Con la fe y los pantalones bien puestos

Poner en práctica nuestra fe requiere decisión, carácter y valor.

Con la fe y los pantalones bien puestos

En la guerra se dice que de nada sirven las armas si no se saben usar. Lo mismo sucede en el plano espiritual, ya que de nada sirve decir que creemos en las promesas del Señor, si no tenemos el valor para enfrentar las situaciones y provocar que Sus planes se cumplan. 

Hemos leído muchas veces lo que Hebreos 11 enseña, pero es importante revisar varios aspectos que nos hablan sobre la fe. Primero, leemos que Dios es galardonador de los que le buscan, así que una forma de demostrar que lo buscamos es alcanzar esos galardones. En nuestra relación con Dios hay dos testimonios, el nuestro que habla sobre lo que Él ha obrado en nuestras vidas y el del Señor que habla de lo que Él ha visto y le agrada. En el caso de Abel, dice que Dios da buen testimonio de su ofrenda porque fue excelente. Lo mismo sucede con todos estos hombres y mujeres de los que habla Hebreos 111. Debemos presentar testimonio de fe para que Él ofrezca el Suyo, que no es más que la gracia que hallamos en todo lo que hacemos. Por ejemplo, cuando entregas tu vida a Su servicio y lo honras, siempre encontrarás favor ante otros que incluso te dirán: “No sé porqué, pero quiero hacer negocios con usted”.

Es fácil decir que vives por la fe en la vida eterna, pero es difícil declarar que crees en aquello que Dios ha prometido que lograrás en la tierra. Sin embargo, esa es la fe que debemos hacer realidad, ya que es la única forma de agradar a Dios. Cada día de tu vida debes demostrar tu fe, no solamente cuando te dan el aumento que esperabas, sino también cuando el día amanece nublado y no tienes ganas de levantarte.

Hebreos 11 habla de Noé, quien alcanzó justicia al construir el arca por fe. Ahora muchos podrían decir que hubieran participado, pero realmente es difícil saberlo, si no son capaces de enfrentarse a las dificultades y retos del día a día. Antes de decir que hubieras creído en un loco que construía un enorme barco, demuestra que eres capaz de arriesgarte por creer que Dios desea que seas feliz con tu familia y te respeten porque haces un excelente trabajo. Esas son las proezas que debes lograr ahora. ¡Es nuestra responsabilidad hacer que Sus promesas se cumplan!

¡Vaya fe la de Abraham que tomó a su esposa y salió de su tierra sin saber hacia dónde lo llevaría su amor por Dios! Y nosotros a veces caemos en la depresión absoluta cuando pasamos un mes sin trabajo y clamamos desesperados: “¡Dios me ha abandonado!” ¿Dónde está la fe que te levanta y te hace tocar puertas hasta que logras lo que deseas? El problema no es tener fe sino demostrarlo cuando vienen las dificultades, porque es en medio del desafío que ponemos a prueba nuestra fe y la hacemos crecer para lograr maravillas.

Y ¿qué sucede si llegas al final de tus días sin recibir lo que Dios te ha prometido? Pues así como Abraham, Isaac, Jacob y José, proclama a tu descendencia que ellos verán cumplidas las promesas porque Dios es fiel y no miente2. La fe es la mejor herencia que puedes dar a tus hijos. Esa fe que cambia tu estilo de vida, que te hace vivir expectante, renunciando a existir sin propósito. No tener expectativas es como estar muerto. Vivir por fe es disfrutar del presente y del futuro que forjamos con optimismo.

Hebreos también explica que quienes realmente tienen fe, piensan y hablan de lo que esperan y lo que recibirán, producto de su esfuerzo y confianza en Dios. No pierden el tiempo pensando en el pasado, sino que avanzan hacia el futuro3. ¡Pelea por tu porvenir, porque lo que viene será mejor!

Dios tiene preparados galardones para quienes se atreven a vivir por fe. Él no se avergüenza de nosotros y no nos abandonará porque, tal como a Abraham, nos ha prometido multiplicación. Y así como este valiente hombre, debemos aprender a creer y a ofrendar con amor. Quien recibe una promesa debe tener algo qué ofrecer de vuelta.

La fe también hace a un lado el temor. Por eso Moisés es recordado como el hombre que no tuvo miedo de la ira de Faraón y prefirió desechar las riquezas porque tenía la vista puesta en el galardón que Dios le prometió. Además, la fe nos distingue de quienes intentarán hacer las mismas proezas pero se ahogarán. Somos hijos de Dios y Su poder nos sustentará siempre.

Incluso una ramera, Rahab recibió galardón por su fe, ya que Dios da testimonio de ella en Hebreos 114 y Jesús proviene de su línea de descendencia. Ella creyó en el Dios de los israelitas y los ayudó a conquistar Jericó. Para vivir por fe se requiere valor y coraje. Como decimos en muchos países, se requiere tener bien puestos los pantalones porque no es fácil. Si no te has atrevido a emprender ese negocio, no es por falta de fe sino por orgullo y falta de valor. Dudas: “¿Qué dirán si fallo, qué pensarán?” Usar la fe implica ser humildes y aceptar que nos debemos a nuestro Padre. Cuando el pueblo era esclavo en Egipto, todos sabían que Dios los libertaría, pero solo uno tuvo los pantalones de plantarse frente a Faraón. David tuvo fe y también pantalones para enfrentarse a Goliat.

Al decir la Biblia que el reino de Dios sufre violencia y los violentos lo arrebatan, se refiere a quienes tienen el coraje y pelean por recibir lo que han creído. Dale gracias al Señor por la fe que te ha dado y asegúrale que le demostrarás que tienes los pantalones bien puestos para usarla en tus batallas. Dile: “Conquistaré reinos con la fe, el amor, el coraje y el valor que me has dado”.  

 

1 Hebreos 11:1-11 dice sobre la fe: Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos. Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía. Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella. Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios. Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido. 

2Hebreos 11:12-13 continúa hablando sobre la fe: Por lo cual también, de uno, y ése ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar. Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra.

3Hebreos11:14-29 comparte más aún: Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad. Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir. Por la fe bendijo Isaac a Jacob y a Esaú respecto a cosas venideras. Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyado sobre el extremo de su bordón. Por la fe José, al morir, mencionó la salida de los hijos de Israel, y dio mandamiento acerca de sus huesos. Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres por tres meses, porque le vieron niño hermoso, y no temieron el decreto del rey. Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón. Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible. Por la fe celebró la pascua y la aspersión de la sangre, para que el que destruía a los primogénitos no los tocase a ellos. Por la fe pasaron el Mar Rojo como por tierra seca; e intentando los egipcios hacer lo mismo, fueron ahogados. 

4 Hebreos 11:30-40 habla sobre otros héroes: Por la fe cayeron los muros de Jericó después de rodearlos siete días. Por la fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los desobedientes, habiendo recibido a los espías en paz. ¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas; que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros. Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; mas otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección. Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros. 

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