La sazón de la fe

Ten paciencia y no temas sufrir vergüenza al creer y luchar por alcanzar las promesas del Señor.

La sazón de la fe

Necesitamos valor para usar la fe. Con frecuencia escucho a las personas lamentarse por lo que no emprendieron porque les faltó valor para hacerlo. ¡Anímate!, solo tenemos una vida en la tierra para esforzarnos y creer por alcanzar nuestros sueños. Claro que tenemos fe, lo que nos falta es el valor para usarla. Recuerda que una cosa es la fe y otra es usarla en la acción de creer por lo que deseamos lograr; como una cosa es tener piernas y otra diferente es usarlas para caminar. Así como tener mente es diferente a pensar. Los cristianos debemos hablar y proclamar, pero también hacer y poner en práctica. ¿Te pasarás la vida viendo cómo otros hacen algo o serás de los que hacen cosas que otros pueden ver? Tú decides si eres espectador o protagonista de las proezas que Dios nos ha prometido que lograremos. 

Hemos visto la fe de varias personas de las que habla la Biblia. La mujer cananea que finalmente obtuvo su milagro por la insistencia y el valor que demostró, y el centurión quien tuvo los pantalones de utilizar su fe casi abusiva, para tomar la autoridad de enviar por el Señor para pedirle que sanara a su sirviente. Ante estas muestras de fe, nosotros, siendo hijos de Dios y coherederos del Reino, deberíamos tener la convicción para levantar las manos al cielo y pedir lo que necesitamos y soñamos. Si no lo haces es porque todavía no te crees hijo y merecedor de Sus promesas. Pídele al Señor con confianza, no solo para que desaparezcan tus pesadillas sino también para que puedas lograr lo que sueñas. Porque nuestro Padre se complace al ver que confiamos en Su amor en todo momento, no solo ante la necesidad. Cambia tus creencias para renovar tu oración, lo que mejorará tus resultados y tu entorno.

Cada quién con su medida de fe
Romanos 12:3aconseja: Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.

Dios nos ha dado una medida de fe única para que, en primer lugar, creamos en nosotros mismos y en las capacidades que nos ha dado. Abraham tuvo que creer en su fuerza física para procrear con Sara a pesar de que ambos eran personas de avanzada edad. Para ejercer nuestra fe con valor, debemos convencernos de que Dios nos creó únicos y que estamos hechos a la medida de los retos que enfrentaremos. No hay problema que no puedas enfrentar porque nuestro Padre te ha dotado de la medida de fe exacta para salir adelante. Por ejemplo, Él me creó para ser predicador, tengo las capacidades para enfrentar los retos que se presentan, pero definitivamente no tengo las habilidades ni constitución física para ser un jugador de basquetbol. Lo mismo sucede con cada uno, así que todos podemos superar las dificultades que enfrentamos. Somos únicos, por eso aparecen constantemente nuevas ideas y proyectos, por eso hay tantas razas y culturas diferentes, cada una con sus rasgos, estilos y costumbres. No desesperes porque tienes la medida de fe y las capacidades para la medida de los retos, desafíos y problemas que enfrentarás.

Cada uno con sus retos
Lucas 22:31-32 relata: Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.

Jesús le habló a Simón sobre la tentación que este discípulo enfrentaría. Le dijo que sería zarandeado porque, de hecho, el nombre “Simón” significa “junquillo llevado por el viento”. Esto nos revela que Satanás puede tentarte si le das la materia prima. Simón era inestable, por eso, el diablo pudo zarandearlo. Pero Jesús lo sabía, por eso le dijo que rogaba porque su fe personal no faltara, ya que era esa medida única de fe la que lo haría superar el reto de volver y confirmar a sus hermanos. La medida de fe que le había dado a Pedro era justo la que necesitaba para superar ese momento y convertirse en el gran apóstol que conocemos. Cuando se tiene fe ni el pecado puede detenerte. ¡Sigue adelante! Confía en Jesucristo quien no te condena, Él está para perdonarte y ruega para que tu fe no falte. No somos perfectos, enfrentamos tentaciones, pero si caes en pecado, no abandones la iglesia ni al Señor porque la medida que te dio es justo la que necesitas para salir adelante. 

