Derribando argumentos

El Señor ha sido bueno con nosotros. Primero que todo, por haberlo conocido a Él, por darnos la oportunidad de servirle, y segundo, porque nos ha llamado a ser líderes, eso es un regalo sobrenatural.

Derribando argumentos

Yo me siento muy orgullosa y privilegiada que a estas alturas, pueda ser una líder y representar bien a mi Señor.

Dice su Palabra: El que empiezó la buena obra en ti la perfeccionará. Es por eso que estamos aquí, porque queremos un cambio en nuestra vida. Yo he tenido que aprender que necesito cambiar. Aunque sea la pastora de una iglesia, aunque sea líder de ya muchos años, estoy consciente que hay muchas cosas que Dios nos quiere mostrar que debemos cambiar.

Juan 4:4-19 Y le era necesario pasar por Samaria. Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José. Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta. Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: dame de beber. Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer. La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí. Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados? Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener ser; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla. Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá. Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad. Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta.

Lo que me impresiona en este pasaje es la misericordia de Dios. Como mujer, empecé en el Modelo de Jesús a desarrollarme como una líder, a predicar la Palabra del Señor y he tenido que aprender cómo Dios trata con uno para que esa sea nuestra fortaleza y podamos seguir adelante.

La misericordia de Dios aquí es tan grande, que ustedes saben que los judíos y los samaritanos no tenían nada que ver entre ellos, sus culturas eran muy diferentes y Jesucristo pasó por acá, porque era el camino más corto para llegar a Galilea. Uno puede decir “aquellas casualidades”. Pero que tú y yo estemos aquí, no es casualidad.

En un día tan común y corriente Él tuvo misericordia de esa mujer, de la misma forma que la tuvo conmigo. Yo no nací en una familia religiosa, sino en una pecadora que cambió y fue transformada, gracias a Dios.

Ella estaba haciendo lo que tenía que hacer, ir a traer agua, y el Señor estaba ahí, le habló, le dio su atención y tuvo la delicadeza de iniciar una conversación con ella. Durante esta prédica, recordarás cómo la misericordia de Dios ha estado contigo, y cómo Dios te ha hablado en momentos tan oportunos. Cuando has tenido que tomar decisiones, Dios ha estado allí.

Y dice aquí: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí? Y es así cuando nosotros nos sentimos de menos al saber que Dios quiere tratar con nosotros.

Y dice Jesús en su misericordia: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber.

Este es un don y un regalo divino, espiritual. ¿Cuántos de ustedes han recibido al Señor en su corazón? ¿Y cuántos anhelan más del Espíritu Santo? Pues a eso se estaba refiriendo el Señor Jesús. Si ella hubiera sabido, conocido, tenido el discernimiento de quién era el que le estaba hablando, ella lo hubiera aprovechado mejor.

Y a veces nos pasa así a nosotros; lo tenemos al lado, nos está diciendo muchas cosas y nosotros no tenemos el discernimiento, y no reconocemos que es nuestro Padre el que nos quiere bendecir.

Y ella argumenta: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados? Ella le hizo esta pregunta, porque ese pozo había sido heredado por una persona muy importante, que en ese momento era más importante que el mismo Señor Jesucristo.

Y a veces, esas son las cosas que nos frenan, tenemos cosas valiosas al lado nuestro que nos distraen de lo que Dios realmente nos quiere dar. El pozo tenía mucho valor y era muy apreciado.

Como el cojo de la hermosa, a él lo ponían todos los días en la puerta del templo. Y cuando venía la gente y los discípulos, pedía limosna, no su sanidad. Igual somos nosotros, a veces nos acostumbramos a cosas más valiosas, que les hemos puesto más valor que al mismo Señor Jesucristo.

Y allí viene el Señor y le dice con su paciencia: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener ser; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás.

Y nosotros vemos en el Antiguo Testamento que nuestro manantial de vida es el Señor. Por eso hace la comparación, si tienes del agua viva que El te puede dar, no tendrás sed jamás.

Me impresiona porque cuando el Señor le preguntó por su marido, El la estaba confrontando con el pecado. A nosotros no nos gusta confrontarnos con el pecado. Después, ella comienza un poquito a ablandarse y le dice: Señor, no estoy con un marido. Se abrió y contó parte de la verdad, y el Señor vuelve a tener misericordia de ella y le rebela completamente el pecado. A veces, el Señor primero confronta y luego rebela.

