Mi noviazgo con el Pastor Cash

El tiempo de noviazgo fue un tiempo precioso, porque aprendí muchas cosas que han sido la base de nuestra relación hasta el día de hoy. No ha sido fácil, pero ha valido la pena.

Mi noviazgo con el Pastor Cash

Luego de vivir en Estados Unidos,  cuando regresé a Guatemala después de un año de  haber muerto mi hermano, empecé a asistir a la iglesia  Fraternidad Cristiana de Guatemala, junto con mi familia y por mucho tiempo, expresé “no quiero tener novio”.  Dije esto, porque  creí erróneamente que el noviazgo podía llenar el vacío que había dentro de mí, pero fue lleno por el amor de Dios.  Lo que deseaba de todo corazón era servir a  Dios, buscarlo yconocer más de El.  Dios fue la razón de vivir y seguir adelante.  El conocer a Dios y abrirle mi corazón, permitió que amara más a mi familia y deseara estudiar por mi madre, para honrarla.  En  San Mateo 6:33 dice: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. Se refiere a que no estemos afanosos por qué comeremos o vestiremos, ya que el día de mañana traerá su propio afán, porque El es nuestro Padre Celestial y sabe de qué tenemos necesidad.  Y así es con nuestra familia y además, Dios sabe que tenemos necesidad del cónyuge también.

Me recuerdo muy bien que muchas jóvenes me decían: “¿Estará más guapo este joven que Cash?”, y yo siempre les contestaba: “Este joven, porque al tal Cash no lo conozco”.

Comencé a servir en la Escuela Dominical. Entre semana, asistía con mi madre a un grupo de estudio bíblico de señoras y los sábados, al grupo de jóvenes.

Cash ha contado que él se sentó junto a mí un sábado y me preguntó en dónde vivía. El muy amable, y yo toda indiferente le dije: “vivo muy lejos”, como quien dice: “no le voy a decir, ni me vuelva a preguntar”.  Pasó el tiempo y  llegó el día súper especial en el que me tocó a mí conocer a Cash. Ese domingo fui a la  iglesia y me senté con mi amiga Dinora  (quien vivía en mi casa), en los únicos dos lugares vacíos,  me senté junto a él, lo vi y sabía que lo había visto antes.  En 1980,  jugué para la selección  juvenil de voleibol en Retalhuleu (ciudad ubicada a tres horas de la capital). Cash llegó con la selección de Guatemala, lo vi jugar y dije: “¡Qué bien remata ese chinito!”.

Cuando lo vi en la iglesia a mi lado, lo único que pensé fue: “¿cómo le hablo?”.   Yo  no pude pensar en otra cosa más que en cómo  hablarle,  ni siquiera me recuerdo qué predicó el Pastor.  Cuando estaba por terminar el servicio, me volteé y le dije: -¿Usted juega voleibol, verdad?-. -Sí -me contestó- hoy tengo un partido, ¿le gustaría ir?-.  Y ¿qué creen que le contesté?  Le dije que sí.   En esos momentos, se me olvidó todo lo que había dicho antes.  Me atrajo tanto que dispuse  hablarle.  No esperé que un ángel me dijera “él es”,  ni dónde vivía o cómo se llamaba.  Simplemente, al verlo supe que quería hablarle y le hablé. Comenzamos  a salir y después de unos meses, me preguntó si quería ser su novia y yo le dije: -¡ya era hora!-.  Esto se los cuento porque si no lo hago, sé que él me va a molestar.  Y así fue. A mí me gustó que fuera directo.  Pero no sabía a lo que me estaba metiendo. Primero que todo, me di cuenta que me estaba quedando sin amigas.  Ahora sé que fue porque estaban interesadas en él.  Segundo,  aprendí lo que era respetar a un hombre, qué significaba sujeción y qué era una autoridad.  

