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Rey de reyes

Todos conocemos la historia de los reyes que llegaron a Belén a adorar al niño Jesús. En el original, la palabra “magos” se traduce como “sabios”, es decir que eran reyes sabios, no artistas que hacen magia o adivinadores comunes. Eran la élite de ese tiempo, la realeza y llegaron a adorarle, a reconocerle como el Rey y Señor. Así que la celebración del nacimiento de Jesús es un tiempo de adoración.

Al leer detenidamente la historia de los reyes magos vemos que Herodes y toda Jerusalén se alarmaron. Esto ofrece una pista sobre la importancia de esa caravana que llegó porque ¡ningún rey con todo su pueblo se asusta por la llegada de tres magos en sus camellos! Definitivamente era algo impresionante y no eran solo tres, sino eran muchos reyes con su séquito, sus ejércitos y sirvientes. Estoy convencido de que fue algo impresionante e intimidante por el poder y majestad que mostraban. Pienso que fue parecido a lo que sucede ahora cuando un jeque o rey de oriente viaja. Al verlo es algo exagerado porque incluso se trasladan en un avión y sus carros de lujo van en otro, ya que un ellos no alquilan transporte. Además, reservan los hoteles más lujosos y no una o dos habitaciones, sino el hotel completo para alojar a toda su comitiva. Herodes no tuvo miedo de un pequeño bebé y tres magos que lo visitaban. ¡Tuvo miedo del poder de los aliados del futuro Rey de los Judíos, de la capacidad de movilizar a los reyes más poderosos de la tierra!

Entonces, al llegar frente al niño, los reyes se postraron y le adoraron1. Tú también eres rey y sacerdote, así que no debes dudarlo, adora a tu Señor, reconociendo que Él es el Rey supremo. Luego de postrarse, le ofrecieron oro, incienso y mirra. Esto también es significativo porque al darle oro, metal precioso reservado para la realeza, le reconocían como Rey. Al darle incienso le reconocieron como Dios porque era un elemento reservado para adorar. Y darle mirra era como identificar en Él a quien habría de morir por nuestros pecados, ya que esta era una sustancia que se le ofrecía a quienes morirían. Al recibir todos estos regalos, ¿crees que Jesús fue pobre? ¡Por supuesto que no! Recibió tesoros desde Su nacimiento y de hecho en Su ministerio tuvo a Judas como tesorero. Nadie sin tesoro tiene un tesorero. Así que nosotros también debemos honrarlo con nuestros tesoros y bienes, porque somos parte de la realeza y sabemos que entre reyes se rinde honor con cosas valiosas.

Otro aspecto importante a meditar sobre el nacimiento de Jesús es lo que sucedió con el alojamiento. Lo primero es notar que nacer en un pesebre fue una circunstancia desafortunada, pero no fue un hecho pensado para darnos una lección de humildad. Cuando Jesús nació, María lo envolvió en pañales y lo puso en el pesebre porque no había lugar en el mesón, esa es la única razón. Y esto nos hace pensar en dos cosas: primero que debemos aprender que hay circunstancias difíciles que es necesario superar, evitando sentimientos de inferioridad. Ciertamente somos hijos de Dios, sin embargo, enfrentaremos problemas y situaciones desagradables que no deben derrotarnos, porque sabemos que nuestro Padre nos dará fortaleza para salir victoriosos. María pudo dudar de que su bebé realmente fuera el Hijo de Dios, porque cualquiera pensaría: “Dios tendrá todo preparado, me darán la mejor habitación del lugar”. Sin embargo, ella no dudó y cuando llegaron los reyes a adorar al niño, toda la majestad y honra manifestadas comprobaron que ese pequeño bebé era el Hijo de Dios. No temas porque en medio de la aflicción sucederán acontecimientos que te darán certeza en las promesas del Señor.

El segundo aspecto a notar en este tema del alojamiento de Jesús recién nacido es la actitud del mesonero quien no le dio posada a María y José porque no reconoció en ellos a los padres terrenales del Hijo de Dios. No te sientas mal porque otros no reconocen quién eres y lo que vales. Tu Padre Celestial te dará la oportunidad para demostrar al mundo que Él habita en ti y tu potencial se manifestará para bendecir a quienes te rodean. Además, esta actitud del mesonero también nos enseña a poner atención y recibir al Señor como se merece, dándole el primer lugar en nuestra vida. Él es Rey de reyes y Señor de señores, digno de toda la honra y la gloria, merece que le adores, le ames y le entregues tu vida por completo. No mandes a Jesús al pesebre, al establo, dale el lugar privilegiado que le pertenece, dale tu corazón lleno de amor y agradecimiento por nacer entre nosotros y regalarnos la vida eterna.

 

1 Mateo 2:1-11 relata: Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta: Y tú, Belén, de la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un guiador, que apacentará a mi pueblo Israel. Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore. Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.