Refugio para heridos del alma


Hace unos días vi en las noticias que un famoso futbolista brasileño junto a su familia había ido a una iglesia. Según el reporte de los medios, el joven ha pasado por una serie de situaciones adversas en lo deportivo y en lo personal, situación que lo ha llevado a “refugiarse” en la iglesia.

No entiendo cómo las personas se atreven a emitir un juicio sobre una decisión tan personal. En este caso, Neymar tiene derecho —como cualquier otra persona— de buscar a Dios de la manera que quiera y en el momento que lo necesite. Sabemos que una oración es capaz de cambiar el destino de una persona sin importar su profesión o su edad.

Aunque la nota hacía referencia despectiva al término refugio, yo más bien me alegro de que la iglesia se posicione como un refugio, un lugar para todos los heridos, los que estamos en proceso de construcción, los pecadores, las personas cansadas, deprimidas, ansiosas, con insomnio… En fin, para todo ser humano que desee llenar los vacíos existenciales, encontrar respuestas y, sobre todo, sanidad. ¿A qué otro lugar podríamos ir?

Todas las personas tarde o temprano necesitamos de ese refugio que solo puede venir de Dios. En el salmo 91:2 leemos que buscarlo nos provee de descanso y en Él podemos estar seguros. No importa lo que humanamente hagamos, ese respiro del que habla la Escritura va más allá de unas vacaciones, de desconectarnos del trabajo o de desintoxicarnos del celular y solo lo obtenemos cuando nos acercamos a Él.

Muchos desconocen que es en la iglesia donde aprendemos las herramientas para desarrollar una relación con Dios porque nos instruimos en su Palabra, iniciamos nuestra transformación y empezamos a caminar según su voluntad, cumpliendo el propósito para el cual fuimos creados. Sin embargo, este es un proceso que a unos les toma más tiempo que a otros.

La función de la iglesia es ser el canal que facilite el crecimiento espiritual que buscamos. La relación debemos cultivarla nosotros. El tiempo que dediques a platicar con Dios y a escucharlo establecerá tus avances. Entre más estrecha sea tu relación con Él, menos tiempo tendrás de juzgar o criticar. Vale la pena aclarar que asistir a una iglesia y desarrollar una relación con nuestro Padre no nos hace perfectos como la gente espera, demanda y exige de los cristianos.

¿Recuerdas cómo llegaste a los pies del Señor? ¿Qué experimentaste en tu encuentro con Él? Yo no olvido aquel 11 de junio de 1982, cuando le entregué mi corazón. Han pasado 37 años y sigo estrechando mi relación con Él, buscando su Palabra y escuchando sus instrucciones, y sé que tengo mucho más que aprender y descubrir. Como tú, sigo teniendo defectos y cometiendo errores, pero creo firmemente que su gracia me alcanza mientras sigo en proceso de construcción.

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