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Las pequeñas cosas que producen mucho

Luego de meditar en la Palabra, he descubierto que el caso del pueblo de Israel nos ofrece una valiosa enseñanza sobre las oportunidades que tenemos como hijos de Dios. Muchos piensan que los gigantes en la Tierra Prometida impedían que los israelitas la conquistaran, pero era al contrario. Esos gigantes prácticamente cuidaban la tierra porque no permitieron que nadie más que los elegidos del Señor la conquistaran, aquellos que valientemente creyeron que podían lograrlo. ¡Tú puedes conquistar lo que otros no logran porque tienes fe y conoces al Señor quien te ayudará a derribar esos gigantes que han cuidado lo que te pertenece! Hay gigantes guardando tu bendición, pero debes luchar por alcanzarla porque sólo lo lograremos quienes confiamos en el poder de Dios y aprovechamos la oportunidad.

Algunas personas se llenan de amargura y resentimiento porque desean las oportunidades que otros tienen y no aprovechan las propias que les parecen pequeñas.  La vida no se trata de grandes oportunidades, sino de sacarle provecho a las que tenemos. Hace un tiempo, cuando hice el llamado para que las personas entregaran su vida a Cristo, se acercó un joven en silla de ruedas, oramos y fue evidente que su vida se llenó del Señor. Luego, al salir, noté que se acercaba a un taxi y asumí que alguien lo había llevado, pero me sorprendí cuando vi que la persona que le ayudaba a movilizarse, ¡lo acomodó en el asiento del chofer! Entonces, descubrí que ese joven era digno de admiración porque aprovechaba las oportunidades que tenía, incluso superando sus limitaciones. Estoy seguro que el Señor le recompensará con abundancia porque es una persona que no desperdicia sus talentos, no se deja vencer y aprendió  a salir adelante cuando otros hubieran encontrado la excusa perfecta para fracasar. Tu sociedad y tu entorno familiar mejorarán cuando dejes de quejarte, hagas a un lado el resentimiento y la amargura para aprovechar las oportunidades que Dios te regala.

La parábola de los talentos nos revela valiosos principios de productividad y oportunidades1. Pero antes de analizarlos, es bueno reflexionar en lo importante que es la actitud para ser realmente productivo. Al leer la parábola, vemos que el siervo improductivo era insolente porque fue el único que se jactó que conocer a su señor y no era así. Le dijo que había enterrado el talento porque  ¡sabía que el amo era mezquino y exigiría resultados que no merecía! Ningún egoísta entrega lo propio para que otros trabajen y se beneficien. Así que ten cuidado de no criticar a tu jefe quien firma tu cheque de salario cada mes. No desperdicies la oportunidad que tienes de trabajar y ser productivo.

Luego de esta reflexión sobre una buena actitud, veamos la lección sobre productividad según las leyes del Reino. Primero, notamos que todos recibieron de acuerdo a su capacidad. El capital que se repartió en total fue de 8 talentos, 5 para el primero, 2 para el segundo y  1 para el tercero.

Luego, vemos que el primero y el segundo duplicaron lo que recibieron. En total, después de entregar cuentas y recibir según su capacidad, tenían 15 talentos: 10, el primero; 4, el segundo, pero el tercer siervo que no produjo nada, tiene solamente el mismo talento que recibió al inicio. Es impactante ver que al sacar el cálculo de los porcentajes de cuánto tiene cada uno del total de los bienes, ese siervo negligente tiene un el 6.66%, en número de la bestia, según el libro de Apocalipsis, es decir que recibir y no producir nos aleja de Dios. Él te ha dado inteligencia, pero tú debes estudiar y superarte; te ha dado cónyuge, pero de ti depende cómo lo trates y logres ser feliz en tu matrimonio. Dios no se esforzará por ti, eres tú quien debe producir con lo que has recibido.

Ahora que ya vimos lo que cada uno recibió,  descubrimos que hubo una tercera redistribución, cuando el amo le quitó el talento al tercer siervo y lo entregó como premio al primero, quien había duplicado lo que recibió desde el inicio. Por eso, el primer siervo terminó con 11 talentos se representan el 73.3 % del total de bienes. Algunos podrían decir que es una distribución injusta, pero la ley del Señor dice que recibirá más, quien lo merezca.

Es similar al criterio que tienen los patrocinadores con los deportistas, ya que reciben más patrocinio de marcas los que tienen alto rendimiento porque exhiben mejor lo que promocionan y son sinónimo de éxito. Entonces, un deportista con bajo rendimiento podría decirle a un patrocinador: “Benefíciame con la oportunidad de publicitar tu marca, yo lo necesito más que el otro deportista exitoso que gana mucho dinero”. Pero el patrocinador le respondería: “Es cierto que tú lo necesitas, pero el deportista exitoso lo merece”. Hay un momento cuando Dios te da porque lo necesitas, pero llega el momento cuando te promueve porque lo mereces. ¡Esfuérzate para llegar a ese nivel y recibir lo que mereces por trabajar duro y ser productivo!

Dios siempre ve tu esfuerzo. Aunque a veces pierdas y otras veces ganes, Él recompensa la voluntad y buena actitud ante los retos. Los dos siervos productivos seguramente no tuvieron éxito al inicio, quizá perdieron en algún momento porque la Palabra dice que entregaron cuentas luego “mucho tiempo”, así que lo importante es demostrar que tenemos la actitud correcta y trabajamos por avanzar cada día, aunque no sea mucho, aunque sea un pequeño porcentaje, pero debemos producir y mejorar en relación con el día anterior. Recuerda que poco a poco se alcanza mucho.

No te compares con otros, esfuérzate por superar tus propios parámetros. Cada día debes hacer un pequeño esfuerzo por ser mejor padre, esposo y trabajador. Los 10 minutos extras que estudiaste hoy serán la diferencia en la nota de mañana. No lo dudes, tu esfuerzo verá la recompensa.
 
Cierta vez, un panadero triplicó sus ventas al comprar un ventilador y ponerlo frente al pan recién horneado, para que el olor atrajera la atención de los clientes. ¡Ese pequeño cambio generó un gran resultado! Así que no hay más excusas para ser productivo, no esperes grandes oportunidades, no esperes cambios radicales en poco tiempo, asume el compromiso de esforzarte diariamente y superar poco a poco tus dificultades, pero con tenacidad y entusiasmo, dando lo mejor de ti en cada oportunidad. Agradécele al Señor los talentos que te ha confiado y prométele que los aprovecharás al máximo, multiplicándolos para beneficio de muchos y gloria Suya.

Revisa las tablas de productividad de la parábola de los talentos.


1 Mateo 25:14-30 relata la parábola de los talentos: Porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos. Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos. Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos. Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor. Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos. Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos. Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos. Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo. Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses. Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.