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Lo mejor que puedes darle a tus hijos

Dios es especial, está vivo, es real, es verdadero, nos escucha, tiene el control de nuestra vida. Quiero contarles algo que me sucedió: Estaba el fin de semana frente a la computadora y encontré un archivo que me llamó la atención, lo abrí y me encontré con una sorpresa que tocó mi corazón y hoy quiero compartirla con ustedes. Es una presentación que hizo mi hijo sobre sus sueños. En ella menciona sus sueños a corto plazo, como graduarse de la universidad, estudiar un post grado y graduarse con buenas notas para honrarnos, empezar a trabajar y tener su propia empresa; conocer el plan de Dios para su vida, llegar a ser el mejor hermano, hijo, jugador de voleibol y uno de los mejores líderes. Entre sus sueños a largo plazo, menciona ser un empresario exitoso, que su empresa dé la gloria a Dios, casarse con la mujer que Dios tiene para él, ser un líder que impacte a su nación por la unción que Dios ha puesto en él, ser un maestro en la Palabra, tener dos hijos.

Cuando yo vi esto, mi corazón se partió, pues qué responsabilidad, y qué importante enseñarles a nuestros hijos a soñar y traer a realidad los sueños que tengan.

Deuteronomio 7:9-15 Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones; y que da el pago en persona al que le aborrece, destruyéndolo; y no se demora con el que le odia, en persona le dará el pago. Guarda, por tanto, los mandamientos, estatutos y decretos que yo te mando hoy que cumplas. Y por haber oído estos decretos y haberlos guardado y puesto por obra, Jehová tu Dios guardará contigo el pacto y la misericordia que juró a tus padres. Y te amará, te bendecirá y te multiplicará, y bendecirá el fruto de tu vientre y el fruto de tu tierra, tu grano, tu mosto, tu aceite, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas, en la tierra que juró a tus padres que te daría. Bendito serás más que todos los pueblos; no habrá en ti varón ni hembra estéril, ni en tus ganados. Y quitará Jehová de t toda enfermedad; y todas las malas plagas de Egipto, que tú conoces, no las pondrá sobre ti, antes las pondrá sobre todos los que te aborrecieren.

Esto es impresionante. No sé si logras captar la dimensión de esta promesa para la vida de nosotros sus hijos. Cuando yo leía este trabajo de mi hijo sobre sus sueños, me puse a pensar cuánto nos esforzamos por dejarles cosas materiales o una carrera universitaria, pero la Palabra de Dios dice que si hay algo que podemos heredarles, es que les enseñemos a amar a Dios, a temerle a El, que ellos sepan que El es Dios y que es fiel. Comenzó a pasar por mi mente toda nuestra vida y le dije al Señor: -Si hay algo que yo le pueda dar a mis hijos, que sea que te amen, que te teman-. El me dijo: -Siembra-. ¿Qué siembro? –dije-. El respondió: -Que crean-.

Mi esposa y yo tenemos unos 27 años de conocer al Señor. Fue muy especial, nos conocimos muy jóvenes; ahora tengo hijos ya grandes, llegaron todos a tiempo. Nos hicimos novios con Ana María; dos semanas después, mi mamá pasó una película que se llamaba La cruz y el puñal, en el lugar donde trabajaba. Ese día aceptamos al Señor. Nuestra vida empezó a caminar y desde el primer instante, decidimos servir a Dios. Pasamos cosas importantes juntos: lo aceptamos como nuestro Señor y Salvador, nos bautizamos, servimos en el grupo de jóvenes, recibimos el don de lenguas, la llenura del Espíritu Santo. Si yo era el director de alabanza, ella estaba en el coro. Ella siempre estaba conmigo, pastoreábamos parejas. Toda nuestra vida tuvo que ver con estar cerca de Dios y servir al Señor. Pero cuando me ponía a meditar en eso, recordaba que mis tres hijos nunca fueron un estorbo, sino parte del equipo que Dios hizo. Jamás fue sólo nuestro ministerio, sino el de toda la familia. Pastoreábamos jóvenes adultos y mis hijos estaban pequeños. Ahí estaban ellos, mientras nosotros predicábamos. Sé que lo que Dios nos ha permitido hacer por nuestra familia trascenderá por generaciones.

Esa noche me senté a escribir algo para ellos, que les daré el día que se casen, y hoy lo quiero compartir con ustedes.

Dios juró para mí y para ti esta promesa del libro de Deuteronomio. Y si tú quieres hacer que la bendición trascienda por mil generaciones, algo tienes que hacer para que suceda. Te lo digo por experiencia. Eso no significa estar sentado, recibir una conferencia y luego irte a tu casa. Sino, requiere una vida comprometida, la cual tus hijos la vivan contigo. Te recomiendo que les dejes a tus hijos la capacidad de soñar; tenemos problemas, defectos, pero nos hemos ocupado de llevar a nuestros hijos a los pies del Señor.

Quiero compartirte nuestras experiencias para que tú las traslades a tus hijos.

