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Jesús nos enseña a vivir


De niño, en la primaria, tuve la mala costumbre de escaparme de clases, hasta que un día mi mamá me cachó y me dio unos tremendos chancletazos que me quitaron las ganas de volver a escaparme. Desde entonces empecé a sacar buenas notas y poco a poco le empecé a sentir el gusto a estudiar. En la universidad me esforcé para ser sobresaliente. Por cuestiones de la vida tuve que dejarla por unos años, pero luego regresé siendo padre de familia y me gradué con honores. ¡Y todo inició con un chancletazo de mi mamá!

¿Qué tipo de alumnos de Jesús somos? Nuestro aprendizaje a veces empieza con una mala experiencia: un vicio que nos atrapa, una quiebra económica, un fracaso matrimonial o un hijo que se va de casa. Para que esto suceda, no debemos dejar de buscar conocimiento.

Hace poco leí un libro que incluía varias dedicatorias, pero una de ellas llamó mi atención: “Dedico este libro a aquellos que prefieren seguir aprendiendo antes que envejecer”. Y es que envejecemos no cuando salen las primeras arrugas, sino cuando dejamos de aprender. Por eso te pregunto: ¿Qué libros estás leyendo? ¿Cuántos libros has leído en este año? ¿Has leído la Biblia en sus diferentes versiones? Todo esto es importante, pues ¿quién puede ser economista sin estudiar libros de Economía? Y ¿quién puede ser cristiano sin estudiar las Escrituras? No solo estamos para que nuestros predicadores nos cuenten la Palabra de Dios, sino para estudiarla constantemente.

Como alumnos de Jesús mínimo debemos aprender a orar además de ayunar, dar y leer Su Palabra. Hay profesionales —médicos, economistas, arquitectos, etcétera— que son muy buenos en lo que hacen, pero no saben qué hacer con su propia vida porque no le dan prioridad al estudio de las Escrituras.

Más que teología, Jesús nos enseñó una filosofía de vida. Nos enseñó a vivir correctamente y esto muchas veces nos cambiará la percepción de lo que entendemos como lógico. Por ejemplo, en vez de decirnos que fuéramos vengativos y actuáramos “ojo por ojo, diente por diente”, nos mostró que había otras formas de justicia. También nos enseñó prioridades y que no debemos afanarnos por qué habremos de comer o vestir, pues para que todo sea añadido primeramente debemos buscar el reino de Dios (Mateo 6:33).

A Jesús no le preocupa que tengamos mucho conocimiento científico, sino que nuestro corazón no sea capaz de tener las emociones correctas ante circunstancias concretas. Él vela porque no nos afanemos.

Quiero motivarte a que enseñes a tus hijos a estudiar para que puedan recibir el conocimiento académico que les ayudará a ser personas de provecho, pero también el conocimiento de las cosas de Dios que les enseñará a vivir siempre, en todo escenario, contexto o circunstancia. Pídele al Señor la sabiduría que necesitas para lograr este propósito.

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