente en situaciones de esta naturaleza.

Me encantó ver cómo las personas voluntariamente se ofrecieron a recolectar víveres a través de las redes sociales y la reacción fue igual de inmediata. Esto es justamente lo que he visto durante años a través de la labor de nuestro Banco de Alimentos, que se ha caracterizado por unir a las personas con las instituciones que lo necesitan.

En este caso nos convertimos en un centro de acopio y en cuanto se abrieron los accesos logramos enviar las primeras 14 toneladas de ayuda a la comunidad de Izabal, uno de los municipios afectados.

Hoy quiero dar gracias a Dios por cada persona que sin darse cuenta se convierte en una puerta, un puente o una escalera que conecta a personas necesitadas en momentos clave, especialmente cuando ocurren desastres naturales. Si te has sumado a compartir con el prójimo en estas circunstancias quiero recordarte las palabras de Jesús: “Más bienaventurado es dar que recibir”. Hechos 20:35 (DHH).

Si no lo has hecho, todavía es momento. ¡Nunca es tarde para compartir las bendiciones que Dios pone en tu mesa! El proceso de recuperación de las comunidades afectadas en Honduras y Guatemala será largo. Además de nuestras oraciones necesitarán nuestra ayuda. No esperemos que alguien más lo haga y aprovechemos la oportunidad de bendecir.

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