La tercera opción

Escoge siempre la mejor opción, la de creer en el Señor y obedecer Sus instrucciones, por sencillas que parezcan.

La tercera opción

Cuando Moisés sacó al pueblo de Egipto, llegaron hasta el Mar Rojo y vieron que el ejército enemigo los seguía. Seguramente en ese momento, Moisés comenzó a evaluar sus opciones. Tenía dos: pedirle a más de dos millones de personas que nadaran hasta la otra orilla o buscar armas para luchar contra sus perseguidores. Pero clamó a Dios, quien le dio una tercera opción: levantar las manos y ordenar al mar que se abriera para darles paso1. Sus primeras dos opciones prácticamente los llevaban a la muerte. Sin embargo, la tercera opción, la que dio el Señor, era más sencilla de ejecutar, pero también más difícil de creer.

Ante las situaciones que enfrentamos, debemos clamar como Moisés lo hizo, debemos decirle al Señor: “Reconozco que hay soluciones que ignoro, pero dime qué debo hacer y lo haré”. La Palabra nos dice que si clamamos al Señor, Él nos enseñará lo que no conocemos. Si la respuesta es que no es tiempo de clamar sino de actuar, ya sabremos qué hacer. Notemos que en ese tiempo no había ningún antecedente de que el mar podía abrirse, así que no esperes un antecedente frente a la instrucción que recibes de Dios, ya que Él puede darte una nueva fórmula para resolver alguna situación imposible. No olvides que ¡Dios es especialista en imposibles!

En la situación de Moisés, ¿qué era más fácil? ¿Cruzar el mar nadando o levantar las manos y confiar? Claro que levantar las manos, pero, ¿qué opción era más difícil de creer? ¡También levantar las manos! Entonces, podemos ver que las soluciones que Dios da son fáciles de ejecutar, pero difíciles de creer porque necesitamos fe para vencer nuestra razón y pensar que todo es posible por sencillo o ridículo que parezca.

Dios nos ofrece formas fáciles de resolver los problemas, pero buscamos lo complicado porque nos cuesta creer. Para echar fuera demonios solo debes decir: “Fuera en el nombre de Jesús”, eso es todo, créelo y lo lograrás. Dios nos dio la cabeza para pensar, pero nada sustituye la fe del corazón para creer que el Señor puede hacer lo imposible. Claro que debemos prepararnos y educarnos, sin embargo, no pretendas que tu razón sustituya tu fe. Si tu situación está complicada, es momento de simplificarla con fe en que lo imposible puede suceder.

La mujer que padecía de flujo de sangre nos enseña que para tener fe debemos oír, porque cuando ella escuchó sobre Jesús lo buscó para que la sanara. En este caso, tampoco había antecedente de que al tocar la ropa de Jesús alguien podía sanar, pero ella no pensó en eso, sino que cansada en haber intentado todo, se dejó convencer por la fe en lo imposible. Escucha la Palabra el Señor, especialmente la que motiva tu fe porque así es como el justo vive. Esta mujer ya había superado la parte difícil: buscar sanidad durante doce años, así que solo le quedaba hacer lo más fácil: tocar el manto de Jesús. Claro que eso requería fe y creer no es fácil, pero lo hizo y sanó2. Tal vez te darás cuenta de que la solución a tu problema ha pasado frente a tus ojos y no la has visto, porque es tan fácil que ¡no la crees! Jesús nunca le complicó nada a nadie. Para recibir bendición, las personas solo debían creer que lo sencillo o ridículo era efectivo. Si tu fe no ha dado resultado es porque ¡aún no has creído de verdad! Acércate a Él con fe y verás que todo cambiará.

Para Dios no hay situación imposible de solucionar. Otro ejemplo es el del padre que se acercó a Jesús para pedir que liberara a su hijo del demonio que lo torturaba y que le ayudara a creer3 . Proclama ahora que ningún demonio, ninguna adicción o pecado esclavizará a tus hijos. Si crees que es imposible, seguramente tu nivel de fe no es suficiente, porque no escuchas suficiente Palabra de Dios y necesitas acercarte más a Él para que tu confianza sea plena. Al nacer de nuevo en el Señor verás que recibes fuerzas para persistir en lograr lo bueno que anhelas. Te harás especialista en la santa terquedad de insistir por tu milagro hasta que sea hecho.

Si leemos el antecedente de esta historia, vemos que el padre del endemoniado fue primero con los discípulos de Jesús, pero como ellos no pudieron ayudarlo, se acercó al Señor4, quien pudo decirle que no dudara porque hablaba con el Señor de señores y Rey de reyes, Hijo de Dios todopoderoso. Jesús nos dice lo mismo ahora: “Puedo hacerlo todo si tú puedes creer que al hacer cosas fáciles obtendrás grandes logros”.

Este padre que pedía por su hijo se acercó a Jesús preguntando si podía hacer “algo”, pero Él podía hacerlo “todo”. No tengas fe para algo, sino para todo. No creas solo en tu sanidad, sino en tu prosperidad, en la restauración de tu hogar, ¡en la felicidad de tus generaciones! Ese es el nivel de fe que Dios quiere ver en nosotros. Entonces, vemos dos casos, el de la mujer que dijo: “Si tan solo toco su manto…” y el del padre que dijo: “Si Tú puedes hacer algo…”. Ella confesó que era posible, él confesó que esperaba que fuera posible. ¿Ves la diferencia? Está en ti que Dios haga algo, porque Él quiere hacerlo, pero eres tú quien desata la bendición al creer y confesar que lo imposible será hecho. Jesús puede hacer todo si tú puedes creer que así será.

En la vida pueden fallarte tus padres, tus hermanos, tu esposo, tu socio, tus amigos o compañeros, pero Jesús no falla. Olvídate de los fracasos porque el Señor puede hacerlo todo, si le demuestras que crees con el corazón. ¡No te des por vencido, date por vencedor! Dile: “Yo sé que Tú puedes obrar maravillas en mi vida”. Entrégale tu vida para que la fe en Su amor y misericordia crezcan al nivel necesario para ver cómo Él te levantará y te llevará a nuevas alturas. ¡Él siempre te dará la mejor opción!

Versículos de referencia

1 Éxodo 14:15-16 comparte: Entonces Jehová dijo a Moisés:¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen. Y tú alza tu vara, y extiende tu mano sobre el mar, y divídelo, y entren los hijos de Israel por en medio del mar, en seco.

2 Marcos 5:24-29 explica: Fue, pues, con él; y le seguía una gran multitud, y le apretaban. Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre, y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor, cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto. Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva. Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote.

3 Marcos 9:21-24 cuenta: Jesús preguntó al padre:¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él dijo: Desde niño. Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos. Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad.

4 En Marcos 9:17-18 leemos:  Y respondiendo uno de la multitud, dijo: Maestro, traje a ti mi hijo, que tiene un espíritu mudo, el cual, dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que lo echasen fuera, y no pudieron.


 

 

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