Un proceso de transformación

El proceso de transformación es precisamente eso, un proceso. Porque va a producir algo en ti. Un proceso productivo de acuerdo a lo que decía Pablo, es leve y momentáneo.

Un proceso de transformación

Yo le oraba al Espíritu Santo y le decía que así como esta Palabra que vamos a compartir transformó mi vida, lo haga con la de todos los demás. Escudriñando las Escrituras, me encontré con un pasaje, titulado: “Viviendo por fe”.

II Corintios 4:7
Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos. Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De manera que la muerte actúa en nosotros, y en vosotros la vida. Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos, sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús, y nos presentará juntamente con vosotros. Porque todas estas cosas padecemos por amor a vosotros, para que abundando la gracia por medio de muchos, la acción de gracias sobreabunde para gloria de Dios. Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día.

El apóstol Pablo escribe esto y lo que a mí más me chocó es que decía: “Yo vivo por fe”. Por la imagen que yo tenía acerca de esa expresión, cuando lo entendí, me chocó. Pensé: “¿Cuál era la situación que el apóstol estaba viviendo?, y eran problemas. Todos los tenemos. Me ponía a pensar en la vida de Pablo, un hombre que amaba al Señor, entregado, que dio su vida, trabajaba para que no lo mantuvieran, todo lo que uno esperaría de un hombre cristiano, casi como que no debiera tener problemas. Algunos de nosotros pensamos que al venir a los pies de Jesús, los problemas debieran terminarse. El problema es que cuando vienen, comienza a haber choque de fe, empezamos a pensar si Dios estará con nosotros o no, comenzamos a ver si hay algún pecado escondido para ver qué es lo que les está pasando. Pablo era un hombre amado por Dios, poniéndome un poco en la posición de papá, yo jamás buscaría el mal de mis hijos; por lo tanto, Dios tampoco estaba buscando el mal en la vida de Pablo. Si quisiera hacer algo en la vida de un mi hijo, lo menos que haría es a golpes o maltratos, tampoco Dios estaba haciendo eso en la vida de Pablo, pero algo debía de suceder en su vida, por lo cual Dios estaba permitiendo que todas estas cosas pasaran. ¿Te has preguntado por qué vienen algunos problemas  a tu vida? Cuando de la nada te brincan los problemas, tal vez cuando más consagrado estás, cuando más entregado, cuando menos problemas quieres tener en tu casa, con tus hijos o con tu marido, y uno se cuestiona. Dice: “¿Por qué? A veces uno agarra una actitud como de mártir. Yo jamás criaría a mi hijo de esa manera y entiendo que Dios tampoco.

Cuando los problemas vienen a tu vida, no vienen para destruirte. Fíjese, es lo más ilógico que podemos pensar. Dios viene, manda a Jesús para que entregue su vida para salvarte y liberarte de pecado, y ¿después te va a agarrar a golpes para que entiendas? Dios no haría eso, no es la forma en que te va a formar. Dije: ¿Cuál es la razón de todo esto que sucedió en la vida de Pablo? Y lo que entiendo es que nuestra vida siempre está en un proceso de transformación, le entregas tu ser, y lo que Dios hará es sacar lo mejor de ti. Vamos a entender qué pasa en este proceso de transformación. Problemas todos tenemos y siempre. Jamás nos garantizó el Señor que no los tendríamos. “En el mundo tendrán aflicción, mas no temáis, yo he vencido al mundo”. Si de todas formas vamos a tener problemas, hay que tener la mejor actitud.

Comienza a decir: “atribulado…” Y nos comienza a dar las claves específicas para que cuando pasemos por el proceso de transformación, entendamos lo que Dios está haciendo.

Verso 13
Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos,

Dice que cuando estemos en problemas, debería de generarse en nosotros un espíritu de fe. Eso se llama una actitud adecuada. El espíritu de fe es un espíritu que tú generas en tu vida. Tú vas a entrar en el proceso de transformación de Dios, entendiendo dos cosas importantes: Dios está en control. El dijo: “No te dejaré, ni te desampararé todos los días de tu vida”. La segunda fase es que cuando entres, debes hacerlo con la actitud adecuada, o sea un espíritu de fe.

El espíritu de fe se edifica, se fortalece de acuerdo a dos cosas: lo que tú crees, lo que tú hablas. ¡Cómo se nos va la lengua de rápido! Nos preguntan: “¿Cómo te está yendo?”. Decimos: “mal”. Hablamos cosas negativas; entonces, lo que tú hablaste, eso creíste y no vas a salir adelante. El espíritu de fe es un espíritu que tiene una actitud positiva, sabiendo que Dios te va a sacar de esto. La prueba produce paciencia; la paciencia, fe, y la fe no avergüenza. Todo lo que Dios hace en tu vida ayuda para bien. Siempre y cuando estés en el propósito. Si te sales de él, seguro que lo que te está pasando, no está en el propósito de Dios. El formará en ti alguien mejor, pero para entrar en este proceso, debes saber que Dios está en control, puedes pensar que Dios no improvisa en tu vida. No amanece con el Espíritu Santo y con Jesús, y dice: “Vamos a ver qué hacemos en la vida de Juanito”; no, El no improvisa, todo en tu vida ya está definido, ya está escrito. Dios nunca te dará una prueba más grande que puedas soportar, hazle frente a las pruebas con la mejor actitud que puedas tener. ¿Cómo lo vas a afrontar? Con lo que crees. Lee la Palabra, escucha, habla Palabra. Eso alimenta el espíritu de fe. Lo único que mantuvo a Pablo fue el espíritu de fe.

Hagamos de caso que Pablo entra al proceso de transformación y lo hace con la actitud adecuada, creyendo que Dios tiene control.

Verso 16
Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día.

