Venid con gozo y alegría

Debemos ser agradecidos y venir ante el Señor con gozo, alegría y regocijo. Dar lo mejor de nuestro corazón para servirlo en agradecimiento por lo que ha hecho y está haciendo en nuestras vidas.

Venid con gozo y alegría

Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra.  Servid a Jehová con alegría;
Venid ante su presencia con regocijo. Reconoced que Jehová es Dios; El nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado. Entrad por sus puertas con acción de gracias,  Por sus atrios con alabanza;  Alabadle, bendecid su nombre. Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia,  Y su verdad por todas las generaciones.

 

Es muy importante lo que les voy a decir. Es sencillo, pero es algo que debemos hacer y tener en mente. Este salmo no solamente fue escrito para los del tiempo de David o a la gente que estaba delante de él, sino que para todas las personas, a todas las generaciones que también nos incluye a nosotros y a los que siguen. Tú y yo tenemos un deber, un mandato departe de Dios de tener una actitud, una disposición para bendecir el nombre del Señor, para alabarlo y adorarlo. ¿Cuántos saben que nosotros debemos ser la gente más alegre de toda la tierra? En el pasado, por error de un médico, llegué a un manicomio, me mandaron al lugar equivocado. Recuerdo que venían los cristianos los sábados por la tarde con guitarras y panderos a predicarnos, y nosotros nos reíamos de todo. Hasta cuando nos iban a inyectar, nos daba risa. Ellos creían que nosotros estábamos felices de estar ahí adentro. Recuerdo que los cristianos cantaban: “Tengo un gozo en mi alma,” pero su cara no reflejaba que lo tuvieran. Ellos cantaban de algo que no tenían, como que si el gozo fuera lo más lejos de su vida.

 

Nosotros somos la gente más alegre del mundo. No porque no tengamos problemas, sino porque tenemos al Dios más maravilloso del mundo; las mejores promesas y el  mejor destino. Debiéramos ser la gente que se ríe más. Pero muchos creen que eso es una señal de no estar cerca de Dios, pero nosotros debemos mostrar su gozo. Debemos de estar contentos y este salmo nos habla acerca del Señor, del agradecimiento que debemos de tener hacia El, de la relación que debemos tener con Dios. Debemos ser agradecidos. No hay nadie que no tenga una razón por la cual no estar agradecido con El.

 

Mucha gente como no tiene una buena relación con Dios, no tiene un agradecimiento en su corazón, no pueden ser agradecidos. Nos habla acerca del agradecimiento y la relación que debemos tener con El. Lo primero que dice es: “Cantad alegres a Dios”. Los cristianos no pueden cantar si no tienen el proyector enfrente con la letra de las canciones. Hay cristianos que si se lo quitas, no saben qué sigue.

 

No aprendemos tan rápido los cantos de aquí como lo hacíamos con los de allá. Vamos en el carro y ponemos el radio, y te pregunta el que va al lado: “¿De qué te ríes? Una vez iba con mi esposa y puse una música de los años 50, luego me sonreí. Ella me preguntó que dónde estaba en ese tiempo, cuando escuchaba esa música. Yo le dije que con mi novia. Luego, ella puso una música de su tiempo, y se empezó a sonreír también. De la letra de esa música sí nos recordamos, pero venimos  a la iglesia y si no nos ponen el proyector, no sabemos la letra.

 

Cantad alegres, contentos, felices; o sea decirle a Dios lo que está en tu corazón. ¿Por qué no lo podemos hacer? Estamos demasiado descontentos. Por eso, el borracho canta y no le importa nada; ellos cantan, bailan, hacen de todo. El que no hace nada, es que no está borracho. Recuerdo que había una señora en la congregación muy sofisticada, y un día nos invitaron a comer. Yo le dije que estaba admirado de la forma tan discreta y fina en que ella se comportaba; el esposo dijo: “la hubiera visto cuando tomaba”. Yo le pregunté si lo hacía, y ella me comenzó a contar que le gustaba tomar porque se volvía loca, se subía en la mesa, se desinhibía totalmente. Entonces, cuando yo la miraba en la congregación, y casi ni se movía, le decía que se soltara de la misma forma. Y poco a poco, se empezó a soltar.

 

Ella entendió que nosotros debemos de cantar a Dios no porque todo nos va bien, sino por lo que está dentro de nuestro corazón. Venimos aquí y hay cosas que no están bien, pero vamos a cantar a Dios alegres. Mi actitud será que le vengo a cantar a Aquel que me dio la vida, lo voy a bendecir. Dice: “Todos los habitantes de la tierra alaben a Dios,” como diciendo: “estamos de acuerdo contigo, estamos bendecidos, estamos cantando con todo lo que somos y con todo lo que tenemos”. Eso es algo que es contagioso, te levanta el ánimo, te hace bien a ti, cambia la actitud con la que entraste.