La titulé: La mejor cosa que le puedes dar a tus hijos. ¿Qué es lo más importante que los papás podemos hacer por nuestros hijos? Que conozcan que Dios es fiel y guarda el pacto y la misericordia de los que le aman y guardan sus mandamientos. Hemos tenido pruebas, pero nunca nuestra boca se ha levantado en contra de Dios, porque sabemos que una palabra mal dicha puede impactar la vida de los jóvenes y las generaciones venideras.

Algunos consejos para tus hijos:

 
  1. No darles grandes consejos, sino darles el ejemplo. Nuestro actuar tiene que gritar más fuerte que nuestro decir, porque muchas veces, nuestras palabras no son consistentes con nuestros hechos.
  2. Aplicarles disciplina, en el amor del Señor.
  3. Ser consistentes todo el tiempo, que tu “sí” sea sí, y que tu “no” sea no. Salvo que hayan suficientes consideraciones para cambiar de opinión.
  4. Aprende a ser el mejor amigo de tus hijos todo el tiempo y toda la vida. Cuando mis hijos entraron a la adolescencia, les dije: “No importa lo que hayan hecho, no me mientan, díganmelo, vamos a buscar soluciones”. La Palabra dice que nos acerquemos al trono de la gracia, para hallar el oportuno socorro. Que tus hijos siempre encuentren unos brazos donde refugiarse en los momentos difíciles.
  5. Procurar que tus hijos tengan la mejor familia, para que siempre cuenten contigo. Mis suegros siempre tenían las puertas abiertas para toda la gente, preferían que ellos estuvieran en casa. Hay que tener cuidado que los hijos no sean un estorbo, sino una bendición, porque luego uno puede ser el estorbo para ellos. Lo más importante que les puedes dar es la garantía que amas a papá o a mamá sin ninguna duda. Pueden haber problemas, no somos perfectos, pero deben de saber que aunque discutamos o nos lastimemos, estaremos unidos. Una vez me molesté muchísimo con Ana María, y le dije: “me voy”; cerré la puerta y afuera estaban mis tres hijos, les hubieras visto la cara. Decían: “No, papito, no te vayas”. Lo peor que me pudo haber pasado es ver la cara de esos muchachos llorando. Sólo me quedó decirles: “perdónenme” e ir con su mamá y con Dios a pedir perdón.

    Si quieres consolidar a tus hijos, siembra en ellos que papá y mamá están certeros en el matrimonio en que están. La única manera en la cual tus hijos pueden cambiar, comprender, conocer a Dios es viéndolo a través de ti como mamá y papá. Pueden escuchar un montón de prédicas o tratar de conocer a Dios de cualquier manera, pero la única manera que ellos lo van a conocer es a través tuyo. Tienes una gran responsabilidad de cambiar y de ser un hombre a la imagen de Dios. Cuesta muchísimo, pero ahí es donde aprendes a morir para que tu cónyuge y tus hijos vivan mejor, para que mil generaciones sean benditas. El poder morirse tranquilo, porque mil generaciones recibieron bendición por cuanto fuiste obediente a Dios.

Que sepan que papá y mamá están comprometidos permanentemente el uno al otro. Hay palabras que no se deben decir en casa: “Me voy, te dejo, nos divorciamos”. Que sus hijos sepan que aun en tiempos difíciles, van a permanecer. Vienen tiempos de abundancia, tiempos de escasez, de prueba, pero tú y tu esposa deben de estar firmes todo el tiempo, bien afirmados.

 
  1. Que tus hijos sepan que cuando enfrentes problemas que no puedes afrontar por ti mismo, buscarás ayuda con alguien. La gran bendición que tenemos en esta iglesia es tener nuestra célula, amigos con quienes compartir las cargas. No hay excusas para decir: “no tengo a quién ir y a quién buscar”.

  2. Que tú les indiques que el amor es más que un sentimiento. Es una decisión. Es una actitud del corazón. No decir: “porque no te siento, te dejo”. Explicarles que el amor y la vida en sí es más que sentimientos. Otra cosa importante es que a pesar que la magia, el encanto haya desaparecido, que ya no sientas algo espectacular por tu esposa o esposo, amor significa que permanecerán juntos. Si juraste estar con esa persona, hay que quedarse. Si no se siente, algo tendrás que hacer para que eso cambie. Si esto no se da, si la situación no está como para eso, para el amor, la magia, ¿qué hacemos? Si no sientes ese “algo” por tu esposo o esposa, vas a poder entender que muchas parejas no se sienten enamorados, porque han dejado de actuar y pensar como que lo estuvieran. Es porque tú dijiste: “esta vieja ya no”, “menos este pelón y panzón”. Muchísimas parejas, una vez los hijos se van de casa, el marido hace sencillo a la esposa por dos de a 20. Cuando de verdad viene la mejor época, cuando no hay que mantenerlos, no hay que darles de comer, pueden agarrar camino sin ver quién los cuida. Para ese momento, se perdió el amor, la amistad, fue en algún momento que algo se desconectó. ¿Qué hacer para volverse a enamorar? La pregunta es: ¿Tú sabes hacer amigos? Lo único que tienes que hacer es volver a comportarte con tu esposo o esposa como cuando la estabas enamorando. No había montaña tan alta que no escalaras, tú ibas y traías lo que ella quería, y viceversa. Ella se arreglaba, se ponía bonita, se cuidaba; vuelve a hacer eso. Si se perdió el amor, enamórala otra vez. Si por sus hijos se engordó un poquito, pues hay que bajar un poquito, lo mismo el esposo. Dedíquense tiempo, no se necesitan grandes cosas.

