Permaneciendo en la vid

Unido al Señor recibirás todo el cuidado que necesitas para ser como uva que produce buen vino.

Permaneciendo en la vid
Juan 15:1 asegura: Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.


Hace unos años estuve en Chile, un país con una importante industria vinícola. Fue revelador conocer los viñedos porque viendo las plantas de cerca pude comprender mucho de lo que la Biblia intenta enseñarnos al hablar de la vid, las uvas y el vino. Los viñedos son plantas complejas y fructíferas. Son enredaderas que pueden llegar a crecer hasta 30 metros. Si se cuidan bien, si se limpian cuidadosamente, pueden durar muchos años y generar fruto abundante. Jesús es el arbolito, es decir, la vid. El Padre es el labrador y nosotros somos los pámpanos que tenemos la obligación de dar fruto. Las uvas producen vino que simboliza la unción del Espíritu Santo.

En este pasaje el Señor se dice la vid verdadera porque en el mundo estamos rodeados de “vides falsas” que intentan seducirnos y cambiar nuestro verdadero propósito. La vid es la plantita de donde cuelgan los pámpanos que producen las uvas. Un pámpano necesita estar conectado a la vid para dar fruto, de la misma forma que debemos estar unidos al Señor para vivir y fructificar. Nuestras fuerzas y motivación provienen de Dios no del mundo. Conozco fanáticos del fútbol que son capaces de todo por su equipo. Un amigo incluso estuvo dispuesto a renunciar a su trabajo por ver un partido. Así debemos apasionarnos por las cosas del Señor y ver en Él nuestro propósito y motivación para crecer y dar fruto. No veas en tu trabajo o en una relación sentimental tu motivación para vivir porque todo pasa, solamente el Señor, que es la vid verdadera, permanece.  Para ver maravillas sobrenaturales, debes ser pámpano unido a la vid verdadera que provee nutrientes.

Juan 1: 2-3 Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.

Nuestro propósito en la vida es estar junto a Jesús. Conocer ese propósito cambia nuestra perspectiva porque sabemos lo que se espera de nosotros y somos capaces de luchar por lograrlo. Debemos estar  convencidos de que somos uvas destinadas a producir vino de calidad que darán honra en una mesa bien servida.

La tierra en los viñedos es un tanto árida y seca. Entonces el labrador con sumo cuidado le quita las hojas al pámpano para que la uva se asolee y madure. Escogen para hacer vino solamente las uvas que han recibido sol y han pasado por el arduo proceso de concentrar su jugo en el interior. El Señor es el labrador que te limpia para que crezcas, te nutras y fructifiques.  

Mejor juntos que aislados

Juan 15: 4-5 advierte: Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.

Si estamos pegados a la vid, crecemos y producimos frutos de paz, benignidad y gozo. En el viñedo pude ver que el racimo de uvas permanece unido al pámpano con mucha dificultad porque la ramita que los conecta es pequeña. Más aún, cuando las uvas ya están grandes y gordas, cuando ya tienen la piel delgada porque la sustancia es mucha, es difícil estar todas pegaditas. Las uvas con la piel gruesa no sirven para hacer vino. Es necesario el calor del sol para que la piel se haga más delgada y toda la sustancia se concentre en el jugo.

Imagino que ha de ser incómodo. Cada racimo puede sujetar hasta 300 uvas que seguro quisiera tener más espacio para no sentirse tan apretadas. Así sucede a veces en la iglesia. Permanecer no es fácil pero es necesario. Busca servir aunque sientas que no tienes más espacio para crecer y permanecer. Mientras más apretado te sientas más cerca estás de la vendimia y de ver los frutos porque significa que has crecido, ya tienes sustancia.

Si la uva se cansa y sintiéndose muy apretada junto a las otras, se desprende del racimo buscando más espacio, caerá al suelo donde ya no servirá para nada, tendrá el espacio que deseaba pero no cumplirá su propósito porque la apartarán del camino o la aplastarán sin notarla. Hay momentos cuando sientes que las cosas se aprietan, vienen pruebas y dificultades para permanecer que luego se convierten en cosecha abundante.  

Cuando te expandes en conocimiento y sabor cerca de Dios, muchas veces hay tentaciones para no permanecer. Pero el Señor te recuerda que sin Él, nada puedes hacer.

Pedir todo

Juan 15:6- 7 continúa la enseñanza: El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.

Tu destino no es arder en el fuego como algo inservible. Estás hecho para ser constante, permanecer en el Señor y entonces poder pedir todo lo que deseas.  Nuestro Dios siempre ofrece recompensas y permanecer en Él tiene tres específicas. La primera es la capacidad de pedir.

En el viñedo que visité, fui testigo del cuidado con que se atiende a las uvas. Cuando se acercó una helada, rápidamente se organizaron para hacer fuego alrededor de la vid y mantenerla a buena temperatura. Si eres un pámpano que da fruto, puedes pedir agua, alimento y lo que necesites porque el labrador te lo dará.

