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Una imagen de esperanza

1ra. Samuel 1:1-7. Dios estableció el matrimonio monógamo, este hombre tenía una gran virtud y era que había educado a su familia para que cada año presentaran sacrificio a Jehová, eran un viaje bastante largo y aun así el se tomaba el tiempo de ir, se tomaba el tiempo para hacerlo todo bien, y presentar un buen sacrificio, pero el tenia problemas familiares grandísimos, por que en ese tiempo el nivel de vida moral había bajado mucho todos los principios que había establecido Moisés estaban desapareciendo, la poligamia lo practicaban los gobernadores, los reyes, los ricos, pero esta era una costumbre pagana, que se practicaba en la clase rica y media. Lo hacían por política y porque estaban interesados en tener una descendencia. Los hombres se casaban por primera vez y, por lo regular, siempre sus esposas eran estériles, era por eso que se casaban con una y otra.

1ra Samuel 1:8.  ¿Cuántos de nosotros hemos tenido una necesidad? Todos tenemos necesidades. Dice acá: “fue por amargura de alma”. En un sólo versículo, vemos que empezó dando; a la mitad, pidió, y terminó dando. Yo creo que sólo Dios puede provocar en nosotros el poder dar, y no sólo pedir y pedir. Ella sabía que Dios podía suplir lo que ella estaba pidiendo, pero ella venía  a darle a Dios.

1ra Samuel 1:13-15. Nosotros muchas veces estamos de esta forma, y nuestra familia nos dice “qué te pasa, te veo diferente”, pero es porque nuestra alma está necesitada. Esta mujer anhelaba algo, deseaba algo con todo su corazón. El Señor la había bendecido con un esposo que la amaba y la respetaba, tenía muchas bendiciones, pero le hacía falta algo: un hijo. Muchas veces, nuestra realización es querer ser sano, feliz o poder dar más fruto, pero no sabemos cómo obtenerla.

¿Tú quieres ser una persona realizada? ¿Qué está anhelando tu alma y tu corazón?

1ra Samuel 1:16-18.  Yo les digo que no hay necesidad de esperar a estar tan mal para poder pedirle a Dios lo que necesitamos. Pero aquí vemos que así fue, hasta que ya no pudo más,  empezó a pedir. Por eso es que tú estás aquí, porque tienes necesidad de algo, pídelo hoy, ya no esperes más.

Acompáñame a Proverbios 13:12, “La esperanza que se demora es tormento del corazón; pero árbol de vida es el deseo cumplido.”

El Señor nunca se avergüenza de nuestra esperanza, pero es mejor ver el deseo cumplido.

Santiago 5:13-15. ¿Está alguno entre vosotros afligido?  Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas. ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor.  Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados.

Ana era una mujer que deseaba algo, y era tener un hijo. Ella le hizo un voto al Señor, y fue que al nacer, se lo entregaba a El. Muchas veces nosotros somos así, le decimos al Señor “yo te entrego a mi hijo”, y luego se nos olvida y ni siquiera lo traemos al templo.

Cuando Elí le dio a esta mujer una palabra de fe, ella se fue tranquila. Así quiero que tú vengas hoy, que le puedas ofrecer, luego pedir y después ofrecer para que el Señor te pueda dar ese milagro que tú quieres, porque el Señor sí responde.

Filipenses 4:19.  Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falte conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.

Aquí dice “mi Dios”, aquí no dice el alcalde, el gobierno, mis papás. Aunque el Señor pueda usar a esta gente, aquí dice “mi Dios”, porque de El viene todo lo que te hace falta. A ese hijo que está en drogas El lo quiere transformar, esa enfermedad, ese problema económico, El lo puede transformar.

Desde el momento que le dijimos “sí” al Señor, están abiertas esas puertas de bendiciones que hay para ti, y que cualquier frustración que hayas tenido, El la quiere restaurar.

Hoy vamos a escuchar este milagro que es real, tan real como que Jesús te puede sanar y hacer ese milagro en tu vida hoy.

Testimonio de Martita de Cifuentes
 “Para mí es un privilegio estar aquí. En diciembre del 2005, me confirmaron cáncer de tercer grado en la mama, nunca llegué a creer que era tan grave. Detecté en mi ser una bola de tamaño de ping pong, y al día siguiente, fui al médico. El me hizo una biopsia y a los tres días me citó y me dijo “tienes cáncer, y no me gusta cómo está, necesito más exámenes”. Ahí empezó lo serio de mi situación. Cuando me dijo eso, yo le dije “quiero que todos los exámenes y los resultados me los des a mí y no a mis hijas”. Luego, a la semana y media, me los dio, y me informó que necesitaba unas cinco sesiones de quimioterapia. Me habló de una manera que me dio ánimo, pero fue muy duro para mí. Luego me fui a mi casa y lloré tanto que ya no me acuerdo cuanto fue. Le reclamé al Señor por lo que me estaba pasando, pero cuando me calmé, sentí su mano en mi hombro y me dijo: “te quiero de testimonio”. Le dije “Señor, estoy dispuesta; si ese es el propósito, lo haré”. Mi hija llegó y me preguntó qué me estaba pasando y le conté. Entonces, me llevaron  con otro doctor, y me hicieron otro montón de exámenes.

Fue un diciembre muy diferente y no sabía cómo lo iba a pasar, pero en ese momento, oré y le dije “Padre, estoy dispuesta, sólo quiero pedirte una cosa: Sé que esta enfermedad es devastadora,  no devastes a mis hijas, sostenlas, por favor. Te lo entrego y sé que tú suplirás”. Fue tan linda la unidad de mis hijas, cada examen, cada aplicación, estuvieron conmigo, tanto que en la primera aplicación, hicimos una oración para que primero entrara la sangre de Cristo en mí. Y fue así que a partir de ese momento, El tomó la autoridad. Clínicamente no tuve ninguna complicación, no tuve náuseas. Los pastores oraron por mí, me ungieron con aceite, y esa noche descendió el Espíritu de una manera tan bella. A partir de eso, no tuve temor a la muerte, porque El me pidió que fuera un testimonio para todos ustedes de que su Palabra es verdadera.

El diagnóstico del cáncer era algo muy grande, no daban seguridad de que yo soportara tanto tratamiento. Pero aquí me tienen testificando que El me sanó, y he podido hacerlo en iglesias, en diferentes países; he compartido lo que el Señor ha hecho en mi vida.

Cuando me dieron de alta, fui a servir, a contar mi testimonio, y lo seguiré haciendo hasta que el Señor me llame.”

Ella recibió como Ana la palabra del sacerdote y nunca más volvió a estar triste.

Si tú tienes una enfermedad, pon tu mano en tu costado, y haz esta oración conmigo: “Reprendemos toda enfermedad, toda mentira del diablo, todo cáncer, todo sida, quiste, sea desaparecido, úlceras, diabetes, anemia, hoy reprendemos todo nombre que le quiere poner el diablo a esa enfermedad.” Hoy sé sano en el nombre de Jesús, el Señor te va ha sanar totalmente.”

Y por último, vamos a hacer una oración para que ocurra el milagro más grande que pueda haber en tu vida, y es el de recibir a Jesús como tu único Señor y Salvador.

Y repite esta oración conmigo: “Señor Jesús, te recibo en mi corazón, reconozco que soy un pecador, cámbiame, límpiame y deseo hoy ser tu hijo”.