Corazón partío


¿Alguien recuerda el famoso ungüento “Sana-sana”? Era lo que la abuela nos embadurnaba en una rodilla raspada, un piquete de zancudo, un morete, pellizcón, quemadura o herida, mientras nos decía: “Sana, sana, colita de rana, si no sanas hoy, sanarás mañana”.  

Ahora que celebramos el Día del Cariño, por lo que hablamos tanto de amor y de amistad, ¿qué sucede cuando es el corazón lo que tenemos lastimado? ¿Qué podemos hacer para sanar un corazón roto? Todos pueden darte los más variados consejos. El más común es la indiferencia, la amargura, la máscara de “todo está bien”, la depresión y el desenfreno. Lo que yo recomiendo es enfrentarnos al proceso del perdón.

Claro que es el camino más difícil porque buscar el perdón implica limpiar esa herida, frotarla con agua oxigenada si es necesario, aplicarle desinfectante y ungüento “sana-sana”. Aunque duela, enfrentar la situación es lo mejor, incluso cuando no queremos acercarnos a quien nos traicionó, humilló, despreció, rechazó, malinterpretó, juzgó, o bien, no queremos acercarnos a quien lastimamos porque nos sentimos cucarachas. Sin embargo, ninguna herida sana dejándola a su suerte.

Hemos escuchado que el tiempo todo lo cura, pero no estoy de acuerdo. Lo único que logramos dejando que el tiempo pase sin solucionar los conflictos es anestesiarnos. Una herida que no es correctamente tratada no cicatriza bien, podría infectarse y dejarnos marcados para el resto de la vida. Así que te recomiendo incluir tres acciones en tu protocolo de primeros auxilios para un corazón partido:

  1. Adiós al orgullo. Siempre he dicho que es mejor manejar el conflicto de tener que perdonar a manejar el conflicto de jamás pedir perdón. No importa si eres tú el que se siente ofendido, por nuestro bien debemos acercarnos a la persona y pedirle perdón por nuestra actitud o reacción frente a la situación. De esa forma, ambos bajan la guardia y están más dispuestos a escucharse.
  2. Más miel que hiel. Si para algo sirve dejar pasar un poco de tiempo es para que se enfríen los ánimos y calmarse para que la ira, la tristeza y la frustración no hablen por nosotros, porque sanar un corazón, el tuyo y el de la otra persona, requiere más dulzura que amargura.
  3. Dos oídos y una boca. Para solucionar cualquier conflicto, es bueno recordar que por alguna razón tenemos el doble de capacidad para escuchar que para hablar. Por más argumentos que tengas a tu favor, gana más quien está atento a lo que le dicen que aquel que solo se preocupa por convencer sobre sus propias motivaciones. Si de algo nunca te arrepentirás es de escuchar y no podemos decir lo mismo sobre las veces que abrimos la boca solo para meter la pata. Escucha con gracia y misericordia, no para rebatir, sino para comprender.

Hace poco escuché la canción “No es lo mismo” del cantante español Alejandro Sanz y, aunque él se refiere a otra cosa, en uno de sus versos encontré la descripción exacta para lo que considero que es el perdón:
Pomada para todos los dolores
remedio para toda clase de errores
también receta para desilusión.

Perdónate y pide perdón. Esa es la clave para amar y sanar un corazón herido.

 

 

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