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Los enemigos del dinero

Las oraciones han abierto las bendiciones del cielo hacia su vida. El pastor Hugo decía que el deseo de todos es que seamos los primeros, que la gloria de Dios se vea manifiesta a través de lo que hacemos. Yo entiendo que el actuar de Dios siempre lo hace en conjunto con el hombre. La Palabra dice que nuestra fe sin obras está muerta, quiere decir que Dios puede hacer algo en el cielo, pero si nosotros no hacemos nada en la tierra, eso no va pasar. Podemos hacer un millón de oraciones, tres años de ayuno con tal que nuestro negocio sea bendecido, pero si no trabajamos, nos levantamos temprano, no nos actualizamos, no somos competitivos, las no va a suceder nada. No es que Dios no tenga el poder de hacerlo, pero Él nos toma en cuenta para que las cosas que decretó en el cielo, se hagan realidad en la tierra. Para ser mejores, tenemos que poner de nuestra parte, orar. Alejados de Él nada somos, debemos darle gracias por todo lo que nos da. Pero que no le pase eso de que anda buscando trabajo pidiéndole a Dios no encontrar.

Yo estuve dando una conferencia en Uruguay, enseñándoles acerca del manejo bíblico del dinero. Esto es muy importante, pues de eso depende mucho la bendición que haya en nuestra vida. El segundo tema que más habla la Biblia es el aspecto financiero, el primero es el amor. Dios sabe que hay que tratar con esto, trabajarlo y entender cómo funciona. Hay ciertos pensamientos mal sembrados en nuestra mente que nos impiden movernos en bendición. Nos han enseñado que el dinero es malo.

I Timoteo 6:10
Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.

Les voy a dar una cápsula de la enseñanza que dimos en Paraguay. ¿Es el dinero malo? No. La raíz de todos los males es el amor al dinero, la codicia. El que tiene dinero y toda la vida la ha tenido, no tiene problema con él. Pero el que nunca ha tenido y, de repente, lo tiene, ese tiene problema. El dinero es un instrumento de intercambio, es una forma de representar el fruto del trabajo que desempeñamos todos los días.

Primer paradigma: El dinero no es malo.

Eclesiastés 5:12-20
Dulce es el sueño del trabajador, coma mucho, coma poco; pero al rico no le deja dormir la abundancia. Hay un mal doloroso que he visto debajo del sol: las riquezas guardadas por sus dueños para su mal; las cuales se pierden en malas ocupaciones, y a los hijos que engendraron, nada les queda en la mano. Como salió del vientre de su madre, desnudo, así vuelve, yéndose tal como vino; y nada tiene de su trabajo para llevar en su mano.

Este también es un gran mal, que como vino, así haya de volver. ¿Y de qué le aprovechó trabajar en vano? Además de esto, todos los días de su vida comerá en tinieblas, con mucho afán y dolor y miseria. He aquí, pues, el bien que yo he visto: que lo bueno es comer y beber, y gozar uno del bien de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol, todos los días de su vida que Dios le ha dado; porque esta es su parte.

Asimismo, a todo hombre a quien Dios da riquezas y bienes, y le da también facultad para que coma de ellas, y tome su parte, y goce de su trabajo, esto es don de Dios.

Porque no se acordará mucho de los días de su vida; pues Dios le llenará de alegría el corazón.

Estamos hablando que si hay algo triste es ver a alguien  que se dedica a amontonar riquezas. Es como cuando uno mete en un cuarto lo que no le sirve, sólo por amontonarlo. Porque la idea del dinero no es que lo amontonemos, sino que lo pongamos a trabajar.

Este también es un gran mal que como vino, así ha de volver. ¿De qué le aprovechó trabajar?

Trabajó, se esforzó y sólo acumuló. Nunca lo disfrutó. Recuerdo que mi mamá me decía: “Lo que uno se comió y lo que uno viajó es lo que uno se lleva”.

… todos los días comerá en tinieblas…

Está hablando del corazón que le ponemos para hacer las cosas. Dice que aquel que se dedicó a amontonar  el dinero la pasó con dolor, afán y tristeza.

 

¿Se recuerda del tío Mcpato? Siempre amargado; tenía las riquezas, pero no servían para nada. El dinero tiene que correr, no ser amontonado.

He aquí el bien que yo he visto: Que lo bueno es comer, beber y gozar del bien de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol todos los días de su vida, porque esta es su parte.

