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Misión futuro


El proceso de adaptación es vital para la existencia de todo ser vivo. Probablemente en estos últimos meses hemos tenido que ser más abiertos y veloces para adaptarnos a los cambios. Toda la humanidad ha sido ejemplo de que todo evoluciona.

Aunque ningún cambio es fácil, las mejores familias, empresas o congregaciones son las que logran adaptarse y permanecer juntas a pesar de los cambios (incluso de los traumáticos, como la muerte). La pandemia nos cayó encima sin pedirnos permiso y nos forzó a usar aplicaciones tecnológicas para que el trabajo, la educación de los hijos y hasta la iglesia siguieran adelante.

Observemos que las industrias se han adaptado. Por ejemplo, los restaurantes que antes no tenían servicio a domicilio ahora sí lo ofrecen. Y qué decir del supermercado o las ferreterías que ya reciben los pedidos en línea y permiten que se reciban en un punto específico del parqueo.

¡La iglesia también debe adaptarse! Tenemos el desafío de trabajar por el futuro del Evangelio que debe llegar a nuestras siguientes generaciones. Es necesario pensar en el futuro, pero hacerlo sin una misión sería una gran equivocación. Las nuevas generaciones necesitan que tú y yo nos preparemos como en su momento lo hicieran Josué y David —quienes pelearon distintas batallas y conquistaron tierras—, pues de lo contrario ¿quién les predicará a tus nietos?

En el congreso de liderazgo Ensancha que está próximo a realizarse (del 10 al 12 de junio) nos hemos propuesto capacitar a la presente generación para que se encargue de que las siguientes conozcan y busquen a Dios.

Por supuesto que la incertidumbre surge en situaciones de cambio, pero se puede manejar si le inyectamos fe al proceso. Es tiempo de prepararnos y proclamar las Escrituras, declarar que nuestros nietos y tataranietos serán benditos y que nuestras siguientes generaciones servirán al Señor.

Piensa en la oportunidad que tienes hoy para ser ese conquistador que cambie la historia de tu familia. Acepta el desafío de tal manera que puedas aprender lo que sea necesario para dejar atrás el pasado y logres extenderte hacia el futuro.

El Cuerpo de Cristo necesita hombres y mujeres que no se resistan ni que se aferren a su zona de confort, ya que esa actitud dificulta el proceso de llegar a ganar a los pequeños que están por nacer.

Prepara tu mente y tu corazón. ¡Pídele al Señor que te use e esta misión que garantizará el futuro!

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