No desmayes, ¡persevera!


Cuando llegas a celebrar un año más de matrimonio o cumples un año más dentro de la organización experimentas una grata satisfacción. Al escuchar las frases de felicitación te das cuenta de que has perseverado en una decisión que tomaste años atrás.

Por lo general, cuando adquieres un producto, usualmente te inclinas por aquellos que llevan muchos años en el mercado. El tiempo y la trayectoria de un producto o servicio nos da cierta confianza y tranquilidad, y aunque no lo notemos, inconscientemente le atribuimos mucho valor. De igual forma pasa con los lugares, situaciones y personas que ya conocemos.

Y es que rarísima vez las cosas salen a la primera, ¿verdad? La vida suele ser un perpetuo ensayo y error. Pero finalmente serán la constancia y la perseverancia las que nos permitirán llegar a los resultados deseados.

Sin duda has oído hablar de Albert Einstein, a quien se le considera el científico más relevante del siglo XX gracias a sus aportes extraordinarios en la física. Pero las cosas no siempre le salieron bien a la primera. Es más: se dice que empezó a hablar hasta los cuatro años y a leer hasta los siete. Ganó el Premio Nobel de Física, pero le llevó nueve años conseguir un trabajo en el mundo académico. ¿Se te hace familiar este panorama? Al menos a mí esto me hace pensar en la historia de Abraham, quien esperó durante décadas para ver cumplida la promesa de Dios en su vida.

Creo que a muchos el tiempo nos da la razón. Claro, ese tiempo combinado con la perseverancia o con la “santa terquedad”, como yo la llamo. Me refiero a orar y no desmayar. Orar no una vez, sino dos veces al día, como dice la Biblia; y permanecer creyendo que Dios te escuchará todos los días hasta que envíe Su respuesta.

Sin duda en esta pandemia todos hemos tenido momentos muy buenos, llenos de fe, pero también momentos malos donde perdemos las fuerzas, tal como le pasó a Pedro cuando empezó a caminar sobre el agua. Al principio consideró a Jesús, así que se lanzó a hacer lo mismo. Momentos después, un fuerte viento hizo que el apóstol considerara la tormenta y por eso se hundió. Nota que él primero consideró a Jesús, pero después consideró aún más a la tormenta; eso lo hizo dudar y empezó a hundirse.

No sé si estás considerando lanzarte al agua, si ya estás caminando sobre ella o ya empezaste a notar que te estás hundiendo. En cualquiera de los casos lo mejor que debes hacer es no quitar tu mirada de Jesús y en Sus promesas, seguir orando de día y de noche, sin desmayar. No dejes que la aflicción ahogue tu fe. Ora eficazmente con pasión y entrega y provoca que tus oraciones produzcan el resultado esperado. Cuando perseveres y conforme pase el tiempo conozcas cada vez más el inmenso poder de Dios y tu fe, cada vez te será más fácil mantenerte en comunicación con Él.

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