El trabajo que desarrollamos es duro. Hay que levantarse temprano, subir en el bus, pero es una fuente de bendición que Dios nos da, y lo que ganemos lo podamos disfrutar. Ese es el bien, el regalo de Dios para tu vida; no el hecho de amontonar riquezas, sino que disfrutes de ellas.

Asimismo, a todo hombre a quien Dios da riquezas y bienes, y le da también facultad para que coma de ellas, y tome su parte, y goce de su trabajo, esto es don de Dios.

Trabaje con ganas, deje que Dios ponga gozo en su corazón por lo que está haciendo. Tal vez no es lo que usted quisiera, pero es lo que tiene en ese momento. Si quiere otro, dé la milla extra, sea responsable y vendrá algo mejor. De estos pasajes podemos entender algunas conclusiones: El dinero no es malo, pero el amor al dinero sí lo es. Hay gente que se mata por el dinero. Hay hogares que se destruyen por éste. A la larga, no vale la pena. El dinero no es malo, codiciarlo sí lo es.  A veces está tan preocupado por el dinero, que no piensa en las cosas de Dios. El dinero no es malo, lo que es malo es no disfrutarlo. En Guatemala, los últimos ocho años hemos pasado por etapas en que todos los que amontaban riquezas las perdieron. Lamentablemente, ahí se fueron justos por pecadores. Tenemos que aprender que no debemos tener nuestra esperanza en el dinero, sino en Dios.

Lo que les quiero compartir son unos conceptos muy importantes. La gente dice que el dinero es malo. El diablo ha hecho que el dinero se vea como malo, cuando ya vimos que no lo es, es una bendición que Dios nos da. Siendo una bendición, el enemigo no va a querer que permanezca en nuestra vida, entonces va a tratar de destruir ese dinero que está puesto en manos santas, que son las suyas y las mías. Hay cosas que son enemigas del dinero, le voy a mencionar nueve. ¿Cómo podemos hacer para compartirlo? Dios ya abrió las ventanas de los cielos; la bendición ya está abierta. Escuchemos qué dice de los enemigos del dinero para saber si eso no es lo que nos está afectando.

Primer enemigo: el exhibicionismo.

Es cuando usted comienza a gastar la plata en cosas que no necesita. Sólo porque el vecino se compró un carro nuevo, porque lo dan sin enganche. Pero porque él lo tiene, usted lo quiere también. O compra algo sólo para demostrar que usted también lo puede, y se complica la vida. Debemos vivir de acuerdo a nuestra realidad, sin estar comparándonos con ningún otro. Nosotros somos nosotros; nuestra familia es nuestra familia. No debemos compararnos con nadie. Deje que Dios lo bendiga con cuanta bendición usted aguante. La solución para esto es que comience a cambiar su corazón, comience a ser un poco menos exhibicionista.

I Timoteo 6:8
Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.

Segundo enemigo: Afán de quedar bien.

Eso se llama las costumbres sociales. Lo que pasa es que entra ese nudo en el estómago porque viene Navidad,  son como ocho mil en la familia y la costumbre era que todos nos regalábamos. Tiene cuarenta y cinco sobrinos, no se cuántos tíos, así que tiene que comenzar desde noviembre para quedar bien con todos. Si no regala en esa fecha, ¿qué van a pensar? Toma la tarjeta y empieza a gastar. El afán por quedar bien es otro de los enemigos más grandes que tiene el dinero. No se trata de no tener detalles, pero si no tiene, ¿por qué lo va a dar?

El siguiente versículo nos habla que la única cosa que debemos hacer es amarnos los unos a los otros. ¿De qué le sirve regalar muchas cosas si apenas y vemos a la persona? Mejor visitémoslo más seguido. Si este año no puede dar regalos, no los dé.

Tercer enemigo: el poderío.

Al sentir el dinero, algunas personas se sienten como que son los poderosos: “hago lo que quiero”. Le va a pasar lo del bolo; mientras tiene dinero, todo mundo es amigo; una vez se lo terminó, ni lo voltean a ver. El dinero aparentemente puede comprar cosas, pero cuando se le termina, se va todo. No hay que malversar los fondos que Dios le da. Nosotros somos administradores del dinero que Dios nos da, no somos dueños. Sea a través de su trabajo, de su negocio. Él te dice: Del 100% que te estoy entregando, el 10% es mío, lo demás es tuyo. Usted va a tener que entregar cuenta de todo el dinero que pasa por sus manos. Antes de gastarlo, pregunte al dueño en qué lo puede gastar. Al que es botarate no se le deja dinero, sino al que es un buen administrador; de la misma forma sucede con Dios.

