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El poder del quebranto

El ser humano tiene tiempos en su vida muy intensos, como cuando muere un familiar cercano, cuando se casa, etc. Pero en cada proceso y situación de la vida debe asegurarse de aprender la lección. No es necesario seguir viviendo ciertas circunstancias para entender las lecciones que Dios nos quiere dar. Ser personas que aprenden a la primera.

Hay cosas en la vida que se aprenden sin tener que vivirlas, pero cada quien decide cómo aprender. Nunca fue necesario un divorcio para que un hombre aprenda a tratar a su mujer; no es necesario tener una deuda para que decida no endeudarse. Debemos ser personas sensatas y reconocer que hemos cometido ciertos errores en la vida y sólo estamos cosechando lo que sembramos. En la vida pasamos ciertos procesos que a veces entendemos el porqué y a veces no, pero debemos pasar.

Hay algo que le sucede al ser humano. Cuando empiezan a llegar ciertas circunstancias adversas, como una enfermedad que empezó a dañar su corazón y a desgastar su vida. Es difícil a veces ver a una persona bien jovial que sirve a Dios, y de repente, verlo en una cama lleno de aparatos, pero esos procesos llegan. Vienen a provocar dentro de nosotros muchas cosas, pensamientos, sentimientos, reacciones, condiciones de vida y todo un ambiente a nuestro alrededor que tiene que ver con lo que estamos pasando. Y Dios aparece en medio de eso. Dios nunca lo va a dejar solo. Y no hay proceso por el cual pase que usted no pueda soportar, nunca lo olvide. Usted fue hecho de tal manera que Dios va a permitir que viva ciertas circunstancias no más de lo que pueda soportar.

Agárrese de Dios, tome las promesas y nunca se le olvide la Palabra de Dios, ni se le ocurra alejarse de El. Hay algunas personas que les pasa eso. Están con serios problemas, no hay salida, no ven por dónde se va a arreglar, pues la situación es seria. Y algunos deciden hablar, otros callar; algunos le ponen pausa y deciden expresarse después. Hay otros que dicen que no está, pero ahí está El. No nos damos cuenta por los sentimientos tan fuertes que llevamos, que Dios está ahí. Le hablamos, pero le hablamos mal. Dios seguramente, empieza a cantar, a silbar, empieza a hacer algo, porque eso fue lo que le dijimos: “que hiciera algo”. A veces decimos eso, y no es lo mismo decir: “Señor, necesito tu ayuda en esto,” ser específicos.

Pero no lo somos porque dentro de nosotros hay algo que no nos ayuda a ser efectivos para con él. Cuando ya logramos despertar en Dios, entender su lenguaje, relacionarnos con El porque le conocemos, Dios empieza a hablar. Le voy a compartir algo que comenzó cuando empecé a hablar con Dios, desnudé mi corazón delante de El.

De un tiempo para acá, empecé a vivir un tiempo difícil. Pasó de todo y yo decía: Dios, ¿qué está pasando? ¿Qué estoy haciendo mal? Uno se va por otro lado y es cuando Dios te empieza a hablar. Estos versículos hablan de cómo Dios empezó a hacer la obra en mí y lo va hacer con usted.

Aquí es cuando Dios empieza a hablar, pero ya fuimos específicos. Isaías 43:1-3

Dios empieza a hablar. Cada célula que forma su cuerpo, Dios la conoce. El dice yo estuve contigo en tu inicio. La palabra “redimí” en el original significa “yo te hice mi pariente cercano, te puse nombre y mío eres tú”. Usted le pertenece a Dios. No dejes que el temor se apodere de ti, que siga creciendo dentro de ti porque eso no permitirá que haga lo que quiere hacer contigo. El dice: “No temas, te puse nombre y mío eres tú”. Es importante que cada uno de nosotros sepa que somos posesión de El.

Dios está trabajando algo en usted, pero lo que está haciendo es empezar a trabajar. Empieza a decir palabras que empiecen a apuntar a eso. Dios está trabajando con tus sentimientos y con los sentimientos que las circunstancias te están produciendo dentro.

Cuando pases por las aguas, no te ahogarás; cuando pases por el fuego, no te quemarás. Hay que caminar, hay que pasar en medio del fuego. El no dice que los quitará. El dice que pasaremos por eso en la vida, el temor no nos deja avanzar, nos detiene, nos neutraliza. Saber que a pesar de todo, Dios está aquí y todo eso tiene un fin. Ese es el proceso de preparación, pero si no tenemos esa confianza, no vamos a pasar.