 

 

La segunda cosa es servir al Señor con alegría. ¿Cuántos saben que hay mucha gente que sirve y a veces no tienen el gozo que va con el servicio? Voy a muchos lugares y en ellos hay muchos servidores. En todos hay diferentes formas de servir. Una vez fui a un lugar y no me fueron a buscar al aeropuerto, entonces me fui en taxi, no me dio tiempo de ir a cambiarme, hasta con una gorra en la cabeza llegué, le di maleta a un servidor y la metió en un cuarto. Entré en un momento de adoración, y pensé que era la oportunidad para posicionarme al frente sin llamar la atención. Y cuando me disponía a pasar por un lado,  una servidora me sacó la mano, casi me desnuca y me hizo señas que no pasara. Yo le traté de hablar y me dijo: “Shh… que estamos adorando a Dios”. Y, bueno, me puse a adorar a Dios. Luego, traté de pasar y sentí que me agarraron. Yo le dije: “Necesito llegar al frente”. Ella me dijo que nadie pasaba por ahí porque no se permitían las gorras. Cuando hicieron el llamado para los que querían recibir a Cristo, dije: “Aquí aprovecho a pasar”. Y me ubiqué hasta el frente. Luego vino la servidora y se disculpó, diciendo: “Yo no sabía que usted era el predicador”.

 

Sirve a Dios con gozo, con alegría. El servicio debe de traer placer, satisfacción y gozo a tu vida. Hay gente que sirve al pastor, quiere la aprobación de todos, pero tú debes servir al Señor. Si tu corazón está para servir a Dios, terminas sirviendo a todo el mundo. Pero si le quieres servir al pueblo y no a Dios, terminas frustrado. El pueblo no siempre te dice “gracias”, ni te lo reconocen. Si lo que buscas es que reconozcan tu trabajo, te vas a frustrar. Pero Dios sí sabe lo que haces, lleva la cuenta cómo va.

 

Una vez en una clase del instituto bíblico alguien dijo: “Maestro, ¿usted va hacer la clase con nosotros?”. La clase era de servir y la tarea era que cada uno buscara a alguien a quién pudiera servir y algo que pudieran hacer por alguien más. Yo les dije que les iba a lustrar los zapatos a todos durante esa semana. Después dije: “Les voy a  comprar a las muchachas zapatos nuevos,” porque a ellas les gustan. Nunca tienen suficientes.

 

Tienes que servir a Dios con gozo, con felicidad, con todo lo que hay en tu corazón. La tercera cosa es venir ante su presencia con regocijo. La gente cree que eso es sólo sonreír, pero tiene que ver con todo lo que es, toda la alegría que puedes tener adentro. Un amigo  se ganó un carro, estábamos en un juego de fútbol americano y llamaron el número de su boleto. El dijo: “Soy yo,” y corrió hacia adelante como un loco. Había tres llaves y tres personas. El primero entró y no le sirvió la llave, igual el segundo. Pero él antes de ver si abría la de él, hizo un baile, se tiró en el piso y cuando hizo ruido, se ganó un carro nuevo. Nunca había visto a ese hombre tan feliz como ese día.

 

Ustedes son bendecidos de pertenecer a una congregación donde está el mover de Dios, la presencia de Dios, donde El está haciendo muchas cosas. Una congregación grande no tiene la garantía que la presencia de Dios esté ahí, pero una congregación donde esté la presencia de Dios, aunque sea pequeña, siempre llegará más gente porque lo que andan buscando es un cambio en su vida. Ustedes son bendecidos aquí porque está la presencia de Dios. Ven con regocijo y suéltate, deja que Dios sea lo primero en tu vida, que El obre. Es muy importante que ustedes reconozcan eso.

 

Hace poco, estuve en una ciudad, y el pastor me llevó y mostró todo lo que tiene, y al final me dijo: “Dime qué es lo que piensas”. Hubiera deseado que no me preguntara eso, y respondí: “Esto sería una maravilla si estuviera la presencia de Dios aquí. Tienen todo, pero le tienen que subir el volumen a la presencia de Dios”. A ustedes, quítenles todo, pero tienen la presencia de Dios. ¡Ustedes están bendecidos! ¡Vengan con regocijo!

 

Cuando entras por esa puerta, tienes que saber que está el potencial, que cualquier cosa cambia, tus luchas, tus  batallas, tu vida, tu destino; todo puede cambiar porque estás en un lugar donde está el Señor. Reconocer que El es el Señor, que es Dios, el saber que es nuestro hacedor, que somos pueblo suyo, que podemos entrar por sus puertas con acción de gracias, no hay nada como eso. Somos un pueblo bendecido y no hay ningún nivel en este camino donde llegas y dices: “No necesito más nada, lo tengo todo”. Aquí todos los días, Dios te invita a estar más cerca, a conocerlo más, para que te puedas parar y decir: “Hoy conozco a Dios un poco más que ayer”.

 

Yo te invito a que digas: “Yo quiero conocerte más, quiero más de ti. Donde me ha faltado gratitud, gozo, quiero alegrarme; donde he tomado por hecho y algo ligero la bendición de este lugar, de donde me has sembrado y colocado. Perdóname y déjame ser un hombre y una mujer eternamente agradecido contigo, lleno de fe y de felicidad.

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