Cuarto enemigo: Viva la fiesta.

Hay gente que hace fiesta por todo. Que por el Día del Trabajo, que por el día de no sé qué. Se gasta el dinero por gastarlo nada más.

Mateo 25:19
Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos.

Imagínese que viniera su jefe y le dijera: “Aquí hay Q10,000, guárdamelos, yo voy a regresar dentro de un año”. Y usted comienza a gastárselo, eso es lo que hacemos a veces con lo que Dios nos da. Pero El nos va a pedir cuentas de todo.

Quinto enemigo: La ilusión del juego.

Hay casas en las que el papá gana dinero, pero guarda una parte para jugarlo en la lotería o algo parecido. Encontré una expresión acerca de esto: “Los juegos son formas de empobrecer a muchos para enriquecer a unos pocos”. El Señor es el que bendice tu vida y trae la provisión que necesitas. El que da semilla al que siembra y pan al que come, Él multiplicará tu sementera.

Sexto enemigo: El pésimo hábito de gastar por gastar.

Eso se llama derrochar. Hay quienes el dinero les quema en las manos, les estorba. Recuerdo que yo tenía un problema en la empresa: Tengo como 300 empleados, les pago el 16 y el 30 de cada mes. A la semana, ya me estaban pidiendo dinero prestado. Hasta que un día dije: “Hay que hacer algo para que el dinero les abunde”. Entonces, abrí una cuenta en el banco y les pagó las planillas por Internet. Ahora, en vez de recibir su dinero completo, van con su tarjeta de débito y sacan sólo lo que necesitan. Les quitamos la tentación de que se gastaran de un solo lo que reciben.

Séptimo enemigo: los vicios.

Gastarse el dinero en vicios no sólo es malo para el bolsillo, sino que afecta el espíritu. Mi papá se convirtió como a los 34 años. Tiempo después de convertirse, se puso a hacer cuentas de cuánto había gastado en licor, cigarros y mujeres, y llegó a la conclusión que era el 50% de sus ingresos. Así es de terrible eso. Los vicios son una falta de disciplina y control. La Palabra dice que nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo.

Octavo enemigo: Indisciplina.

¿Quienes llevan un presupuesto o control de gastos en su casa? Si los demás escribieran eso, tuvieran un control de gastos, y sabría qué gana y en qué se lo gasta y podría ahorrar de una mejor manera. Eso es sabiduría. Recuerde que la disciplina y el orden son muy beneficiosos, nos permiten obtener cosas en la vida. Padres ordenados, tendrán hijos ordenados. Enséñeles a sus hijos a hacer lo mismo, a tener disciplina y control.

Noveno enemigo: Hacer castillos en el aire.

Debemos aprender que es bueno soñar. Pero todos tenemos que tener las manos levantadas hacia el cielo, y los pies bien puestos en la tierra. Todos los negocios son buenos en papel, pero cuando los pone a funcionar, no resulta. Tenemos que ser realistas. Cuando estaba estudiando esto, me puse a pensar en la parábola de los talentos. Cada quien tiene diferentes capacidades para hacer ciertos negocios. Al dinero que tiene puede sacarle más, multiplicarlo. No se meta a hacer cosas más grandes de lo que debe. Así no funciona un negocio. Todas las cosas comienzan pequeñas y llegan a ser grandes a través de un proceso. Si hay algo que puede matar su esperanza es estar endeudado.

Le voy a dar algunos puntos importantes para que esto no les suceda:

Comience por administrarse usted mismo bien. Haga un presupuesto. Tome todos sus ingresos, dé el 10% del diezmo, el 10% de ahorro y viva con el 80%.

