La depresión ataca


Suicidio, ¡qué tragedia es un suicidio! Con frecuencia nos enteramos de personas que tras episodios de depresión se quitan la vida.

Personalmente, aún me conmociona el suicidio del actor estadounidense Robin Williams en 2014. Lo admiraba por la forma en que interpretaba sus personajes que proyectaban mucha alegría por la vida. Cuando me enteré de que Peter Pan, Mrs. Doubtfire y Patch Adams murieron por decisión propia me estremecí.

Es increíble cómo personas que en apariencia tienen todo para sentirse plenas y felices deciden acabar con su vida debido a la depresión. Esta es una enfermedad que no hace acepción de personas; incluso pastores han sido víctimas de ella.

¿Qué sucede? Al buscar respuestas para brindar ayuda y consejo le comenté el tema a mi esposa, algunos amigos médicos y psicólogos. Entre todos llegamos a algunas conclusiones:

1. La vida está hecha de relaciones. No importa a qué te dediques, si eres abogada, pastor, ama de casa o ingeniero, la depresión es una enfermedad que cada vez afecta a más personas porque vivimos la paradoja de la comunicación: estamos hiperconectados, pero cada vez más aislados. Esfuérzate por disfrutar de las relaciones reales, sobre todo con las personas que te rodean, y no te encierres dentro de ti mismo.

Comparte tiempo y afecto que puedas sentir. Conversa viendo a los ojos a las personas queridas y no te limites a solo leer sus conversaciones o escuchar su voz a través de dispositivos móviles.

2. Buscar ayuda es una victoria. Cuando nos sentimos derrotados y sin ánimo, la primera batalla ganada en contra de esa carga que nos impide avanzar es reconocer que necesitamos ayuda. Te motivo a que abras tu corazón para buscar esa ayuda y no permitas que la vergüenza te impida alcanzar una vida saludable.

La ansiedad y la depresión son síntomas físicos que debemos tratar con fe en Dios y ayuda profesional. ¡No te rindas! ¿Acaso no acudes a un médico si el dolor de estómago no te deja en paz a pesar de que ya tomaste todos los remedios de la abuelita?

3. La felicidad es una decisión que requiere esfuerzo. Sí, para ser felices necesitamos tener determinación y valentía al enfrentar el día a día. Posiblemente tengas momentos en los que no encontrarás el sentido de tu vida, pero te motivo a que conozcas el amor de Dios. En mi caso, la clave ha sido esa: la convicción de que Él tiene un propósito para mi vida y cuida de mí. Sin duda, confiar en Él ha sido mi motor y también puede ser el tuyo porque no hay nada más liberador que el amor incondicional de alguien que nos acepta a pesar de nuestros defectos.

Ganémosle la batalla al aislamiento, a la depresión y a la muerte. Amemos a Dios con nuestros cuerpo, mente y espíritu, busquemos en su Palabra los planes que Él tiene para nosotros tal como dice la Biblia: “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis” (Jeremías 29:11).

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