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¡Qué creída!


¿Cuántas veces le has dicho así a una persona que, de primera mano, parece muy vanidosa? Bueno, quizás no te atrevas a decírselo, pero sí lo piensas.

El término creído es un dicho que se refiere a una persona vanidosa u orgullosa. A veces se confunde con soberbia, que según el diccionario, significa: “Sentimiento de superioridad frente a los demás que provoca un trato distante despreciativo hacia ellos”.

Por increíble que parezca, David fue tachado de soberbio por su hermano Eliab (1 Samuel 17:28) aunque desde mi punto de vista que se presentara a pelear contra Goliat demuestra todo menos soberbia, creo que su motivación más grande fue el amor a su familia, pues sabía que nadie más que el rey podría exonerar a su padre de impuestos.

Por otro lado, tampoco veo a David despreciando a nadie, todo lo contrario: a él lo despreció su hermano. Al parecer la seguridad que David tenía en sí mismo se percibía como soberbia. ¿Te parece familiar? Por supuesto, cuando se aparece un hombre muy seguro de sí mismo, es mejor tacharlo de creído o soberbio que reconocer que intimida.

No me dejarán mentir que en todos los círculos se aparece alguien que se queda con la chica más bonita e inteligente, aquella a la que todos le quieren caer, pero nadie se anima. Es el protagonista de la película que hace suspirar a las patojas, porque ellas saben reconocer y perfilar a un hombre que tiene seguridad en sí mismo y sabe muy bien hacia dónde va. Esos patojos, con todo y miedo se avientan a conquistar sus metas.

Así lo hizo David. Recordemos que su experiencia la adquirió como pastor de ovejas y para defender a su rebaño tuvo que luchar contra osos y leones, pero nunca había enfrentado a un gigante, yo creo que en algún momento tuvo miedo, pero confiaba en que Jehová lo protegería. La confianza es una virtud. Aun cuando Saúl dudaba de que ese pastor fuera capaz de matar a Goliat, David alimentaba su confianza poniéndola en Dios y en él mismo.

Es lo que le pasa a un niño cuando va de la mano de su papá, se siente seguro y confiando, no le teme a nadie, sabe que su papá lo va defender y eso le permite caminar seguro, incluso delante de aquellos que lo intimidan. Confiar y creer en nuestro Padre celetial nos debe impulsar a caminar seguros, convencidos de que Él nos cuida: Él no permitirá que tropieces; el que te cuida no se dormirá (Salmos 121:3 NTV).

Desarrolla tu confianza en Dios ahí donde te desenvuelves diariamente o en esa área del ministerio donde muy pocos quieren servir, tal como lo hizo David mientras se desempeñaba cuidando ovejas, una tarea poco apetecida por sus hermanos, pero que lo preparó para cosas más grandes. ¡Sé un creído, cree en Dios y Sus promesas y procura que tus actos lo demuestren!

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