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Persevera en tus pensamientos

Isaías 26:3 dice sobre el Señor: Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.

Debemos perseverar en nuestra forma de pensar. No es suficiente pensar bien un día o pensar bien de alguien solamente por momentos. Es necesario ser constantes en nuestros buenos pensamientos. En el ambiente cristiano se cometen dos errores muy graves. El primero es no perseverar en la fe, es decir, no creer al punto de ser capaces de morir por nuestras convicciones. El segundo error se comete en las relaciones interpersonales. Hay gente tan conflictiva y  difícil de tratar que hacen problema de todo y todos. Este tipo de actitudes no demuestran la perseverancia y entrega que el Señor busca.

Es necesario ser constantes para recibir la sanidad y prosperidad que pedimos. Hay que creer todos los días, no a veces y dependiendo de las circunstancias. Nada debe hacerte dudar de las Promesas, ni el gobierno, ni la situación económica, ni la actitud de otros. El Señor guardará al perseverante porque demuestra que confía. Pero aquellos que perseveran sólo en su actitud inconstante, que cambia como el viento, no podrán recibir bendición ni conservar la paz. Reiniciar los pensamientos todo el tiempo es desgastante y complicado. Es mejor seleccionar un pensamiento de bien y perseverar en él hasta que se haga realidad. Dios quiere bendecirte y debes estar convencido de ello, no estar convencido un día para dudar al día siguiente.

Sin doble ánimo

Santiago 1: 6-8 aconseja: Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra.  No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor.  El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.

La sentencia de la Palabra es: No hay que dudar. Si eres una persona inconstante y de doble ánimo, no se te ocurra pensar que recibirás algo de Dios.  Alguien de doble ánimo tiene dos pensamientos contrarios viviendo en su interior. Son como aquellos que están convencidos de que Dios puede prosperar y darnos bienestar, pero critican cuando ven la bendición que otros han recibido. Cuando tu fe es firme y constante, te alegras del bien ajeno y te preparas para recibir el tuyo con corazón y mente limpios. ¿Por qué te resistes a creer que Dios tiene que ver con una saludable economía si estás convencido de que Él es el dueño del oro y la plata?  Esa actitud refleja un doble ánimo, tanto como la incongruencia de pensar que no deseas el éxito económico de tu hijo, cuando lo envía a la mejor universidad para que se eduque bien. El Señor puede obrar en ti y en otros en diferente orden o simultáneamente. Si piensas lo contrario y crees que primero debe obrar en ti, estás demostrando doble ánimo.

Una persona con un solo ánimo sí recibe del Señor porque su comportamiento y forma de pensar están claramente definidos. No piensa una cosa y hace otra o tiene dobles intenciones. Si estás convencido de que tu cuerpo es templo del Espíritu Santo, entonces te cuidas y alimentas bien. De lo contrario, actúas con ese doble ánimo que el Señor rechaza.

Piensa bien y sin dobleces, si amas al Señor, también debes amar a Sus criaturas que son tus hermanos. Si aprecias al Señor, le honras dentro y fuera del templo. Vienes igual de presentable a la iglesia como a la fiesta de 15 años de la hija de un amigo. Eres uno sólo, íntegro y sincero en todo lugar.

Santiago 1:17 motiva nuestra confianza: Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.

El Señor no cambia, no varía. Confiamos en Él porque no es temperamental y su carácter no depende de si “se levantó de buenas o de malas”. No es caprichoso con lo que nos pide. Imagínate que un día dijera: “adórenme” y al siguiente dijera: “hoy no me hablen”. Seguro no confiaríamos en Él porque alguien así no lo merece. Pero nuestro

Dios es constante y fiel. Imítalo para que seas digno de confianza. Hay personas tan inconstantes que ni ellos mismos se confían y dicen: “no iniciaré el proyecto porque ya me conozco y sé que no lo terminaré”. Para recibir algo de Dios debes cambiar ese temperamento y ser constante. 

Digno de confianza

Hebreos 13: 8 dice confiado: Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.

La Palabra no habla de meses, días, horas o años, habla de SIGLOS. En Él las promesas son: “sí y amén”. Hay gente que cambia tan rápido como la mañana a la noche y no son de fiar. Todos debemos ser dignos de confianza como nuestro Señor. Busca ser constante, sin doble ánimo y perseverante, recuerda que debemos hacer todo como que fuera para el Señor.

Filipenses 1:6  dice: Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.

Dios concluye todo lo que inicia. Es el  principio y el final, el alfa y la omega, el mismo de ayer, hoy y por todos los siglos. No cambia y Sus promesas tampoco. Si no las alcanzas es porque cambias y no eres perseverante. La persona de doblado ánimo no recibe porque cambia su actitud y conducta, tal vez justo cuando el Señor va a darle Su bendición.

La Biblia nos habla de hombres que creyeron en el Señor y esperaron todo el tiempo que fue necesario. Moisés tardó cuarenta años en llevar al pueblo a la Tierra Prometida, José pasó por largos tiempos difíciles desde que sus hermanos lo vendieron hasta convertirse en un hombre poderoso en Egipto. La promesa de convertirse en rey no se cumplió en David de la noche a la mañana, ni tampoco fue corto el tiempo para que Salomón llevara paz a las tribus de Israel. Para que Jesús viniera fue necesario que pasaran miles de años. Su nacimiento tuvo lugar cuando el tiempo se cumplió. 