  1. Planifique. Comience por hacer un presupuesto. Créame que Dios ya lo hizo, pero ¿cuál es la parte que usted va a poner para que se haga realidad en la tierra? Usted verá su fe despegar increíblemente cuando tenga su presupuesto y vea que su vecino gana tres veces más, pero vive peor que usted. Créale al Señor y Él le va a respaldar.
  1. Aprenda a economizar, cree una cultura de ahorro. Mis hijos han de estar cansados, porque les digo: “el teléfono se hizo para acortar distancias, no para alargar conversaciones”. Aprenda a economizar en las cosas pequeñas. Hay que comprar cuando está en oferta. Hay que ser inteligente para hacer las cosas.
  1. Aprenda a cuidar las cosas. De buen trato a las cosas, así duran más. Hay veces que por ahorrarse una cosita, le sale más caro el remedio que la enfermad. Aprendamos a cuidar cosas importantes que Dios le ha dado. Cuide su cuerpo, no abuse de él; si lo hace, no va a gastar ni en médicos ni en medicinas. Cuide su tiempo, el tiempo perdido jamás se repone. Aprovéchelo bien. Esa es otra forma de evitar el desperdicio del dinero.
  1. Cuide lo que Dios le ha dado. Aprenda a ser una persona ordenada, tenga un lugar para cada cosa. Me imagino que ya todos tienen en su casa un fólder con las escrituras de la casa, con los documentos de la funeraria, con sus facturas, etc. Sea ordenado, así las cosas le van a funcionar diferente.

Jeremías 10:12
El que hizo la tierra con su poder, el que puso en orden el mundo con su saber, y extendió los cielos con su sabiduría.

  1. Dios es un Dios de orden. Si mi papá es ordenado, ¿cómo debería de ser yo?
  1. Enseñe a administrar. Usted puede bendecir enseñando a sus hijos a valorar las cosas. Hay cosas que puede regalarles, pero no es lo mejor. Yo compré celulares iguales para todos, pero mi hija menor dejó en el escritorio el celular y alguien lo botó. Acabábamos de cambiar el celular, así que teníamos aún de los anteriores. Dejó este celular sobre el carro, se cayó y luego le pasó encima el carro. Entonces yo tenía uno guardado, pero se lo vendí. Y viera cómo le ha durado. Enséñeles a administrar a los hijos, no tenga miedo, pero comience con usted. A economizar, el valor del dinero, del trabajo. Déles obligaciones en la casa. Les hace mucho daño si no les enseña eso. ¿Cuándo ha ido su hija al súper? ¿Le ha enseñado a comprar? Si no le va a ir mal cuando se case. Cuando uno empieza, va viendo cómo le alcanza. No tenga temor. Si gana Q1,000 que pague la luz, es bueno para ellos. Eso les va a enseñar a desprender el dinero de su corazón, van a aprender a honrar a sus papás. La Biblia dice que si lo hacen que honren a sus papás. Si no trabajan, que hagan algo en la casa. Cuando les toque el momento de salir a trabajar, van a ser muy bien apreciados. El primer empleo que tuvo mi hija mayor fue de Asistente de Gerente de Recursos Humanos. Mi esposa les ha enseñado a trabajar bien. Mis hijos desde pequeños empezaron a trabajar. Ella llegó, pero empezaron a ver habilidades en ella y cuando menos lo sentimos, era la encargada de relaciones públicas del banco. Pero fue porque desde pequeña fue enseñada a llevar en orden un presupuesto, a no gastar en lo que no deben. No tenga temor de involucrarlos a ellos.

Hebreos 13:4
Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios.
Dios requiere que seas hallado un administrador fiel.

Proverbios 3:10
Y serán llenos tus graneros con abundancia, Y tus lagares rebosarán de mosto.

Mi chiquita comenzó a trabajar este año, se graduó de maestra. Tenía un trabajo muy bonito en un colegio prestigioso. El primer mes yo esperando que le cayera lo de su cheque y le dije: “¿Ya te pagaron? Entonces, pagame el teléfono que te di”. Aparte es cuando uno regala, y aparte cuando uno hace negocios. Y ella me dijo: “No te puedo pagar, es mi primicia”. Guardó su cheque completo, no tenía ni para la gasolina. Pero me acuerdo que tomó su cheque y se la trajo al pastor, le dijo: “esta es la primicia de mi trabajo y quiero que Dios me bendiga”. Y yo tengo toda la certeza de la bendición de Dios para su vida. Enseñe a sus hijos a hacer las cosas bien.

“Padre, gracias por tu presencia, la de tu Espíritu Santo, entendemos que hay enemigos del dinero, no queremos ser uno de ellos. Enséñanos a ser personas ordenadas,  previsoras. Tu Palabra dice que la fe sin obras es muerta y nosotros queremos que nuestra fe sea viva. Yo bendigo la vida de mis hermanos, que tu Palabra venga a alimentar sus vidas, dale sabiduría para hacer un presupuesto correcto, dales gracia para que los cielos sean abiertos y puedan llegar y negociar sus deudas en una forma sobrenatural. Te ruego que tu gracia y favor traiga una multiplicación tuya a su hogares. Amén”.