Mamás “luchonas”


Usted no alcanza a imaginar esta inmensa gratitud que le profeso, ni qué casa de recuerdos me ha regalado.

Carta de Antoine de Saint-Exupéry a su mamá.

El autor de El Principito, esa magnífica novela llena de verdades profundas, mantuvo una relación muy estrecha con su madre, a quien consideró su consejera y confidente. En 44 años de edad este piloto aviador logró intercambiar con ella 190 cartas que forman parte de un libro que se publicó después de su fallecimiento. Su profesión lo llevó a estar lejos de ella, pero, a través de la correspondencia, la mantuvo al tanto de sus viajes, su soledad y sus sueños.

Esta semana, que en muchos países se celebra a las madres, pensé en cómo los adultos somos el reflejo de ellas. Tal como escribió este autor, nuestra memoria almacena grandes recuerdos de nuestra infancia que, si los juntamos, pueden ser del tamaño de una enorme casa.

Soy hijo de una madre que luchó sola para sacarme adelante. Desde que tengo memoria la vi esforzarse para que yo pudiera estudiar, tuviera alimento en casa y no me faltara una pelota, un carrito o una la bicicleta para jugar.

Mi madre es muy seria, disciplinada y estricta. Siempre me exigió que estudiara mucho y sacara buenas notas, pero también me consintió con detalles que marcaron mi corazón. A través de su vida y su ejemplo aprendí a valorar el trabajo de las mujeres en general y puntualmente el de las madres divorciadas o solteras, que hacen hasta lo imposible por darles a sus hijos oportunidades que ellas nunca recibieron.

En este tiempo de cuarentena, donde las madres se están rifando el físico para conducir su hogar, supervisar tareas y desempeñar sus labores de la oficina con la misma responsabilidad, hay que agradecerles su esfuerzo extra, su energía, su paciencia y su amor. Nuestro hogar no sería el mismo sin las madres “luchonas”.

Nunca es tarde para expresarle a mamá cuánto valoras su vida, sus detalles y sus sacrificios. Quizás ahora las cartas ya no son necesarias, pues tenemos el celular para expresarles nuestra gratitud y estrechar nuestra relación con ella.

Si tienes la dicha, como yo, de tener a tu madre cerca, aprovecha la cuarentena para ver una película a su lado, pedirle un consejo o contarle cómo te sientes, pero sobre todo haz tiempo para escucharla y revivir con ella las anécdotas de la infancia. Hazle saber que sus sacrificios no han pasado desapercibidos y que han valido la pena.

Además, con tu ejemplo, enséñales a tus hijos a que honren a su mamá. Recuerda lo que Dios dejó escrito: “Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra” (Efesios 6:2-4).

Sé que Dios me ha hecho un hombre afortunado: tengo a mi madre, a una esposa ejemplar que ha sido una madre excepcional para mis hijos, a mi suegra, a mi hija y a mis nueras, que ya tienen el privilegio de ser madres y han llegado para ampliar mi familia. A ellas y a las madres que leen este espacio, les deseo feliz Día de las Madres. Dios bendiga su labor, renueve sus fuerzas y les permita cosechar los frutos de su sacrificio.

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