¿Joven o viejo?


Esta semana me he reído muchísimo con las fotos que postearon con esa aplicación que envejece los rostros de las personas. Algunos se inspiraron y las subieron con textos de esperanza, que aun de viejitos desean seguir predicando las Buenas Nuevas.

Ahora hasta chistes hay que dicen que las ventas de las cremas antiarrugas se dispararon con las imágenes de su posible futuro. La verdad es que a algunos les convendría quedarse jóvenes para siempre 😂😂😂

Qué divertido ver que por mucho tiempo la ciencia ha estado evitando el envejecimiento y las aplicaciones lo saben, por eso han creado muchos filtros para disminuir esas evidencias de la edad, pero ahora resulta que se puso de moda lucir “viejito”. La realidad es que todos, tarde o temprano, vamos a envejecer; nos vamos a llenar de canas y arrugas, según el tiempo que el Señor nos otorgue aquí en la tierra.

Ya pasada la primera mitad del siglo, la vejez se ve desde otra perspectiva. Desde que los nietos llegaron a mi hogar me preguntan cómo me siento. Con sinceridad puedo decir que ellos me han rejuvenecido porque necesito energía para jugar con ellos. Ahora que está por llegar el primer bebé de Juan Diego, junto a Sonia no he dejado de hablar de esa nueva bendición que se adhiere a la familia. Estamos disfrutando de esa etapa como abuelos.

La vejez en general tiende a verse de manera equivocada. En un sentido metafórico se relaciona con el otoño, pero en realidad es un tiempo de mucha productividad donde se cosecha lo que se siembra a lo largo del año. De hecho, el término “otoño” proviene del latín autumnus, que según los etimologistas latinos, está relacionado con la palabra auctus, que hace referencia al aumento o la plenitud del año.

Como siempre, encuentro en estos pequeños ejercicios una oportunidad para reflexionar en la Biblia. En el salmo 103:5, el rey David nos enseña a acudir a Dios para saciarnos y rejuvenecernos como las águilas.

Leí en internet que el águila es un ave que vive muchos años, pero para sobrevivir, su cuerpo pasa por un proceso de renovación que consiste en volar hacia un lugar alto de una montaña, donde debe golpear su pico contra la pared hasta conseguir arrancarlo. Cuando su pico crece, lo usa para desprenderse las uñas de los talones, para que nazcan unas nuevas con las que se despluma. Finalmente, cuando sus alas son nuevas, se lanza al vuelo de renovación.

Para mí no se trata de edad sino de nuestra capacidad para renovarnos, dejar atrás el pasado y prepararnos para el futuro. Como padres no podemos imponer a nuestros hijos las reglas con las que nos formaron a nosotros. Como trabajadores no podemos exigir trabajar con la máquina de escribir con la que aprendimos a hacer las facturas. En la escuela de nuestros hijos no podemos desaprobar la incorporación de la tecnología en las clases. Como cristianos no podemos oponernos al uso de las aplicaciones de la Biblia, aunque nosotros hayamos tenido que comprar una física. Tampoco podemos negar las nuevas formas de alcanzar a más personas, ya sea por medio de la televisión, los servicios en línea, la radio, YouTube o un live en Facebook. En la actualidad hay muchas maneras de aprender desde la comodidad de tu celular, por medio de tutoriales puedes mejorar tus conocimientos y avanzar profesionalmente.

No importa la edad que tengas, siempre es bueno que  dejes atrás el pasado, perdones y abras tu mente y corazón a nuevas oportunidades. Nos toca pasar por ese proceso de “desaprender” y aprender cosas nuevas. Si eres joven o viejo, no importa. Saca lo mejor de tu edad y prepárate para recibir el futuro.

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