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Buscando el favor de Dios

La bendición de tener un buen amigo

Todos necesitamos rodearnos de buenos amigos. No hay nada mejor que sentir el apoyo de alguien en quien podemos confiar.  Muchos le debemos incluso la vida a una persona que estuvo en el momento y lugar indicado para hacernos un favor. Mi vecina es así,  una persona dispuesta a ayudar.  Me llevó al hospital cuando de niño me abrí la cabeza jugando bicicleta; me dio una carta de recomendación para poder ingresar al colegio donde estudié toda mi vida.  Ella es una persona generosa que sabe hacer favores, y de la misma forma los recibe. Sabe ser una buena amiga en todo momento y es una bendición tenerla cerca.  La palabra favor tiene muchos sinónimos agradables: apoyo, protección, auxilio, confianza, patrocinio, atención, ayuda, socorro, amparo, beneficio.  Conviene recibir favores.  Todos en algún momento los necesitamos.

Diferencia entre favor y gracia

Un día un amigo se me acercó en la calle y me pidió favor que lo llevara en mi auto porque el suyo se había descompuesto.  Lo hice con mucho gusto. Otro día, yo iba en mi carro y vi a un amigo sentado en la banqueta junto a su auto descompuesto. Paré,  y  aunque no me lo había pedido, lo ayudé. Cuando damos algo porque nos nace hacerlo, sin que nos lo pidan, lo hacemos por gracia, porque la persona a quien favorecemos nos agrada y le estimamos. En cambio, si damos algo porque nos lo piden, estamos haciendo un favor. La gracia se otorga, el favor se concede. Es importante comprender la diferencia. El Señor nos da su gracia y su favor. Ambas son expresiones del infinito amor que nos tiene. 

Pedir favores es un arte


Los favores siempre son buenos. Quien te hace un favor te brinda algo que no tienes y necesitas.  Cuídate de no ser extremista.  No es bueno pedir demasiados favores ni tampoco sentirse autosuficiente y no pedir ninguno. Necesitamos apoyo y compañía, dar y recibir ayuda es una expresión de solidaridad.

Recuerda que un favor nunca es gratis. Siempre implica compromiso de ambas partes. Por eso es muy valioso saber a quién, cómo y cuándo pedirlos. No es recomendable pedir favores  a alguien que sabemos los cobrará caro, incluso demandando algo que va contra nuestros principios. Tampoco se recomienda pedir favores a un desconocido. Cuando tenemos alguna necesidad nos acercamos a los amigos sinceros, aquellos en quienes podemos confiar.

Cómo encontrar el favor y la amistad de Dios

Buscamos tener amigos poderosos y con influencia. Cuando tienes un puesto importante  seguro estarás rodeado de “amigos” que te piden favores.  Imagina entonces lo importante y valioso que es ser amigo del Señor de Señores.  Busca el favor de Dios, ser su amigo vale la pena.  Para pedir un favor hay que caer en gracia y tener confianza.  Estas son algunas claves para lograr esa amistad con El Señor:

En Proverbios 11:27 leemos: El que procura el bien buscará favor;  Más al que busca el mal, éste le vendrá.

Dios no le hace favores a quienes obran mal. No se asocia con los malos. Si quieres ser amigo del Señor haz el bien.

Proverbios 12:2  dice: El bueno alcanzará favor de Jehová;  Mas Él condenará al hombre de malos pensamientos.

La bondad de tu corazón debe reflejarse en lo que haces y piensas. Los amigos tienen cosas en común, piensan y actúan de forma similar.  Demuestra la gran amistad que te une al Señor pensando y actuando como Él quiere.

Proverbios 8:35 relata: Porque el que me halle, hallará la vida, Y alcanzará el favor de Jehová.

No le pides un favor a alguien a quien no frecuentas o a quien tienes mucho tiempo de no ver.  Antes de pedir debes darte a conocer, acercarte con cariño, con ofrenda, con educación. Si quieres algo no envías un telegrama, más bien haces una visita y procuras un acercamiento fraternal. De igual forma sucede con tu Dios.  Acércate y hazte visible, deja que te conozca y conócelo, adóralo y  alábalo siempre, no sólo en momentos de necesidad. Busca su palabra, entiende cómo piensa y comparte con Él.

Lucas 2:52 nos dice: Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.

Lo pequeño crece, incrementa sus dimensiones. Así debes crecer tú en gracia ante los ojos de Dios. No permitas que te vea como un extraño a quien no concederá favores. Tienes un amigo importante y  poderoso que te defiende, protege, ampara y patrocina. No veas a Dios como algo lejano, deja que te conozca para ser uno de sus privilegiados.

En el Salmo 119:58 leemos: Supliqué tu favor con todo mi corazón; ten piedad de mí conforme a tu promesa (Biblia Las Américas)

Para pedir un favor delante de Dios debes clamar con humildad, reconociendo su majestad.

Éxodo 32:12 – 19 nos muestra un ejemplo de cómo Dios trata a un amigo: Moisés le dijo al Señor: Tú insistes en que yo debo guiar a este pueblo, pero no me has dicho a quién enviarás conmigo. También me has dicho que soy tu amigo y que cuento con tu favor.  Pues si realmente es así, dime qué quieres que haga. Así sabré que en verdad cuento con tu favor. Ten presente que los israelitas son tu pueblo.  Yo mismo iré contigo y te daré descanso respondió el Señor. O vas con todos nosotros, replicó Moisés, o mejor no nos hagas salir de aquí.  Si no vienes con nosotros, ¿cómo vamos a saber, tu pueblo y yo, que contamos con tu favor? ¿En qué seríamos diferentes de los demás pueblos de la tierra? Está bien, haré lo que me pides, le dijo el Señor a Moisés, pues cuentas con mi favor y te considero mi amigo.  Déjame verte en todo tu esplendor, insistió Moisés.  Y el Señor le respondió: Voy a darte pruebas de mi bondad, y te daré a conocer mi nombre. Y verás que tengo clemencia de quien quiero tenerla, y soy compasivo con quien quiero serlo. (Biblia al Día)

Moisés le tenía mucha confianza al Señor, incluso parece que lo pone contra la pared pidiéndole muestras de su poder. Su obediencia le permitía insistirle y argumentarle. Jehová, como amigo fiel,  le dio favor, cambió su vida y le acompañó siempre.

Así como Moisés, pidamos al Señor ver su rostro amigo. Él puede darte pruebas de su infinita bondad.  Para lograrlo debes hacer y pensar lo bueno, además de creer y suplicar su favor.
Una amistad a toda prueba

El Salmo 103:4 nos recuerda: El que rescata del hoyo tu vida,  El que te corona de favores y misericordias.

Mi vida cambió el día que escogí a Jesús como mi mejor amigo. Yo tenía amigos muy malos que me desviaban por caminos torcidos.  A pesar de pertenecer a un hogar cristiano, no le conocía de verdad, sabía dónde encontrarlo pero era un extraño para mí. Hasta que un día, me llené de valor y le dije: “tú eres mi amigo”.  Él me rescató, me dio vida eterna y salvación.  Además, me ha coronado de muchos favores y mi vida ahora es testimonio de su fidelidad. Quiero presentarte a mi amigo favorito, recíbelo y dile: “bienvenido”.