Ministerios Cash Luna
http://www.cashluna.org
Los piadosos tendrán unción

Simeón es un hombre que se menciona una sola vez en la Biblia, no tiene la relevancia de Pedro, Marta, María o Juan, pero allí está, con la salvación de la  humanidad en los brazos1. ¡Imagina lo que significó cargar a Jesús cuando tenía 8 días de vida! Más aún, lo que significó tener la revelación de que Él era el Salvador del mundo. Definitivamente fue un gran acontecimiento. La Palabra dice que el Espíritu lo movió a ir al templo, donde recibió el regalo que tenía prometido por ser justo y piadoso. Nunca menosprecies ir al templo porque no sabes cuándo Dios te pondrá en las manos la bendición que esperas. Simeón seguramente era un hombre muy especial ya que el Espíritu estaba sobre él y le había dado revelación sobre lo que sucedería.

El Espíritu de Dios está con Sus hijos, pecadores o no2. Así es, no te escandalices. ¿Quien redarguye al pecador? es Él, ¿Quién da el impulso para buscar una nueva vida  en el Señor?, Él es quien puede hacerlo, nadie más, así que el Espíritu Santo está a nuestro lado y nos redarguye para que volvamos nuestra mirada al Padre y le busquemos.

Además, el Espíritu Santo anhela estar en nosotros, es decir, en nuestro interior3. Es como el agua que puede estar con nosotros, a nuestro lado, pero estará en nosotros y nos dará vida cuando la tomemos. Por lo tanto, el Espíritu Santo debe estar en nuestro interior para provocar un nuevo nacimiento y revelarnos que Dios es nuestro creador y también es nuestro Padre.

El Espíritu Santo también puede estar sobre nosotros y otorgarnos poder para hacer milagros, señales y prodigios. Es el ungüento, la unción que viene de lo alto sobre nosotros4. Cuando nos bautiza, somos sumergidos y nuestro cuerpo se reviste con Su Espíritu poderoso. Jesús tenía ese poder sobre Él, por eso dice la Escritura que las personas tocaban Su manto y quedaban sanos. Mi búsqueda de esa unción fue incesante, oré y la pedí de muchas formas, hasta que una noche, mi esposa Sonia y yo sentimos cómo literalmente nos hundíamos en la cama, cubiertos por una fuerza sobrenatural. Yo tenía los ojos cerrados y al sentir el peso, pensé que mi esposa me cubría con otras cobijas para protegerme del frío, pero al abrir mis ojos, descubrí que solamente tenía encima una ligera frazada, entonces le dije a mi esposa: “Sonia, es Él”. Y ella me respondió: “Sí, es Él”. Desde entonces me ha ungido con poder para sanar y bendecir a muchos.

El Espíritu Santo vendrá sobre ti y te dará refrigerio. Todo yugo será podrido y toda enfermedad se irá en nombre del Señor. El Espíritu Santo es óleo de gozo sobre tu cabeza, es manto de alegría que te hará reír porque en Su presencia no hay tristeza ni dolor.

El Espíritu viene cuando hay obediencia y unanimidad, tal como Jesús dijo5. Habrá sanidades y prodigios cuando Él se derrame sobre nosotros, así que debemos buscarlo, para adorarle y pedirle que esté a nuestro lado, habite en nuestro interior y nos cubra para hacer la obra que Dios nos pide. Dale gracias al Señor por Su Espíritu que te dará revelación y poder.

Para ver la salvación como Simeón, debemos imitarlo en sus cualidades de justicia, piedad y paciencia. Es decir que debemos vivir conforme a los mandamientos de Dios y someternos a Sus preceptos. Además, debemos ser piadoso y amar a los demás. Tal como lo hizo Simeón y también Cornelio, otro hombre del que nos habla la Biblia. Este varón era piadoso, oraba al Señor y daba limosnas al pueblo, favorecía a la gente con sus bienes. Entonces, recibió tres bendiciones, primero, se le apareció un ángel anunciándole que sus oraciones y limosnas estaban delante del Señor. Esa es la primera bendición, habrá actividad angelical en nuestra casa, veremos la sobrenaturalidad de Dios en nuestros hogares y trabajos.

La segunda bendición fue que el apóstol llegó a su casa y la tercera bendición fue que le dijo lo que debía hacer. Hombres de Dios te edificarán, te darán Palabra para que tú y muchos otros vean la salvación. El Espíritu Santo visitó la casa de Cornelio y la salvación llegó a los gentiles. ¡Somos salvos gracias a aquel hombre! Simeón, hombre piadoso, cargó la salvación, y Cornelio, hombre piadoso, abrió las puertas de la salvación a todos. Así que si deseas ver a tu país a los pies de Cristo, debes ser justo y piadoso.

Además, debemos ser pacientes, como Simeón quien dijo: “No moriré hasta ver cumplida mi promesa”. Dios nos ha prometido que veremos la salvación de nuestras familias y así será. Pídele que te haga una persona justa, piadosa, generosa, paciente y con empatía, que espere y trabaje por el consuelo, la salvación y la sanidad de los demás.

 

1 Luca 2:25 dice: Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor. Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley, él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo: Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, Conforme a tu palabra; Porque han visto mis ojos tu salvación.

2 Juan 16:8 explica: Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.

3Juan 16:8 explica: Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. 3 Juan 20:22  cuenta: Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo.

4 Lucas 24:49 da esperanza: He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.

5 Hechos 2:1-4 relata: Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.