Les cuento un ejemplo.  Estábamos platicando en la sala de mi casa y  no nos poníamos de acuerdo en algo, entonces él se levantó, se fue y me quedé hablando sola.  Después, me di cuenta que yo  estaba dándole vueltas  a la misma cosa y él ya había respondido y dado la solución.   Entonces me disculpé con él  y desde allí supe que él sí estaba seguro de lo que quería.  Esa seguridad en él mismo y en lo que quería me agradó.     

Desde el principio de nuestra relación, él  quería estar predicando en todo momento, atender al necesitado y ayudar al prójimo.   Yo lo acompañé todas las veces que pude.   El también me acompañaba cuando me tocaba a mí llevarles comida y enseñanzas bíblicas a unos niños de un ministerio que se llamaba Pan y Palabra.   

Después de una relación de un año, él comenzó con ciertas dudas acerca de nuestra relación y de mi liderazgo.  En ese tiempo, yo no estaba preparada para ser líder en la iglesia.  Lo único que tenía necesidad  era de graduarme,  ayudar a mis padres y resolverles sus problemas y diferencias.  Me di cuenta que algo estaba mal,   él me pidió que nos  diéramos un tiempo para ver si era la voluntad de Dios que nuestra relación siguiera. Salió dentro de mí una fuerza sobrenatural que me hizo que le pidiera que termináramos, porque yo no creía que había que confirmar si sí o si no  nos queríamos.   Y les puedo decir que fue de Dios esa fuerza, porque yo lo  amaba muchísimo y no quería perderlo, pero no me gustaba que dudara de mi fe.  Terminamos y yo seguí asistiendo a la iglesia, y me recuerdo que yo  buscaba cualquier excusa para  toparme o verme con él para que supiera que por él yo no dejaría de asistir a la iglesia ni de  amar y servir a Dios.  Y también hablé con Dios, oré y le dije: “Señor, si él es para mí, te pido que me lo guardes y si no, ayúdame a que deje de amarlo. Recién graduada del Colegio Gibbs, de Secretaria Ejecutiva Bilingüe, mi madre me regaló un viaje a Europa que duraría un mes.  Un día antes que yo  saliera de viaje, él me ofreció, después del grupo de jóvenes, llevarme a la casa.  Cash me pidió que volviéramos a ser novios.  Y ¿qué creen que le contesté?  Sin dudarlo, le dije que sí.  Ambos teníamos ese deseo de servir a Dios con todas nuestras fuerzas, porque estábamos muy agradecidos por lo que Dios había hecho en nuestras vidas.

Proverbios 3:17 dice que sus caminos son caminos agradables y todas sus sendas, paz.

Tengo muy presente que entre tantas salidas a atender a otras personas, a veces le tocaba atender a mujeres.  Algunas veces, no era muy agradable para mí, porque después de estar con ellas, se volteaban a mí y me decían, sin que Cash se diera cuenta, que ellas estaban interesadas en él y que iban a hacer todo lo posible para quitármelo.  Yo les decía solamente: “Dios las bendiga”.  Eso me ayudó a nunca tener celos, pero también a tener un discernimiento cuando los intereses de las personas no eran genuinos.  Nos casamos después de dos años y cuatro meses de novios. Y recuerdo muy bien que una vez Cash me dijo, que a causa del trabajo y los estudios, solamente nos podríamos ver una o dos veces por semana, pero como que era al revés, porque luego de que me dijo eso, empezó a llegar todos los días a visitarme.

Ese tiempo de noviazgo fue  un tiempo precioso, porque aprendí muchas cosas que han sido la base de nuestra relación hasta el día de hoy.  No ha sido fácil, pero ha valido la pena.  Hay muchas enseñanzas que podré compartir contigo más adelante. Desde ese momento para el día de hoy, puedo decir que Dios ha sido fiel y no nos  ha dejado.  El me bendijo con un hombre que ha sido amoroso, atento, paciente, exigente y temeroso de Dios.   El consejo que puedo darte es que  ames  a Dios sobre todas las cosas y El te corresponderá siempre. 

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