Ministerios Cash Luna
http://www.cashluna.org
El reino de Dios y Su justicia

He estado encontrando todos los principios del reino de Dios que nos van a hacer vivir de tal manera que seamos efectivos dentro del Reino. El fin vendrá cuando el evangelio del reino sea predicado a toda persona. Entendí algo: que el evangelio del Reino es una realidad sobre nuestra vida y será predicado efectivamente en aquellos hijos que vivimos efectivamente dentro del Reino de Dios. Usted y yo tenemos la responsabilidad de aprender a vivir, para que las otras personas reconozcan que sobre nosotros operan ciertos principios que hacen que nuestra vida sea diferente y que al ponerlos  en práctica, siempre vendrá una recompensa para nuestra vida.

 

Jesús les enseñó a orar así: “Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Reino”. No dice: “Venga a nosotros la riqueza, ni la prosperidad,” sino venga a nosotros tu Reino. Por desconocimiento, dejamos de poner en práctica ciertos principios. Usted debe enseñarlos por generaciones.

 

Vamos a aprender algo que va a repercutir dentro de su casa. Todo lo que le voy a compartir no va a funcionar si no lo pone por práctica. Esto tiene que ver con su fe, con el conocimiento que usted tenga, con las respuestas que por mucho tiempo ha estado esperando.

 

Mateo 6:25 

Por tanto, os digo no os afanéis por vuestra vida qué habéis de comer o vestir.

 

Habla acerca del afán y Jesús enseña acerca de confiar en El, de confiar en sus promesas y su Palabra.

 

33 Mas buscad primeramente l reino de Dios y su justicia y todas estas cosas os serán añadidas.

 

Quiere decir que Dios tiene un reino, pero dentro de ese reino, opera un principio muy valioso llamado justicia. Una cosa es que usted diga: “Voy a hacer que el reino me bendiga”, y otra es poner a funcionar la justicia del reino de Dios. El es justo, ¿usted confía en la justicia de Dios? ¿Cómo es la justicia de Dios? ¿La conoce? ¿Cómo opera? Dios es bueno, pero ¿cómo es El? Le da a cada quien de acuerdo a lo que le toca, pero eso es muy general. Tarde o temprano usted va a necesitar que Dios haga justicia en su vida a favor suyo. Dios me comenzó a revelar la segunda parte, que es la justicia que Dios hace, la justicia en las manos de Dios y hay una justicia que está en sus manos.

 

Buscad primeramente el reino… Sea un buscador del reino. En lugar de estar buscando cosas raras en Internet, busque el reino. En lugar de estar buscando novia, busque el reino. Haga que el reino lo siga, que se establezca. Jesús les enseñó: “pidan”. Venga a nosotros tu reino. Esto se pide. ¿Cuántas veces ha pedido: “Señor, establece tu reino en mi vida?”.

 

Busque la justicia. Le voy a hablar ahora de justicia, y cómo opera. ¿Sabe que tiene que ver con usted y con sus hijos? ¿Sabe que tiene el poder de pagarle de acuerdo a sus actos? ¿Que tiene su propia luz, que resplandece de tal manera que la verdad se evidencie?

 

Salmo 103:6 

Jehová es el que hace justicia y derecho a todos los que padecen violencia.

 

¿Qué tal esto para cuando las cosas están duras? Dios dice que Él hace justicia y derecho para todos los que padecen violencia. ¿Cuántos han sido víctima de la violencia? Debemos decirle al Señor que haga justicia, que creemos en su justicia.

 

Lucas 18:1

También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar.

 

Debemos ser insistentes. En el reino de Dios, el insistente es el que logra mucho, pero el débil, el que se rinde, el derrotado ese no va a lograr nada. El que dice: “Ahorita me respondes”, no puede llegar con Dios así. El principio es el siguiente: no desfallecer. El problema es cuando lo hacemos, cuando dejamos de creer insistentemente acerca de algo. La justicia de Dios tiene que ver con nuestra fe, con ver realizado lo que esperamos.

 

2 Diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario. Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia. Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles?  Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?