¿Qué nos habría pasado si Jesús hubiera sido inconstante? Imagina que un día le dice al Padre que  no quiere salvar al mundo, pero luego le dice que sí, aunque después se arrepiente y decide que no. ¡Piensa qué terrible hubiera sido si un día se aburre y cambia de opinión! Le dice al Padre que en vez de sacrificarse tan dolorosamente, le sugiere empezar todo de nuevo y hacer otra creación, ya que le toma sólo siete días terminarla.  Gracias a Dios no fue así y cuidó Su cuerpo el tiempo necesario para llegar santo a la cruz del Calvario. Esa constancia y perseverancia nos hacen creer en Él. La gente digna de confianza es la que no cambia y persevera, tiene santa terquedad hasta lograr lo que se propone.

Paciencia a toda prueba

Hebreos 6:12 sugiere: a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.

Una persona tiene paciencia cuando sigue esperando sin importar cuánto tiempo pase. La paciencia es uno de los factores que más contribuye al éxito. En la psicología del deporte se aplica, los entrenadores enseñan a sus jugadores a pensar y a jugar.  Les muestran cómo tener paciencia y  control para no frustrarse ante una posible derrota. Un basquetbolista no hace berrinche y sale de la cancha al ver que no logra encestar tanto como quisiera, al contrario, busca concentrarse más y perseverar hasta lograr la victoria.

La paciencia tiene sentido cuando algo no se da en el momento y tienes que esperar. Por algo dice la Palabra que “pacientemente se espera en el pozo de la desesperación”. Cuando leí este salmo por primera vez, me confundí un poco porque me parecía contradictorio eso de “pacientemente en la desesperación” pero luego comprendí que así es, justo al esperar estamos impacientes y necesitamos ejercer la paciencia.  El claro ejemplo es cuando llevamos a nuestros hijos enfermos al pediatra.  Tenemos que esperar con paciencia a que el doctor llegue y nos toque el turno de entrar a consulta. Esperamos impacientes en una sala con muchos niños llorones y madres afanadas, pero no nos vamos hasta que atiendan a nuestro hijo. Así es en cualquier situación que requiere paciencia.

La gente que hereda una Promesa es aquella que no deja de esperar por desesperado que esté, porque sabe que Dios no le fallará.  Él a veces tarda pero siempre llega a tiempo. Con fe y paciencia podrás afrontar cualquier dificultad. El Señor te dará paciencia si  te mantienes creyendo.  No seas como los que oran: “Dios dame paciencia, pero ¡Ya!”  Todo lo alcanzaremos con paciencia y perseverancia.

Ejemplo de perseverancia y fe

Romanos 4:17-21 dice sobre Abraam:(como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes) delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen. El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia. Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido.

Este pasaje nos habla de Abraam, un hombre que es ejemplo de fe, paciencia y perseverancia. Llegó a ser padre de multitudes gracias a varios factores. Primero, escuchó al Señor y atendió  la Palabra que le fue dada. Es importante que estemos atentos a Su voz.

Segundo, creyó en lo imposible, aquello que no “era” pero que el Señor “nombraba como posible”. Era más fácil creer que tendría un hijo a creer que sería padre de muchas gentes, pero finalmente y aunque todo parecía adverso, creyó en el Señor.  Ahora es más fácil creer si te dicen que ganarás Q25,000.00 a que te digan que ganarás Q25 millones al año. Todo depende de la grandeza de tu fe. Ojalá seas llamado amigo de Dios, tal como le sucedió a Abraam, porque crees por miles y no solamente por uno. 

Tercero, creyó “esperanza contra esperanza” y no se debilitó. Significa que su fe sobrepasó la fe de quienes lo rodeaban y que no creían posible lo que el Señor prometía. Solamente él y su esposa tuvieron la fe en algo tan extraño como concebir cuando ya eran ancianos. Por eso su nombre cambió de Abraam a Abraham. Fue otro hombre, padre de multitudes, varón de esforzada esperanza que confió en el Señor. Siempre he dicho que seguramente el cielo debió saltar de alegría y admiración cuando este hombre de 100 años decidió creer en la Palabra. Dios bendice aquellos cuyos pensamientos perseveran.

Cuando las circunstancias sean adversas, no te rindas, no le creas al mundo sino al Señor. Siempre existirán obstáculos porque no hay fe sin una fuerza contraria que la ponga a prueba. Si todos creyeran, no habría forma de demostrar tu esperanza contra la esperanza de otros.

Recuerda que Dios hace más abundantemente de lo que pedimos o entendemos. Si un hombre anciano pudo engendrar en el vientre estéril de su esposa, no hay nada que te impida ver tu milagro. Nunca dudes de la fidelidad del Señor que es el mismo por todos los siglos y es poderoso para hacer maravillas en tu vida. Pídele esa fe y paciencia que te harán agradable ante Sus ojos y digno de heredar las promesas que tiene para ti.