¿Por qué no desmayaba Pablo? Porque tenía la actitud correcta. A veces, uno empieza un negocio, y luego lo deja, no persevera. Otro lo agarra, persevera y se va para arriba. Esa actitud de fe es necesaria en nuestra vida para todo. Si vas a entrar a una prueba, no desmayes. Lo peor que puedes hacer es aflojar y dejarte de las manos del enemigo. El diablo busca matar y destruir; hasta que no te mire acabado, no te suelta. No le des tregua. Lo peor que puedes hacer en un momento de transformación es desmayar. Si no conocieras al Señor como salvador, pudieras hacerlo, pero conociéndolo, no. Las pruebas lo desgastan a uno. Las enfermedades salen de la ansiedad y el estrés que se produce dentro de uno. Pero si tienes una actitud diferente, ni en médicos vas a gastar. El 85% de las enfermedades que tienen las personas son psicosomáticas. Al tener nosotros la esperanza, al entrar en el proceso de transformación, nuestra actitud será diferente.

17 Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria;

El proceso de transformación es precisamente eso, un proceso. Porque va a producir algo en ti. Un proceso productivo de acuerdo a lo que decía Pablo, es leve y momentáneo. No hay enfermedad que dure cien años, ni enfermo que lo aguante. Por muy larga que sea la prueba, no va a durar toda la vida. Tú puedes entender que no es el proceso eterno, no dura todo el tiempo, pero ese proceso corto y momentáneo va a producir. Es que implica un proceso de transformación que le dará al material un valor agregado, que lo hace más valioso. Siempre que tomes algo y lo metas a un proceso productivo, vas a sacar algo mejor de eso. La prueba producirá algo más en tu vida, que te dará más valor.

Hablemos de la leche, lo que nos tomamos. ¿Quisiera pasar por el proceso productivo antes de pasar a ser lo que nos tomamos? No. Lo primero, la sacada, suena en la cubeta, después la mezclan con la leche de otras vacas, la meten en un depósito, donde se empieza a enfriar. Al rato, la pasan por un proceso de transformación, la pasteurizan, la calientan y la vuelven a enfriar. ¿Qué comodidad pudiera ser para la leche? Todo cambio produce resistencia. Por lo regular, los cambios van a doler.

¿Qué se iba a imaginar la leche que iba a llegar a convertirse en un queso de pita o en unos taquitos al pastor con queso? Que iba a llegar a ser algo tan valioso. Si le hubiera preguntado a la leche si quería hacer todo eso para llegar a convertirse en lo que se convierte, no hubiera querido. Pero al final, cuando sale como el mejor queso, el litro de leche se siente bien y orgulloso de sí mismo. Así es el proceso de transformación que nosotros pasamos. A ninguno nos gusta que nos metan en la licuadora ni batidora, pero de acuerdo a lo que la Escritura dice, que luego de pasar esa leve tribulación momentánea, produjo en nosotros algo mejor. El resultado es que ya no eres el mismo. Todos somos mejores. Y el resultado es más presencia de Dios en nosotros, más fe, más unción, más esperanza. ¿Qué cosas nos limitan a nosotros poder alcanzar ese valor agregado y ser más valiosos llenos de Dios?

18 no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.

Entendamos un poquito, ¿usted puede ver el futuro? No. ¿Puede ver el pasado? Sí, porque es la película de todo lo que nos sucedió. ¿Qué nos impide que haya menos peso de gloria en nuestra vida? Mirad las cosas que se ven. Dice no viendo nosotros el pasado. Lo único que puedes ver son las cosas que se ven, que son del pasado. Dos cosas en tu pasado no te van a permitir ver las bendiciones que Dios tiene para ti.

Primera cosa: el fracaso. “Yo hubiera sido uno de los mejores jugadores de fútbol, pero no metí el gol”. Y se queda mirando las cosas que se ven. Se quedó parado en el pasado. Eso no te permite avanzar en el proceso de transformación de Dios.

Segunda cosa que no te deja avanzar en el futuro de bendición en tu vida: tus victorias pasadas.  Tanto daño te puede hacer quedarte prendido de tus fracasos, como quedarte parado en tus victorias. Yo me ponía a pensar en Michael Jordan, el mejor jugador de baloncesto del mundo. Pregúntele a un chico si sabe quién es, no lo sabe. Tienes que ser muy cuidadoso de no abrazar con tal fuerza el pasado, que cuando tengas que extender tus brazos al futuro, estén entumecidos, sean fracasos o victorias.

No mires las cosas que se ven, sino las que no se ven. ¿Dónde tiene que estar puesta tu vista? En las cosas que no se ven. Eso se llama el futuro. Ya deja las cosas del pasado atrás. “Ciertamente, prosigo a la meta…”. La Palabra del Señor dice: “He aquí las cosas viejas pasaron, todas son hechas nuevas”. La esperanza de tu vida está en el futuro, no en el pasado. No importa cómo ha sido tu pasado, mira hacia el futuro. Todos vamos a pasar el proceso de transformación, salvo que nos muramos. ¿Qué hay que hacer? Tener buena actitud. Eso se llama el espíritu de fe. ¿Cómo lo alimentas? Escucha Palabra. “Creí, por lo cual hablé”. Aprende a hablar fe, a creer que Dios es grande, aunque no lo veas. Ten siempre la expectativa que cuando pases por este proceso de transformación, serás una mejor persona. Cada quien a nuestro nivel y medida hemos pasado por circunstancias. Pero que lo vamos a pasar, lo pasamos. Lo que te puedo garantizar con la Palabra en la mano, es que serás una mejor persona, serás un instrumento mejor para el Señor, El podrá confiarte más cosas, tú disfrutarás de una vida mejor. El es un Dios de dioses y Señor de señores.

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