La esencia personal y el servicio


Esta semana ha sido muy agitada en la iglesia. Primero, impartimos el curso del Modelo de Jesús, donde damos a conocer nuestro modelo de discipulado a pastores y líderes de otras iglesias. Casi al mismo tiempo lanzamos Cantera, el programa para equipos estratégicos donde enseñamos administración y comunicación a iglesias y empresas. Por último, a partir de hoy en la noche se viene Vendimia, la celebración donde damos gracias a Dios por los frutos del año. Todos estos eventos me tienen un poco agotado, pero también muy contento porque me demuestra que hay muchas formas de servirle al Señor.

A propósito de Cantera, yo imparto tres talleres en dicho programa y uno de ellos se llama “Cómo presentarse en público”.

La gente me pregunta si alguna vez recibí una clase sobre cómo hablar en público y algunos se sorprenden cuando les respondo que no. Y aunque no lo creas, ningún instituto bíblico me aceptó y eso me convirtió en un “recha”, como decimos en Guatemala. Nadie me dio púlpito en mis inicios, pero eso no me impidió que fuera a predicar la Palabra a plazas o parques, y solo muchos años después recibí mis credenciales evangélicas. Con mucho esfuerzo —porque ya estaba casado y con dos hijos— me gradué de licenciado en Administración de Sistemas de la Información en la Universidad Francisco Marroquín y, más adelante, obtuve un título en Ministerios Pastorales por California Christian University, de Estados Unidos.

Pero presentarse en público es mucho más que hablar en público. En una conferencia, el lenguaje no solo se trata de lo que decimos ante los espectadores, sino también de cómo lo decimos. Y aquí entran muchos factores que van desde nuestro tono de voz hasta nuestra forma de vestir y de pararnos sobre un escenario.

Es importante no perder la esencia de uno mismo, pero también hay que saber adaptar esa esencia a la situación donde nos toque presentarnos. Por ejemplo, cuando nos invitan a un congreso, se ha vuelto común no respetar el tiempo o el tema que nos fue asignado por los organizadores o por la persona que nos invitó. Respeta el tiempo y la confianza de los demás porque eso habla muy bien de ti. Además, ¡te aseguro que cinco minutos bastan para transmitir tu esencia y crear afinidad con tu público! Otra cosa que no debes olvidar es que te invitan a enseñar, no a lucirte. Ante todo, hay que mostrar disposición para servir.

Me encantan las películas porque con ellas aprendo mucho. La vida es bella, sin duda una de mis favoritas, menciona esta hermosa frase acerca del servicio: “Servir es el arte supremo. Dios es el primer servidor: sirve al hombre, pero no es sirviente de hombres”. Si alguna vez debes presentarte en público, ya sea por estudios o por trabajo, déjame darte un consejo: que tu esencia te no te haga perder esa disposición de servicio porque servir es de señores.

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