¡Gracias a Dios!


Acercarnos a Dios, nuestro Padre, siempre es válido y necesario. Hay que reconocer, sin embargo, que esa cercanía es más común cuando pasamos por malas rachas, situaciones adversas o tiempos difíciles. Pero ¿dónde queda el Señor cuando todo marcha bien en nuestra vida? Desde mi punto de vista es en las temporadas exitosas cuando más deberíamos acudir a Él para dar gracias. Tener familia, empleo, techo, alimentación y salud son razones suficientes para vivir agradecidos.

La palabra “gracias” es corta pero tiene un enorme poder en nuestra relación con Dios y con las personas. En un episodio de la Biblia leemos que Jesús sanó a diez leprosos. ¡Imagina el gozo que sintieron al verse libres de esa terrible enfermedad que los marginaba de la sociedad! Sin embargo, solo uno regresó a dar gracias y lo hizo con la misma pasión y vehemencia con la que pidió el milagro.

Imagino que las diez personas estaban agradecidas, pero no es lo mismo sentirse agradecido que demostrarlo. Puedes estar muy feliz porque tienes comida, ropa, familia, salud, trabajo, salario y vacaciones, pero si no expresas gratitud te conviertes en alguien malagradecido. Por ejemplo, podemos decir que somos trabajadores solo si lo demostramos, de lo contrario solo estaremos ocupando un puesto de trabajo. Para decir que somos agradecidos debemos expresar agradecimiento o de lo contrario ese sentimiento se queda guardado sin cumplir su función de exaltar y bendecir a quienes nos hacen bien.

El leproso que regresó a manifestar su agradecimiento recibió otro premio: la salvación. Aunque los diez recibieron su milagro, solo uno obtuvo algo adicional, algo que no pidió. Y esto ocurre porque ser agradecidos produce un efecto positivo en otros.

Yo vivo agradecido con Dios por lo que ha obrado en mi vida y porque me ha permitido servirle. También le doy gracias por el equipo de pastores de nuestra congregación, por los voluntarios y por los colaboradores que Él ha ido añadiendo a la visión de nuestra iglesia. Además, le agradezco por mi madre, por mis hijos, por mis nueras, por mi yerno, por nietos y por mi esposa.

Con actos de servicio, palabras o tiempo de calidad —oportuna e intencionalmente— he dejado que ese agradecimiento se manifieste en cada persona que está a mi alrededor. Y tú, ¿cuán agradecido estás con Dios? ¿Cómo se lo manifiestas? ¿Cuántas muestras de agradecimiento tienes para tus padres, tus hermanos, tu cónyuge o tus amigos?

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