 

Aparecen en esta parábola varias cosas: orar insistentemente, perseverar en la oración. Uno deja de hacerlo cuando se da por vencido y la fe no le da para seguir esperando lo que Dios quería hacer con usted. Será bien pensado que venga una viuda a pedir justicia si esta viuda sabiendo que sí hace justicia, le va a caer a ella. Hay personas que piden justicia, y cuando se hace, se vuelve en contra de ellos. Va de pedir, y qué si al final los culpables son los que tanto pedían. Pero esta mujer decidió pedir justicia porque sabía que su causa era justa. Orar insistentemente. “El que persevera, alcanza, al que cree todo le es posible”. Vamos a pedir justicia porque creemos que El es justo, así como lo es nuestra causa, pero no pretendamos pedirla cuando el corazón que tenemos no es el correcto. Si pide justicia por venganza, o por demostrar algo, no la va a conseguir. Hay personas que dicen: “Lo que me hicieron no es justo”, eso déjeselo a Dios. ¿A cuántos de ustedes los han despedido injustamente? ¿A cuántos los han acusado de algo que no han hecho? ¿A cuántos de ustedes les han robado?

 

Si usted logra que ese verso se haga realidad en su vida, ya estuvo el mensaje de Dios. ¿Acaso Dios no hará justicia a sus escogidos que claman a El día y noche? ¿Se tardará en responderles? Les digo que pronto les hará justicia. El hace justicia pronto, pero no en el tiempo que uno quisiera.

 

Le voy a contar mi historia: Sucede que yo trabajaba en X lugar, y me esforcé, trabajé duro, hallé gracia frente al jefe del departamento y me comenzó a dar tareas de asistente. Por mis manos, pasaban varios millones de quetzales en efectivo. Ya era una responsabilidad grande, me daban las llaves de donde estaban todas las cosas de valor. Se fue el asistente y pensé: “Me van a hacer un examen”. Y ¿adivinen qué? Lo perdí. Pero con buen punteo, todos los demás sacaron menos que yo; sin embargo, pusieron a uno que había sacado menos que yo. Entonces, humanamente, se me retorció todo. Sentí cosas feas, pero dije: “Voy a seguir”. Pasé mi proceso difícil. Segunda oportunidad, esta vez no hubo examen, así que dije “está mejor”, pero igual pusieron a otro. Llegó la tercera oportunidad y se lo dieron a otro nuevamente. Y hasta ahí llegué, presenté mi carta de renuncia. Me dijeron: “seguí, ya estás cerca, habrá otras oportunidades”, pero yo ya estaba mal. Y me puse así porque empecé a ver mal a la persona que puso a tres personas antes que a mí. Pasé un proceso muy difícil. Primero uno dice: “Señor, ¿qué pasó?”. Uno pide justicia. Para no hacérsela larga, me fui y a la semana o quince días, ya tenía otro trabajo. Dije: “Hoy sí les voy a demostrar quién soy, y se van a dar cuenta que perdieron a una joya. Les voy a demostrar que yo puedo, que Dios está conmigo”, y ¿sabe qué paso? No me dieron a mí la oportunidad. Seis meses tardé en mi nuevo trabajo. Me puse mal.

 

Entré en un proceso donde tenía que cambiar mi corazón, porque los motivos que tenía para pedir justicia eran los incorrectos. Pedía, pero mal; creía, pero mal; esperaba, pero lo hacía mal, de acuerdo a mis motivos incorrectos. Pasaron los años, Dios me bendijo, me prosperó como nunca. El siguiente trabajo ganaba tres veces más que lo que ganaba en el anterior lugar y me fue mejor, después de ese proceso. Cuál fue mi sorpresa que llegó el día en que me llaman y dicen: “Pastor, aquí hay un señor que se llama tal y tal, representa a la iglesia xx y viene a pedir asesoría sobre el Modelo de Jesús”. La vida da muchas vueltas. Ahí estaba sentado el mismo señor que había escogido a tres antes que a mí. Me lo encontré, lo saludé, nunca le mencioné eso. Ni siquiera le pregunté nada. Porque sabía que desde ese momento, era el momento preciso donde se iba  a evidenciar el corazón que tenía: si era vengativo o resentido, era el momento preciso para evidenciarlo.

 

Efesios 5:1-13

Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante. Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos; ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias. Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios.

Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia. No seáis, pues, partícipes con ellos. Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz  (porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad),  comprobando lo que es agradable al Señor. Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas;  porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto. Mas todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas; porque la luz es lo que manifiesta todo.