Todos los hombres y mujeres de los que habla la Biblia tuvieron la medida de fe para superar sus propios desafíos. Noé tuvo fe para construir un arca, no para tener un hijo como sucedió con Abraham. Solamente David necesitó la fe para vencer a Goliat. Nadie más que Nehemías requería de la fe para reconstruir los muros de la ciudad. Tú necesitas tu propia fe para ese desafío personal. Activa tu fe para encontrar cómo resolver cada situación. La mente es como un panal con pequeñas divisiones, cada espacio está encendido o apagado, cuando dices “creo que se puede” la mente se enciende y comienza a buscar la solución. Cuando Alva Edison dijo que se podía crear un bombillo eléctrico, su mente comenzó a trabajar hasta que lo logró. Mucha gente será bendecida cuando creas que se puede lograr lo que te propones. Quienes tienen fe son más creativos y exitosos ya que piensan de forma distinta, retan a la razón y se enfocan en encontrar soluciones para lograr lo que visualizan. ¡La fe es energía pura que debemos usar para alcanzar nuestras metas!

Paciencia que sazona la fe

Hebreos 6:11-12 explica: Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza, a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.

Cada persona de las que habla la Biblia tuvo fe, pero también tuvieron la paciencia para esforzarse por alcanzar la meta. Sabemos que paciencia es la capacidad de esperar hasta obtener lo que hemos creído. Noé creyó y también tuvo paciencia para construir un arca durante mucho tiempo. Abraham también tuvo paciencia para intentar por años engendrar el hijo que sería la semilla de su descendencia. José fue paciente y enfrentó la esclavitud, la cárcel y la deshonra hasta que llegó a ser el hombre más influyente en Egipto. Las promesas se obtienen con fe y paciencia. La fe se sazona con paciencia que genera esperanza que no avergüenza. A veces tenemos fe, creemos que se puede, nos ponemos los pantalones, pero luego no tenemos la paciencia suficiente para que el sueño se logre. Queremos resultados inmediatos porque nos ahogamos en problemas. Entonces, usamos la fe para el momento de dificultad, pero no para el proceso de lograr lo que anhelamos. Debemos tener fe para superar los problemas y también para realizar nuestros sueños aunque esto tome tiempo. 

La paciencia es como la sazón de la comida típica de cada país. En Guatemala tenemos una cantidad impresionante de platos regionales y lo mismo sucede en cada lugar. Todos estamos orgullosos de ello. Tal vez en otros países no lo aprecien, pero nosotros sí. Como hijos de Dios tenemos nuestra sazón: la fe y la paciencia. Creemos que si oramos los enfermos sanan, creemos en sembrar para cosechar, creemos en la conversión del corazón a Jesucristo. Quizá para otros es una mala sazón, pero para nosotros es la mejor. ¡Qué importa lo que otros piensen si para nosotros es la verdad! Las pruebas que enfrentamos nos mueven a la paciencia, que sumada a la fe, nos hacen herederos de las promesas de nuestro Padre.

La vergüenza es el riesgo de la fe
Romanos 4:17-19 versión Dios habla hoy dice:  Te he puesto por padre de muchas gentes delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen. El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia. Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto, siendo de casi cien años, o la esterilidad de la matriz de Sara.

La Biblia dice que la esperanza no avergüenza. La sazón de la fe es la paciencia y el riesgo es la vergüenza. No te arriesgas a tener fe por evitar la vergüenza, pero en la Escritura, la gente creyó y se arriesgó. ¿Qué hubiera pasado si al terminar el arca no llueve? ¿Qué hubiera hecho Josué si luego de darle la vuelta a Jericó durante siete días, los muros no caen? ¿Qué hubiera pasado con Abraham si después de anunciarlo tanto, no llega el hijo que esperaba? Seguro hubieran hecho el ridículo, pero se arriesgaron por fe. Moisés prefirió el vituperio, la vergüenza y el rechazo, antes que vivir con Faraón. Jesucristo sufrió el oprobio, pasó por el sufrimiento en la cruz para salvarnos con Su sangre preciosa. Pero al tercer día se acabó la vergüenza y vino la gloria.

Jesús es el autor y consumador de la fe, y a cada quien le dio una  medida de fe única. Cuando usas tu fe y tu paciencia, te arriesgas a pasar vergüenza, pero debe intentarlo. La vida es un riesgo, incluso al nacer te arriesgaste porque no sabías quienes eran tus padres, pero sobreviviste porque era la voluntad de Dios, quien te dio la fe. Ten paciencia, no tengas pena de ser avergonzado por tu fe. Cuando organizamos las cruzadas de sanidad tenemos fe y paciencia, no pienso en la vergüenza que pasaré si los milagros no suceden porque confío en la promesa del Señor. La Biblia dice que Dios no dejará avergonzados a aquellos que en Él confían. ¡Asume tus riesgos! Dios no te dejará solo, siempre estará contigo. Nuestro Padre quiso contar la historia de las personas que creyeron en Él para que nosotros tomáramos ejemplo y confiáramos de la misma forma. Cree y ten paciencia porque tu historia se contará como ejemplo de la fe que logra proezas en el Señor.
 

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