  3. Recuerdo cuando le dije a mi esposa cuando éramos novios: “Te voy a llevar a comer al lugar más rico de Guatemala”, y la llevé a comer chicharrones con picado de rábano. Ese era mi “quedar bien con ella”, pero para eso me alcanzaba. Sé amigo de tu esposa, deja a tus hijos con alguien, y salgan juntos, pero que surja aquello otra vez. Hay que volver a ser amigos.

  4. Interactúe con mamá o papá como que son amigos. No hay cosa más sabrosa para los hijos que eso. No sólo que estén peleándose. Su amistad y el amor crecerán conforme a su comportamiento. Amor es una disposición del corazón. ¿Dónde están los abracitos que le dabas a tu esposa en aquellos momentitos solos que les dejaban cuando eran novios? Aprovecha de lo pícaro sano que se da en el matrimonio, lo bonito de disfrutar. Cuando uno se pone a pensar en comenzar de nuevo con otra persona, no sería nada fácil tampoco.

Amar y perdonar es una disposición del corazón; odiar también. El problema es que nosotros decidimos dejar de amar cuando la otra persona ya no nos hace feliz, cuando la Palabra dice que es mejor dar que recibir. Amar es una decisión de tu corazón. El comportamiento afecta los sentimientos; los pensamientos afectan los sentimientos. 

Cambia tu forma de pensar para que cambie tu forma de vivir. Cuando te casaste, hiciste una promesa: En tiempos buenos, y en tiempos difíciles, hasta que el Señor nos lleve a su presencia. Transcendamos; lo que le vamos a enseñar a nuestros hijos, va trascender por generaciones.

¿Qué puedes hacer en tu matrimonio?

 
  1. Enfócate en lo bueno de tu pareja. Creo que más de alguna cosa buena tiene que tener tu pareja. Sino, desde el principio lo hubieras descalificado.
  2. Pon a la otra persona de primero. Honra a tu mujer y verás los resultados, dale su lugar.
  3. Trata de dejar a un lado los errores. Comenzando por ti, todos tenemos nuestros errores. Si comienzas con alguien más, también va a tener errores.
  4. Pedir perdón aunque sintamos no tener la culpa. Tú no sabes si mañana amanece o no vivo tu cónyuge. Además, estar aguantando al otro enojado, qué horrible. Es tu mitad, sin ella o él no estás completo o completa. Sácale el mejor gusto a todo. El tiene un plan perfecto para ti, que tengas un buen matrimonio. Dios ya puso su parte, ahora pon tú la tuya. Hay cosas que Dios no hace por nosotros.
  5. Nunca te olvides de actuar y pensar de la forma que lo hacías cuando eran novios. Acercarte, abrazarla. El gusto de tomar algo juntos, salir a pasear, conversar; es muy importante que lo puedas hacer con tu cónyuge. Si tu matrimonio está pasando por problemas, ten en cuenta que la mayoría de peleas se llevan a cabo en nuestra mente. Es más grave lo que tú estás pensando que lo que realmente es. Decide si tu matrimonio vale la pena, y sálvalo. Cuando decidas cambiar de actitud, todo va a caminar bien.

En una ocasión, vi un par de viejitos que habían vivido juntos durante 30 años, pero que no se conocían, y dije: “No quiero eso para mí”. Dios me dijo: “Cambia”. Dios ya decretó que nuestro matrimonio es de bendición. En lugar de darles cosas costosas a tus hijos, dale la seguridad que ustedes están juntos en esto. Ese es el mejor legado que les puedes dar a tus hijos, que puedan ver a Dios en ti. Los hijos van a aprender de lo que ustedes digan y hagan.

Trágate el orgullo. No es tu enemiga o enemigo, es tu cónyuge. Si hay problemas, busquen consejería o vayan a un retiro de matrimonios. Dejen cualquier actividad y dedíquese a que todo funcione. A veces, la televisión es el peor enemigo de un matrimonio. Hazlo, tus hijos te lo van a agradecer. Jesús dijo: “Separados de mí, nada podrán hacer”.

Si estás pasando por problemas en tu matrimonio, Dios te trajo a este lugar para que fueras transformado. No te vayas sin ponerte a cuentas con Dios, con tu cónyuge, sin disponer en tu corazón ser alguien distinto, que tus hijos puedan soñar, que ellos puedan ver a Dios reflejado en tu vida.