Pasos para orar eficazmente


Suele suceder que cuando queremos resolver una duda instintivamente recurrimos a un diccionario o una fuente de información. De hecho, es importante buscar a los expertos para que ese conocimiento solucione las dudas y aporte en nuestra vida.

Los discípulos de Jesús lo tenían claro: ellos acudían al Maestro que de manera directa podía revelarles información totalmente nueva.

En el libro de Lucas 11:1 podemos ver que uno de ellos le pide expresamente: “Enséñanos a orar”. Es así como la oración del Padre Nuestro se convirtió en un modelo de oración eficaz que encontramos en Mateo 6:9-13.

Jesús, al enseñarnos a orar, fue claro al decir: “Oraréis así”; noto que Jesús nos da una instrucción directa. Además, inicia mostrándonos a Dios como nuestro Padre. Esto es algo que no se hacía en aquella época y, de hecho, para muchos pudo significar una blasfemia.

Notemos también que Jesús nunca llamó a Dios de otra forma que no fuera “Padre”. La paternidad es la base de toda buena doctrina y si de algo estoy agradecido tras haber nacido de nuevo hace 38 años es de la posibilidad de tener un Padre inigualable. Por lo tanto, la primera lección que encuentro en las instrucciones de Jesús es que la oración eficaz empieza reconociendo que Él es nuestro Padre.

La oración del Padre nuestro es progresiva, es decir cada parte que voy orando es base para la siguiente. Descubramos la arquitectura de esta oración:

  1. “Padre nuestro”. Ya vimos la importancia de comunicarnos con Dios como hijos.
  2. “Santificado sea Tu nombre”. Tomémonos un tiempo para alabarlo y glorificar Su nombre. Él es Dios Todopoderoso que merece recibir nuestras palabras más sinceras para alabarlo.
  3. “Venga Tu reino”. Esta parte de la oración es muy reveladora, pues habla de orar por Su reino incluso antes de pedir por el alimento diario. En la medida que oramos por Su reino serán añadidas las cosas tal como lo cita Su Palabra: Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas (Mateo 6:33).
  4. “Hágase Tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”. La voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta, así que pidamos que impere en todo lo que hacemos.
  5. “En pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”. Pedirle el pan también es darle a entender que nuestro trabajo, fuentes de ingresos y economía dependen de Él. Reconozcámoslo como nuestro proveedor todos los días para que multiplique nuestros graneros y la provisión nunca nos falte.
  6. “Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”. Hablar con Dios debe llevarnos a ser humildes. Reconocer que le fallamos a Él y a personas que nos rodean nos debe conducir a pedir perdón, pero también a otorgarlo de la misma manera que Él nos perdona a nosotros.
  7. “No nos metas en tentación”. Como humanos podemos caer en la tentación y ponernos en riesgo, por eso debemos pedir que Él nos aleje de todo aquello que atenta contra nuestro deseo de mantenernos firmes y alejados del pecado.
  8. “Líbranos del mal”. Es un hecho de que nuestra vida o la familia corren riesgo, por eso debemos ser muy específicos para que sea Él quien nos libre de todo mal.
  9. “Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por todos los siglos”. Si Dios es nuestro Padre y nuestro Señor, merece toda la honra y nuestro respeto. Esta es la mejor forma de finalizar nuestra oración, el cierre perfecto para finalizar la conversación.

No olvides que todos, sin excepción, debemos orar eficazmente, independientemente de la situación o de nuestro estado de ánimo. No importa si eres una persona joven o adulta, si estás pasando por situaciones adversas o estás bien: la oración es una instrucción para todos. ¡Practícala como Jesús enseñó!

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