Seminario para la familia

La clave para una vida familiar feliz es amar, compartir, servir y ser buen cristiano.

Seminario para la familia

Tenemos miedo de amar y enfrentar las cosas ya que podemos salir heridos pero no hay mayor privilegio que amar. No debes tener miedo de amar y afrontar las dificultades del matrimonio.

Nuestra invitación de boda tenía el verso del libro de Cantares que habla de que nada podrá apagar el amor. El matrimonio debe ser todo terreno, como un auto de doble tracción que avanza incluso en los peores caminos. Pablo decía: “Quisiera que se queden solteros como yo para evitarles aflicciones”. El matrimonio es así, con cosas buenas y malas.

Mantener a una familia bajo un mismo techo requiere desarrollar las virtudes necesarias para vivir en paz.  La responsabilidad que entra por la puerta cuando se tienen hijos no debe sacar la pasión por la ventana.

No cuentes tus problemas conyugales a nadie o en todo caso solamente a personas que pueden aconsejarte bien como tus pastores y guías espirituales. Involucra a Dios en tu matrimonio, es tu Padre, es roca fuerte que te fundamenta.

1ra. Pedro 3:1 aconseja que la mujer debe sujetarse al marido. Sujeción o sometimiento significa estar bajo cobertura y protección. Es decir, estar con alguien que quiere protegerte y te dará instrucciones cuando hay peligro para salvarte la vida. Mujer, tu marido te lleva a un mejor nivel, es decir que si un hombre quiere tener una mejor mujer debe ser mejor hombre.

Sujeción no es estar bajo un hombre que da órdenes y no cumple las que le da el Señor. Si sabes que tienes hombre que obedece a Dios, sería vergüenza que tú no le obedezcas.  Sólo alguien que va por buen camino puede sujetar a otra persona. Las mujeres deben reconocer que son hijas de Sara que se sujetó, no de Eva que no se sujetó. Somos hijos del pacto de obediencia de Abraham y Sara, no del pacto de rebeldía de Adán y Eva.

Una de las etapas del amor es el egoísmo.  Al principio, durante el noviazgo, le dabas una flor, buscabas con qué complacerla. Ellas se preocupaban por tener algo para agradarte.  Luego entra la etapa del egoísmo porque ya no buscas qué ofrecer sino algo que recibir. Debes recapacitar y volver al primer amor en tu matrimonio, buscando dar, más que recibir.

Todo se puede revertir y corregir para bien. El matrimonio crece y supera etapas. También prospera económicamente pero alrededor de las finanzas hay mucho estrés.  Yo extraño cuando íbamos juntos al supermercado porque ella metía en la carreta y yo sacaba lo que estaba de más. Nuestra vida económica no era la de ahora. Hoy, gracias a Dios, tenemos mucho más que cuando nos casamos.

Juntos cumplimos nuestro sueño de comprar casa y créanme que es emocionante hacerlo unidos. Siento pena la generación de hoy que no se casan si no tienen todo. Cuando algo les falte se divorciarán porque el fundamento es lo material, no el amor. Aconseja a tus hijos que trabajen y tengan lo que desean pero que eso no debe definir su matrimonio.

Hay  que saber madurar  a la par del crecimiento económico. Es mejor comer caldo de berros contentos que  salmón en medio de un pleito. El amor no tiene que ver con las posesiones.  Dios quiere prosperarte y tu economía debe crecer con tu carácter.  Con mi familia hemos sido felices tanto en la casita alquilada como en la casa donde vivimos ahora.

El amor tiene que ver con la relación entre dos personas, que no te engañen las riquezas. Esposo, Dios te da riquezas para amar a tu mujer, no para manipularla. Si tienes dinero y no le has abierto una cuenta tu esposa, tienes miedo de amar o tienes miedo que no te amen y te controlen.  El miedo es enemigo del amor.

No hay parejas perfectas, sólo gente que hace lo correcto. La vida espiritual de la familia es la sumatorio de la vida espiritual de sus integrantes.  Para tener un buen matrimonio simplemente debes ser un buen cristiano y vivir la fe que se refleja en cualquier ámbito de tu vida. Si ambos son buenos cristianos, comprometidos y entregados al Señor, su unión da como resultado un buen matrimonio, no te compliques, esa es la solución. Debes ser hijo de Dios para ser buen cónyuge. Dale gracias al Señor por tu matrimonio, pon en práctica Sus Escrituras y pídele amor para compartir con tu familia. 

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