Pero quiero llegar al punto donde el Señor me tocó y ministró de una forma muy grande, y es en el versículo 20: Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar en donde se debe adorar.  La mujer trata de evadir la conversación que había empezado con el Señor Jesús, porque era un problema moral, personal.

Allí comenzó la mujer a argumentarle por otro lado, y el Señor le explicó; porque ella había aprendido como samaritana a ir a adorar a un monte Jerisím el de los samaritanos, y los judíos, en Jerusalén.

Ella comenzó a evadir la conversación como para provocar otra clase de charla, para no afrontar la realidad; y eso es lo que más nos cuesta. El Señor siempre quiere confrontarnos; tú quieres más bendición, quieres hacer más cosas, predicar mejor, bendecir a tu esposo, tener gracia delante de tus hijos, ser usada más en la congregación; pero si tú no estás dispuesto a ver cuál es la realidad, no vas a avanzar a ningún lado. El Señor irá a la par, atendiéndote con misericordia, responderá las dudas que tengas, pero si tú no te confrontas, vas a seguir igual. De la misma forma, con el Modelo de Jesús o con predicar la Palabra.

Yo admiro a mi esposo porque él nunca dijo: “esto es sólo mío, me quedo con los derechos reservados y que nadie más sepa”. Ni en la forma de predicar, ni en la forma de ministrar la unción del Espíritu Santo, él ha sido un recipiente para recibir de Dios y darle al pueblo.

Hubo un momento en mi vida que yo sentía que iba en contra de la corriente y me pregunté qué estaba pasando. Algo estaba obstruyendo que yo pudiera avanzar. Nadie quiere quedarse en el mismo lugar; todos quieren caminar, ser prósperos, ser mejores.

Efesios 5:1. Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.

Uno quiere ser imitador del Señor cuando empieza en la iglesia. La Palabra del Señor nos motiva a que seamos imitadores de El, y todos decimos: “Sí, amén, yo quiero imitarlo”, pero nos olvidamos de la segunda parte: “como hijos amados”. No vamos a poder ser imitadores de Dios si no nos sentimos amados.

Para que tú te puedas sentir amado, tienes que saber cuáles son las bendiciones de Dios en tu vida, en qué te ha bendecido. Posiblemente, estás enfocado en querer ser imitador de El, pero te cuesta ver las bendiciones de Dios en tu vida. Y Dios quiere usarlas para que tú seas de éxito.

Cuando El me mostró que yo necesitaba aprender más de sus bendiciones, fui a 2 Corintios 10:3: Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas.

En la versión Al Día dice: Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo.

Lo que esta versión quiere decir es que con armas tan poderosas, puedo destruir la altivez de cualquier argumento y cualquier muralla que pretenda interponerse para que el hombre no encuentre a Dios. Con éstas puedo apresar a los rebeldes,  conducirlos de nuevo  ante Dios y convertirlos en seres que deseen de corazón obedecer a Cristo.

Yo tenía argumentos que debía derribar, porque estaban provocando que no conociera más al Señor. Esos argumentos no les estaban haciendo daño a ustedes, sino a mí. Dios me llevó a identificarlos para poder darle la honra y la gloria a El.

El primer argumento que tenía era en el área del matrimonio. Yo no creía en él, en la sujeción, que alguien podía tener autoridad en el hogar. Yo no podía creer eso, porque de la gente que estaba alrededor mío, nadie me había enseñado la forma correcta. Yo había vivido la vida como me había tocado; y la información que yo podía tener acerca del matrimonio era de los familiares cercanos. Y Dios me comenzó a mostrar cuál era la verdadera razón del matrimonio, aún ya estando casada con mi esposo.

Porque en los primeros años cuando fuimos novios, yo no pude disfrutar el noviazgo como muchos de los jóvenes lo pueden hacer ahora con el conocimiento de Dios. Yo no le había hecho ver esto a Cash, porque hasta hace poco, me di cuenta.

La pasamos muy bien, fueron dos años cuatro meses de noviazgo; pero en ese tiempo, yo estaba muy preocupada por mis problemas familiares. Yo había conocido al Señor y lo había acompañado a varias reuniones. El era un líder predicando, y yo trabada con mis problemas, pero el Señor tuvo misericordia. Pero a mí me hubiera gustado haber sembrado más en él en ese tiempo de novios. De casados yo me he esforzado bastante, pero tuve que aprender en esas áreas.

A los 9 años de edad, el Señor me visitó, yo no lo estaba buscando, y me dijo que pidiera por un novio que estuviera interesado en El en un 100%, que me viera linda y que me quisiera’”.

