Vivir demanda sabiduría

Ser sabio significa aplicar nuestro conocimiento para tomar buenas decisiones.

Vivir demanda sabiduría

Cuando Sonia y yo preparábamos nuestra boda y buscábamos los muebles para nuestra casa, mamá nos dio un consejo: “Compren una cama pequeña porque así los pleitos duran poco”. ¡Qué sabiduría! Efectivamente, aunque la pareja esté molesta, la proximidad que provoca una cama pequeña hace que se busque rápidamente la reconciliación. 

Hay que adquirir sabiduría para relacionarnos, para administrar, para gobernar y para tomar decisiones conforme a la moral. Todos tenemos la capacidad para ser sabios, así que no llames tonto a nadie, porque Dios ha creado solamente personas inteligentes, capaces de aprender. 

La sabiduría es indispensable para la vida. Por fe es posible alcanzar grandes objetivos que podrían estropearse por falta de sabiduría. He visto muchos milagros de sanidad que luego se pierden porque no hubo sabiduría para cuidar la salud que se recibió. Aprendamos a ser sabios para retener nuestras promesas cumplidas.

La sabiduría se fundamenta en el respeto y el temor de Dios, por lo que el punto de partida para ser sabios es reconocer que nos hace falta el entendimiento que debemos pedir al Señor. Lo contrario a la sabiduría es la necedad, la insensatez y la estupidez. También es importante descubrir que debemos pedir la sabiduría específica para el momento que vivimos. Pídela para restaurar tu matrimonio, para comprender a tus hijos o sacar adelante tu empresa, ya que la sabiduría no es algo abstracto, sino un don que debe aplicarse en situaciones concretas. Salomón, por ejemplo, pidió sabiduría especialmente para gobernar. Otro aspecto relevante es aprender a buscarla y encontrarla porque está en todo lugar. Incluso los necios, según la Palabra, ¡pueden mostrar sabiduría cuando callan! Así que debemos buscarla e imitar la conducta de quien la tiene.

La sabiduría impone orden y como consecuencia, trae paz. Por eso es tan importante adquirirla. Solo los necios buscan contienda. Toda situación de la vida demanda sabiduría, tanto luchar por una posición o promoción, como mantenerse en ese puesto privilegiado. Porque ser sabio no es “saber mucho” sino aplicar ese conocimiento para decidir correctamente. Por ejemplo, todos sabemos las propiedades del fuego, pero ese conocimiento no nos hace sabios. Lo que realmente nos hace personas sabias es tomar buenas decisiones para utilizarlo de la forma correcta. El Señor espera que seamos sabios y lo demostremos al tomar buenas decisiones en todo momento.

Jesús relaciona la sabiduría con la posibilidad de ser Sus discípulos. Lo primero que indica es que el amor a Dios debe ser tan grande que el sentimiento por los demás podría parecer aborrecimiento. Además debemos ser capaces de tomar “nuestra cruz”, es decir, ser valientes y asumir nuestras responsabilidades1

Su Palabra es hermosa porque desafía nuestro discernimiento, nos reta a ser sabios y nos cautiva para que la leamos una y otra vez, hasta que Su presencia invada nuestras vidas. Él espera que demostremos sabiduría al planificar nuestras acciones, por eso habla de calcular antes de construir y pensar en la estrategia antes de la batalla. Porque quien no calcula y planifica, demuestra que lo único que posee es necedad2. Jesús dice que solo quienes renuncien a la necedad e insensatez que tienen, y demuestren ser sabios, podrán ser Sus discípulos3. Nuestra fe y sabiduría debe reflejarse en los resultados que obtenemos en la vida. En otras palabras, es como si Jesús dijera: “No podrá ser Mi discípulo aquel que no acepte dejar la necedad”. Si quieres ser discípulo del Señor, debes buscar sabiduría para tomar buenas decisiones.

Insisto en enfatizar que sabiduría no es “lo que sabemos”, sino “lo que hacemos con lo que sabemos”. Sabiduría es aplicar correctamente el conocimiento que poseo. De nada sirve tener mucho conocimiento si no lo ponemos en práctica para beneficiar a quienes nos rodean. Por ello, las personas que sirven al Señor deben ser sabias y llenas del Espíritu Santo. En el ministerio debe haber unción y milagros, pero también sabiduría para administrarlos4.

Así que debemos fortalecernos en cuerpo y en espíritu, tal como Jesús lo hizo desde niño. Además, debemos aprender y crecer en sabiduría5. No esperes a ser anciano para ser sabio, no sabemos cuánto viviremos así que debes ser sabio ¡ahora! La vida demanda sabiduría en todo tiempo y edad. A veces crecemos en edad, pero no en sabiduría y nos encontramos con un saldo negativo que debemos equilibrar. Nuestra vida continúa, el tiempo no se detiene, cada día somos un poco más viejos, así que debemos dedicarnos a crecer en sabiduría. 

Isaías profetizó que Jesús crecería en sabiduría, porque aprendería a escoger lo bueno y a desechar lo malo6. Sabiduría es elegir lo correcto.  No es solamente saber algo, sino hacer algo, lo bueno. Si sabemos que la grasa es dañina debemos desecharla, pero como es agradable al paladar, nos dejamos llevar por nuestros sentidos y escogemos lo malo, aunque nos hará daño. Tendemos a sustituir lo bueno por lo agradable o placentero. ¡Eso es necedad! Aprende a ser sabio y a escoger siempre lo bueno, lo santo y lo correcto.

Los tesoros de la sabiduría están en Jesús, el único por quien debemos dejarnos persuadir7. La necedad crece cuando nos negamos a hacer lo correcto, por el contrario, la sabiduría crece cuando sometemos nuestra voluntad y hacemos lo correcto. Preocúpate por adquirir sabiduría todos los días a través de la experiencia. Esa es la única forma de combatir la necedad. Antes de tomar una decisión, evalúa si te hará más necio o más sabio. Pídele al Señor que te ayude a crecer en Su sabiduría para afrontar la vida con buen juicio. Prométele que tomarás las decisiones que te hagan sabio porque anhelas ser Su discípulo amado y vivir disfrutando de Sus bendiciones.

 

 
1 Lucas 14:25-27: Jesús nos da la clave para ser Sus discípulos: Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo
 
2 Luca 14:28-32: Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz.
 
3 En Lucas 14:33: Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.
 
4 Hechos 6:3 aconseja: Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo.
 
5 Lucas 2:40 dice sobre Jesús: Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él.
Luego, Lucas 2:52 continúa diciendo: Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.
 
6 Isaías 7:14-15 nos explica que las experiencias adquiridas ayudan a adquirir sabiduría: Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel. Comerá mantequilla y miel, hasta que sepa desechar lo malo y escoger lo bueno.
 
7 Colosenses 2:3-4 dice sobre Jesús: en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento. Y esto lo digo para que nadie os engañe con palabras persuasivas.
 

 

 

 

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