Juan 15:8 promete: En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.

La unción es para todos y estamos llamados a ser Sus discípulos en nuestro diario vivir. Debemos permanecer en Él con la misma pasión de los fanáticos del futbol que celebran las victorias y en las derrotas de su equipo, se pintan la cara con los colores característicos y portan el uniforme con orgullo. Eres del equipo del Señor, ¡demuéstralo con constancia! Si lo haces, tus frutos serán abundantes y jugosos. Pero no seas como veleta al viento que “peca y empata”. Muchos creen que la misericordia de Dios es de juguete. Esfuérzate por estar conectado sin descanso. Una uva no puede desprenderse y luego volver a pegarse al racimo. Demuestra constancia en tu célula, en tu familia y en tu vida espiritual, de lo contrario, será difícil que puedas ver los frutos. Muchos se quejan porque la vida cristiana no les funcionó pero no se dan cuenta que su inconstancia es la razón del fracaso. La clave para el éxito es ser discípulo constante, escogido para dar mucho fruto y con el derecho de  pedir todo lo que quiera.  

Permanecer en el amor

Juan 15:9-10 continúa aconsejando: Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.

El amor es necesario en un racimo de uvas que viven pegaditas, rozándose y unidas al mismo racimo. Viviendo en comunidad, las ofensas son casi inevitables. Pero debemos permanecer en ese amor de Dios que nos caracteriza aunque a veces nos den ganas de salir corriendo. Cuando te asignaron a tu pareja de grupo seguramente dijiste “es el mejor” pero con el tiempo incluso puedes decir “ya no te soporto”. En ese caso, pide fuerzas al Señor para permanecer y trabajar con la mejor disposición.

Recuerda que el propósito no es ser una uva amontonada sino llegar a ser vino que honre. La uva que se queja es la que no sabe para qué está hecha. Entonces otra que sí sabe, podrá decirte que luego de esa apretazón serán arrancadas, machacadas y fermentadas para luego guardar su jugo en grandes barricas. Es mejor ser una uva convencida de su futuro de promesa. Sólo así, crecerás con ánimo, permanecerás pegado a la vid adquiriendo sustancia que luego servirá para dar honra al labrador.  No hay nada que los viñedos cuiden más que su nombre. Todos se enorgullecen del producto de su cosecha. Tú sabes a dónde perteneces y debes estar orgulloso de ser uva del viñedo del Señor porque no hay vino mejor que el Suyo.

Juan 15: 11: Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.

Existen dos gozos. El del labrador y el nuestro como frutos de la vid. No hay satisfacción más grande que lograr la conversión de alguien. Esa felicidad infinita es indescriptible porque sabemos que estamos cumpliendo con el objetivo para el que fuimos formados.  Hay un gozo cumplido cuando utilizamos lo que hemos recibido. Al liberar, sanar y convertir, cumplimos la voluntad del Padre y Su gozo se cumple en ti. El labrador se felicita por el buen vino producido y la uva se siente parte de una gran cosecha. La satisfacción y es tuya y la gloria y la honra son para el Señor. Es lindo permanecer en el servicio a Dios. Ante las dificultades, agárrate bien del racimo porque llegará el momento cuando pases de uva a vino.

Busca involucrarte en la iglesia y servir con dedicación. No estás completo si eres pámpano que no da fruto, convéncete de que eres uva para el mejor vino.

Amigos del Señor y conocedores de Su propósito

Juan 15:12-14 nos recuerda: Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.

Sólo el amor nos ayuda a permanecer. Tener amigos influyentes nos hace sentir importantes. Ser llamado y tratado como amigo de Dios es la segunda promesa para quienes permanezcan en Él y den fruto.

Juan 15: 15 dice sobre los amigos del Señor: Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.

El tercer beneficio de estar unido al Él es conocer Su propósito y permanecer con fe, convencidos de Sus promesas. Hay diferencia entre un siervo que no sabe el propósito de su trabajo y un amigo que conoce las intimidades y el pensamiento de labrador. Tener revelado el propósito abre las posibilidades y nos permite soñar con alcanzar lo que se nos ha prometido. Saber todos los secretos del Padre te permite vivir la fe en una dimensión sobrenatural que hace posible lo imposible.

Eres el elegido

Juan 15:16 habla sobre la elección del Señor: No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.

Él te ha escogido. Es el labrador que sembró la semilla y dio a Su único hijo para que tuvieras vida y seas pámpano que comparte el fruto. Todo lo que era perdición ahora es vida porque ha puesto Sus ojos en ti. Dios te seleccionó para que fueras vino del mejor. Créelo para vivir los beneficios de estar pegado a la vid.

Pídele que te ayude a ser constante y permanecer unido a Él para recibir lo que le pidas, ser Su amigo y conocer Sus más íntimos secretos. Recíbelo y encontrarás el sentido de tu vida y serás parte de Su selecta viña que produce vino de la mejor calidad.

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