Pasó el tiempo, y a los 15 ó 16 años, yo le pedía: “Señor, que sea alto, moreno, musculoso”, y el Señor me dio más de lo que yo le pedí. Tal vez tú pediste de alguna forma, pero el Señor te ha dado más de lo que tú te podías imaginar.

Pero en el ministerio, como una persona no sólo en la carne, sino también en lo espiritual, Dios viene a tratar con esas áreas; El viene a suplir nuestras necesidades y deseos.

El Señor fue misericordioso conmigo, me dio un hombre que lo amaba a El más que a cualquier otra cosa.

Pero tal vez esa es un área en donde nosotros no hacemos mucho énfasis, y hoy te quiero motivar a que inviertas tiempo en eso; en tu identidad como hombre, como mujer. Ahora hay tantas tentaciones y confusiones en mundo, que puedes empezar bien, y después no saber ni qué eres.

Necesitamos trabajar en esa área. Dios quiere bendecir tu matrimonio, intervenir en él; y allí hay una oportunidad más para que el nombre de Dios sea glorificado.

¿Qué argumentos tienes tú acerca del matrimonio? ¿Quién te enseñó acerca de él? Yo le agradezco muchísimo a Dios porque el carácter de mi esposo me ha ayudado muchísimo. Yo nací en un ambiente donde mi mamá disponía cómo obtener dinero, cómo trabajar. Ella era muy independiente, pudo haber matriarcado; pero a la hora que tú quieres servir al Señor, debes restaurar esa área. Y Dios quiere que hoy botes esos argumentos que van en contra del conocimiento de Dios.

Eso a mí me ha ayudado a disfrutar mi matrimonio, a respetar a mi esposo, a amarlo más, a apoyarlo; aunque tenga muchas inquietudes, aunque me den ganas de andar en la calle, o andar por todos lados, yo sé que la labor principal son mis hijos y mi esposo.

¿Es esa una prioridad en tu vida o solamente estás preocupado por querer agradar al Señor?

El segundo argumento malo que yo había levantado en contra del conocimiento de Dios, era acerca de predicar la Palabra del Señor. Dice la Biblia: Ser imitadores de Dios como hijos amados. Si yo soy una hija amada, mínimo por agradecimiento, tengo que predicar la Palabra de Dios.

Cuando tengamos la oportunidad de entrar al cielo, no me van a decir: “Sonia, por ser esposa de Cash, pase adelante; usted ya tiene todo ganado aquí”. O “porque usted pertenece a tal iglesia, pase adelante”.

El Señor quiere que nosotros testifiquemos de lo que El ha hecho en nuestra vida. La Palabra dice que si creemos en nuestro corazón, y confesamos con nuestra boca que Jesús es el Señor, seremos salvos. Y ese es el evangelio de locura que Dios quiere que prediquemos, esa es la razón por la cual estamos aquí.

Hay que predicar. Si una mujer puede enseñar a una persona, a dos o a un grupo de cinco, ¿por qué no le puede enseñar a más? Todos tenemos un llamado, porque en todos está la oportunidad de la salvación.

Me costó reconocerlo, porque la Palabra dice: Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su Santo nombre. Cuando estamos en la alabanza, decimos “bendice, alma mía, a Jehová”, pero a veces no lo haces, ni siquiera le hablamos al alma, porque estamos mal. Lo podemos hacer porque es una rutina de la iglesia o de la congregación, pero realmente no le dices a tu alma: “Bendice a tu Dios”, y si no lo puedes hacer, es porque hay algo allí adentro.

El siguiente fue la oración y la intersección. Yo creí en la Palabra del Señor donde dice que nosotros podemos orar en la intimidad y que si cerramos las puertas y oramos a solas, Dios está allí y nos va a conceder los deseos de nuestro corazón. Pero también, en versículos anteriores dice: Los hipócritas que quieren orar en los lugares públicos, para ser vistos por todos. El diablo me tenía engañada con la misma Palabra, usaba un versículo para opacar el otro. Como yo lo estaba haciendo en la intimidad, no quería que lo hiciera con más gente. Pero cuando me di cuenta, decidí levantar un grupo de intercesión, y ¡lo hice!

Para derribar esos argumentos que van en contra del conocimiento del Señor, no vas a poder sólo por tus medios, con tus fuerzas, necesitas la oración, la intercesión, necesitas esa guerra. Tienes que reconocer que los cielos son abiertos.