Dios es justo, El hace justicia. Yo debo ser justo para cuando llegue el momento de hacer justicia. Leímos ahora la parte donde dice que todas las cosas cuando son puestas en evidencia, por la luz son hechas manifiestas. Hay momentos en la vida donde nos toca confiar que la misma verdad salga a la luz. Esta va a evidenciar lo que realmente se dijo, se hizo. A veces se dice que hemos cometido algo malo, pero la verdad es la única que va a evidenciar lo que hicimos, ya que simplemente es una acusación. Pero dentro del reino de Dios, hacer justicia, significa que la verdad salga a luz. Por eso, esta mujer se atrevió a pedir justicia porque sabía que su causa era justa. La justicia tiene su peso y la verdad también. Al final del proceso, la verdad siempre prevalece. Al que anda en tinieblas, eso le perjudica, pero si usted lo que hace es en la luz, lo que le toca es esperar que la verdad salga a luz y que se haga justicia. Le tomaron la herencia, espere que le hagan justicia. Sea justo usted, crea en la justicia divina; tiene que haber fe para creer en ella.

 

Malaquías 3:4
Y será grata a Jehová la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, y como en los años antiguos. Y vendré a vosotros para juicio; y seré pronto testigo contra los hechiceros y adúlteros, contra los que juran mentira, y los que defraudan en su salario al jornalero, a la viuda y al huérfano, y los que hacen injusticia al extranjero, no teniendo temor de mí, dice Jehová de los ejércitos.

Hay personas con las que uno no se debe meter. Asegúrese de ser justo con sus trabajadores. Porque cuando haga negocios, va a cosechar lo que con sus trabajadores ha hecho. No se meta ni con la viuda ni con el huérfano. Me gusta cuando dice: “Yo vendré a ustedes para juicio y seré testigo contra los hechiceros y adúlteros”. ¿Cree que hay gente que hace hechicería contra nosotros? Pero Dios dice que hará juicio contra ellos, para que no te hagan daño, yo te protegeré y haré que mi justicia sea sobre tu vida y sobre la de tus hijos.

 

En el reino hay justicia y opera sobre los hijos de justicia. Cuando la ha tenido en sus manos, ¿ha ejercido justicia o venganza? ¿Sabe qué ha pasado? Que si hoy estuviera la viuda aquí, diría: “Insistan, no desfallezcan, hay que orar de día y de noche”. De que Dios hace justicia, hace justicia. Estamos en un país donde necesitamos justicia divina y de hombres que sean justos para con los demás. Comienza con usted, con su trabajo y sus hijos.

 

Voy a pedirles a todas las personas a quienes les robaron, les quitaron o injustamente perdieron un trabajo, los señalaron de algo que no hicieron. Sabe que antes que yo me saliera del trabajo que le conté, me involucraron en un robo. ¿Sabe qué pasó? Salió a luz la verdad. Eran más de quince personas las involucradas, antes de que yo renunciara. Y no me fui hasta que salió a luz la verdad, porque a la verdad no hay que tenerle miedo, se necesita que salga y que se ponga del lado de quienes la tienen. La verdad paga y paga bien.

 

Voy a orar por cada persona que ha sido víctima de la injusticia.  “Padre, ya di tu Palabra, tu mensaje, aquí están tus hijos que claman por justicia y esto es aprender a vivir en el reino, conocer que el reino está a nuestro favor y que nos estás oyendo. Hoy pongo delante de ti la causa de todos ellos, quizás tomaron lo que era de ellos, quizás alguien se aventajó y los engañó, pero hoy como portador de tu Palabra y como creyente, te pido que se haga justicia, que tomes en cuenta la causa de cada uno de ellos, que haya un juicio del cielo y que la justicia opere sobre la vida de cada uno de ellos. Creo que eres un Dios justo y que hoy estableces tu reino, que vienes a establecer tu reino y tu justicia. Que hoy el peso de la verdad sea sobre sus vidas para evidenciar lo que es justo”.

 

Es justa su causa, póngala ahora delante de Dios. Diga: “Señor, haz justicia con esto que me han hecho, no busco venganza, no lo hago con rencor, ni por injusticia, pero creo que hay una justicia y saldrá a luz la verdad, sácala”.

 

“Hoy los bendigo, creo en el poder de tu Palabra y en el peso de la verdad. Una vez más, no buscamos venganza, sólo busco que me bendigas como lo has hecho siempre, saca a luz la verdad. Padre, muchas gracias. Amén”.