Pues Dios en mi proceso empezó a atacar los sentimientos que llevo dentro. Pero El me hizo sentir seguro de lo que soy y lo que tengo. Debo tener esa seguridad para dejar de tener temor.

No se le olvide que para El, usted es de gran estima. Le ha pasado que cuando tiene tiempo de conocer a alguien, siente estima por esa persona. Pues cuando Dios me formó, hallé favor, gracia, le agradé a El, provoqué algo en el corazón de Dios. Isaías 54:17 

Segundo proceso

Hay que tener autoridad. Usted sabe que la boca tiene poder, tiene que condenar todos los días toda lengua que se levante contra usted y bendígase a usted mismo. Bendiga a las personas. El pueblo judío, los papás todos los días en la mañana lo primero que hacen es llegar a la habitación de sus hijos y los bendicen. Dios me hizo entender que debe salir la autoridad de mi boca, y empecé a declarar cuanto espero en Dios y la fe que tengo, las cosas que van a pasar, porque yo sé que en mi boca hay un milagro. Hay días que me pregunto a mí mismo, me predico, me exhorto y recuerdo lo que aquí les he predicado. Casi siempre uno  habla de lo que uno ha vivido. Este mensaje me costó a mí, me dolió.

Entendemos que él empieza a cambiar nuestros sentimientos por medio de sus palabras. Isaías 57:15

El final del proceso, el resultado final de todos estos momentos que experimentamos en la vida, el objetivo que Dios ha permitido que lleguen las aguas, el fuego, que llegue todo lo que nos ha pasado, se llama quebrantamiento. Hay dos tipos de quebrantamientos. El quebrantamiento de Esaú (Isaías 49:8, es por haber cometido un error, es la consecuencia de nuestros malos actos. Pero hay otro tipo, el de José (Amos 6:6). Este es para llevarnos cada vez a ser formados como personas que en su interior hoy poseen una humildad mayor para lo que viene. El quebrantamiento es la antesala a la exaltación, pero cuando llega ésta a un necio, se corrompe; cuando llega a un orgulloso, se pierde. Pero cuando es consecuencia de algo, como José, es para hacer una persona a quien le pueda confiar cosas mayores.

No es castigo, es agarrar el barro y quebrarlo y hacerlo de nuevo con sus manos. No es porque lo hizo mal, es porque es una excelente persona y hay que llevarlo a otro nivel, esto se llama el quebrantamiento de Jesús. Yo le dije: “Si estoy en un pecado que no identifico, ayúdame. Pero entendí que mi proceso, el cual comenzó con mis sentimientos, me hizo entender que soy de El y el es mío, que debo usar la autoridad para confesar con mi boca. Pero más aún, pude comprender que era necesario que llegara al punto del quebrantamiento de mi vida para que al final del proceso sea un hombre diferente para hacer de mí una mejor persona. Y empecé a identificar todas las adversidades que llegaron a visitar mi vida, las circunstancias; incluso hubo burla, pero callé, cerré mi boca y esperé a que Dios me ayudara en medio de esto. El día que mi corazón se quebró entendí que el proceso estaba cumpliendo su propósito y el quebrantamiento fue necesario.

¿Qué tan importante es? Como la disciplina. Es parte de la necesidad del ser humano para que el corazón sufra un proceso que lo hará mejor. Puede ser que esté pasando adversidad, problemas y no necesariamente como consecuencia de los malos actos que cometemos, simplemente para llegar al momento del quebrantamiento. Se necesita fe, la fuerza de Dios, necesitamos tener el corazón correcto para que ese momento llegue, porque hay algo que Dios quiere tratar en nosotros y se llama orgullo. Y el único que sabe cuán orgullosos somos es Dios, ni siquiera nosotros mismos lo sabemos a veces.

Disponga su vida para pasar por ese proceso. Dígale al Señor que está dispuesto a que pruebe su corazón y si el quebrantamiento es necesario, aquí estoy, voy a confiar en ti, voy a esperar en ti, no me echaré para atrás y voy a creerte, sé que estás conmigo, que nunca me has dejado, nunca me has abandonado, creo en tus promesas y nunca me dejarás.