El diablo sólo tiene autoridad en un lugar pequeño, y hasta orden le tiene; huestes espirituales de maldad en las regiones celestes, gobernadores, etc. Tiene sus categorías y las usa muy bien para obstaculizar tus oraciones.

Pero tú no oras, y no peleas en ese lugarcito. Por eso decimos: “Yo le pedí al Señor y no me contestó”. Y es porque allí se quedaron esas oraciones, no peleaste y Dios te ha dado esa arma poderosísima. Yo la he usado para pelear y matar al enemigo.

Y el último argumento, del que les quiero compartir porque hay muchos, es el del Espíritu Santo. Yo tuve la bendición de poder ir de viaje a Europa, conocí a mucha gente y me di cuenta que muchos tenían varios años de conocer al Señor, pero creían que los milagros sólo eran para el Antiguo Testamento, que las manifestaciones sólo eran para el tiempo en que Jesús estuvo con sus discípulos y no para el día de hoy. Pero nosotros podemos dar fe que el Espíritu Santo hace la obra el día de hoy, y la quiere hacer en tu vida.

Es impresionante saber que el Espíritu de Dios siempre está con nosotros, ha estado desde la creación del mundo, estuvo para que Jesucristo fuera engendrado, está en la salvación y estará en el final. El ha estado en, con y sobre nosotros.

El Señor te va a dar lo que tú necesitas, en el momento en que tú menos te lo imaginas, te va a dar lo que anhelas. El pastor Cash y yo fuimos a unas reuniones y mirábamos aquellas locuras, como ustedes miran ahora acá. El Espíritu Santo haciendo la obra, restaurando, liberando. Yo miraba personas llenas de gozo mientras yo estaba llorando, y cuando todos lloraban, yo me estaba riendo.

¿Qué argumentos has levantado en contra del conocimiento de lo que es el Espíritu Santo? Recuerdo que vi a la par mía gente que estaba siendo llena y el diablo empezó a bombardear mi mente, y me dijo: “Te estás haciendo, estás imitando, tú quieres hacer lo mismo del que está a la par”. En eso, yo pude discernir que era la voz del diablo y me puse a reprender: “Diablo mentiroso, yo quiero hoy recibir y voy a estar llena del Espíritu Santo”. Y comencé a reprender y dije: “Yo voy a ser llena”. En ese momento, sentí como si me hubieran conectado a una manguera de cemento, que era parte de la fundición de ese templo. Comencé a ser llena, y dije: “Dios mío, si eres tú, dame más”. Y me quedé tirada, comenzaron a apagar las luces, todo el mundo se estaba yendo, y yo seguía allí. Y como no podía mover ni un dedo, le dije: “Señor, ahora sí necesito que alguien me mueva, porque posiblemente me dejen aquí”.

Dios quiere que tengas una relación con el Espíritu Santo, El se manifiesta de muchas formas. En una oportunidad, conté que el Señor me mandó a orar por mis hijos. Yo estaba ya acostada y me dijo: “Anda a orar por ellos”. Casi siempre oro por ellos ya acostada,  pero esa vez me hizo que me levantara y me fuera a orar a su habitación.

Cuando yo entré, allí estaba la lluvia de la Presencia de Dios, pero era palpable, tangible, como una llovizna, y cuando me salía, no había nada. Y volvía a entrar una y otra vez, y me volvía salir; lo hice como cuatro veces, algo incrédula. Hasta que el Señor me dejó borracha completamente, tirada en el sillón, riéndome.

Ese es otro argumento que tenemos que derribar, y lo tremendo que dice la Palabra es que no solamente está el argumento, sino que hay altivez y orgullo. Y eso es lo que Dios quiere romper. Estés como tú estés, sea como una ovejita empezando, como un pastor o como un apóstol; Dios quiere quebrantar ese orgullo, porque nuestras armas son poderosas en Dios. Hay que tirar ese orgullo.

¡Derriba esos argumentos, tíralos, el área que sea, rómpelos, échalos al fuego, destrúyelos!

Hay bendiciones que están allí paradas, que están esperando allí por ti; pero esa altivez, ese orgullo no permite que bajen, ahora es el momento de destruirlos.

Dios quiere bendecir tu hogar, tu matrimonio, tus hijos. El quiere reflejar esa obra que tú has levantado en ellos. Dedícale tiempo al matrimonio, analiza qué está pasando.

Quiero bendecir los matrimonios, bendecir a toda cabeza, a toda autoridad, a toda mujer

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